Sunday, April 15, 2007


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LOS MENSAJES

 

DE LOS SABIOS

 

BRIAN WEISS

 

 

 

 

 

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Los Mensajes de los Sabios

 

Brian Weiss Digitalizador: @ Sandra H.

 

L-01 – 8/09/03

 

ÍNDICE

 

1. El comienzo

 

2. El ciclo de la vida

 

3. El regreso

 

4. La creación de relaciones de amor

 

5. La eliminación de obstáculos para la felicidad y la alegría

 

6. El poder curativo de la comprensión

 

7. El amor y la compasión

 

8. Cambiar el mundo

 

9. Encontrar la luz

 

10. Las personas que curan

 

11. Los profesores

 

12. Los videntes y los médiums

 

13. Mensajes extraordinarios

 

14. Salir de nosotros mismos

 

15. Dios y la religión

 

16. Encontrar el camino de casa

 

Apéndice A: Valores espirituales compartidos

 

Apéndice B: Ejercicios de meditación de mayor duración

 

AGRADECIMIENTOS AGRADECIMIENTOS

 

Mi esposa, Carole, es para mí una fuente constante de amor, apoyo y ánimo. No sé cómo expresar la

 

gratitud tan intensa que siento por ella. Gracias a Carole he escrito mis libros y he sido consciente de lo

 

maravilloso y extraordinario que es vivir la vida con un alma gemela.

 

Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a Joni Evans, mi agente literaria, que es una gran persona

 

con muchas aptitudes. Siempre es un placer trabajar con ella.

 

Estoy en deuda también con Jessica Papin y Tina Andreadis, de Warner Books. Jessica es mi editora, y sus

 

conocimientos y excelentes dotes literarias han sido de enorme ayuda para este libro. Tina ha hecho una labor

 

magistral al encargarse de la publicidad de todos mis libros. Le agradezco muchís imo su capacidad y

 

gentileza.

 

Quiero darle las gracias a Larry Krishbaum por llevarme a Warner Books. Su entusiasmo y su apoyo

 

significan mucho para mí.

 

Me dejo en el tintero a muchas otras personas. A todas ellas les estoy muy agradecido.

 

 

 

 

 

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EL COMIENZO EL COMIENZO

 

 Nuestra tarea es aprender, llegar a ser divinos a través del conocimiento. Sabemos tan pocas cosas…

 

Gracias al conocimiento nos acercamos a Dios, y entonces podemos descansar. Después volvemos para

 

enseñar y ayudar a los demás.

 

Considero necesarias unas palabras de presentación para quienes me lean por primera vez. He recorrido un

 

largo camino desde el día en que, médico de formación clásica, catedrático de psiquiatría y escéptico

 

empedernido, me di cuenta de que la vida humana es algo más maravillosa y más profunda de lo que me

 

había hecho creer incluso mi rigurosa formación médica.

 

Recibí una formación académica: me licencié por la Universidad de Columbia y después fui a la Facultad de

 

Medicina de la Universidad de Yale, donde además fui jefe de reside ntes de psiquiatría. He dado clases en

 

diversas facultades de medicina y durante once años dirigí el Departamento de Psiquiatría del Centro Médico

 

Monte Sinaí, en Miami Beach (Florida). Cuando conocí a Catherine, la paciente cuya historia se cuenta en mi

 

primer libro, Muchas vidas, muchos sabios, ya había publicado más de cuarenta trabajos científicos y

 

colaboraciones en libros, y había adquirido reconocimiento internacional en psicofarmacología y química

 

cerebral. No es de extrañar, pues, que fuera totalme nte escéptico respecto a campos «faltos de rigor

 

científico» como la parapsicología. No sabía nada sobre temas como las vidas anteriores o la reencarnación, ni

 

quería saberlo.

 

Y entonces entré en contacto, de forma repentina y sorprendente, con lo espiritu al, el «hemisferio derecho»,

 

lo no lineal. De modo inexplicable, Catherine empezó a revivir lo que parecían recuerdos de vidas anteriores.

 

De algún modo, todos sus síntomas clínicos mejoraron a través de ese proceso de regresión. Me quedé

 

atónito, pero al mismo tiempo empecé a descubrir la armonía existente entre ciencia e intuición.

 

Ese proceso se inició hace veinte años y, desde entonces, he llevado a más de dos mil pacientes a

 

experimentar regresiones a recuerdos perinatales, del útero materno o de vidas anteriores. Ya he escrito tres

 

libros sobre esas experiencias, que se han traducido a casi treinta idiomas.

 

Al centrarse mi trabajo en los temas de la reencarnación, la terapia de regresión a vidas anteriores y la

 

reunión de almas gemelas, me he convertid o en el gurú extraoficial de la reencarnación. Acepto de buen grado

 

ese calificativo, ya que creo que es cierto que nos reencarnamos hasta que aprendemos nuestras lecciones y

 

pasamos al siguiente peldaño. Además, como ya he señalado reiteradamente, existen considerables pruebas

 

históricas y médicas de que la reencarnación es una realidad.

 

No obstante, este libro, que refleja lo que les enseño en la actualidad a mis pacientes y a quienes asisten a

 

los actos en los que participo, trata de muchas más cosas que la reencarnación y la terapia de regresión.

 

Aunque son partes importantes del rompecabezas, hay también otras piezas importantes y es preciso

 

conocerlas todas, y además bien. He estudiado la labor de curanderos, médiums, videntes y demás personas

 

dedicadas a prácticas holísticas y alternativas, y he descubierto que existen otras vías para llegar al despertar

 

espiritual.

 

Este libro representa la culminación de veinte años de experiencia y estudios, no sólo sobre la

 

reencarnación, sino también dentro del mov imiento conocido como new age. Mi intención es recordarle lo que

 

son el amor y la alegría y enseñarle a incorporarlos a su vida ahora, cuando está en un estado físico. Con esta

 

obra aprenderá técnicas que le servirán para alcanzar niveles de paz y felicida d interiores de los que quizá

 

carezca su vida en este momento. Encontrará gran cantidad de material sobre la naturaleza del alma, la

 

inmortalidad y las escalas de valores. Se incluyen muchos consejos y técnicas prácticos para transformar la

 

vida, las relaciones, el estado de ánimo y el mental, la salud y el bienestar físico y el destino. El conocimiento

 

de las vidas anteriores no es necesario para alcanzar esos cambios positivos: lo más importante es la

 

comprensión. A medida que compren da su auténtica natu raleza y su verdadero propósito, su vida se irá

 

transformando de forma permanente, y entonces podrá empezar a cambiar el mundo.

 

Mi vida ha ido cambiando del mismo modo. Las vidas anteriores siguen siendo para mí un concepto y un

 

valor fundamentales, pero comprender, experimentar y expresar el amor, la alegría y la paz interior en mi vida

 

cotidiana se han convertido en cosas más importantes.

 

Le agradezco inmensamente a Catherine que entrara en mi consulta aquel día providencial y abriera mi

 

mente al concepto de las vidas anteriores, pues eso se convirtió en la vía de mi despertar personal, lo cual me

 

llevó al crecimiento y a la comprensión espirituales.

 

Un rasgo sorprendente e importante de las regresiones de Catherine era el canalizar o transmitir, estando

 

profundamente hipnotizada, información detallada y precisa procedente de fuentes de conocimiento

 

superiores. Ese material ha servido de inspiración para muchos miles de personas de todo el planeta y ha

 

transformado sus vidas. Catherine atribuía la fuente de esa sabiduría a los «Sabios», almas muy

 

evolucionadas sin forma física que le contaron «cosas sabias y maravillosas», que me fue transmitiendo. Tras

 

salir del estado hipnótico, Catherine recordaba muchos detalles de las vidas anteriores que acababa de

 

experimentar, pero nunca se acordaba de nada relacionado con su contacto con esos Sabios, ya que los

 

mensajes se transmitían a través de ella, pero no surgían de su memoria.

 

Cuando me escriben cartas o cuando hablo en público, la gente suele bombardearme con preguntas para

 

 

 

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saber si hay más mensajes de los Sabios.

 

-¿Se ha enterado de algo más?

 

-¿Qué cosas nuevas ha descubierto?

 

-¿Sigue en contacto con ellos?

 

La respuesta es afirmativa. Y está en este libro. A través de otros pacientes, de mis viajes y de mi

 

propia meditación, he descubierto muchas más cosas.

 

También ha quedado claro que tenemos que comprender con mayor profundidad lo que ya se nos ha

 

transmitido. Así pues, en este libro se reproducen en parte mensajes clave de mis libros anteriores. Aparecen

 

en cursiva al inicio de cada capítulo y en ocasiones intercalados en el texto.

 

Al ir entretejiendo lo viejo y lo nuevo me he dado cuenta de que se ha ido desvelando con delicadeza toda

 

una filosofía espiritual que se ha puesto en mis manos. En su núcleo está el amor. Creo que, como personas,

 

estamos preparados para adoptada.

 

Durante los últimos treinta años, sobre todo, hemos buscado la estabilidad a través de la recuperación de la

 

sabiduría antigua, como si la abrumadora cantidad de avances científicos y tecn ológicos de nuestros días nos

 

hubiera desequilibrado. Afortunadamente, también hemos depurado esa sabiduría antigua para descartar

 

supersticiones y mitos superados. Nuestra conciencia ha evolucionado por fin hasta aceptar esa sabiduría

 

filtrada de los siglos.

 

Nadamos en un mar de conciencia de new age, holística y espiritual, que parece haber desbordado las

 

presas de las antiguas creencias y de la conciencia restringida. Hay pruebas por todas partes. El new thought

 

se está convirtiendo en algo dominante.

 

El Instituto Nacional de Sanidad de Estados Unidos financia estudios sobre acupuntura, medicina naturista,

 

hipnosis y estados de conciencia alterados. Las mutuas cubren técnicas de curación alternativas y

 

complementarias. Las empresas de publicidad tradicion ales promueven productos comerciales con campañas

 

internacionales que se sirven de la reencarnación como arma de venta. Las películas y los programas de

 

televisión pregonan a los cuatro vientos temas de new age que llegan a millones de espectadores interesados.

 

¿Por qué sucede todo eso?

 

Durante cientos de años la gente ha creído de forma errónea que la tecnología, una vez desarrollada

 

plenamente, resolvería los males de la humanidad, que la ciencia indicaría el camino por el que salir del

 

bosque, por el que alejarse de la enfermedad, la pobreza, el sufrimiento y el dolor.

 

Hoy sabemos que, por sí solas, la tecnología y la ciencia son incapaces de resolver nuestros problemas. La

 

tecnología puede utilizarse para fines buenos o malos. Sólo cuando se emplea con i luminación, sabiduría y

 

equilibrio puede ayudarnos de verdad. Tenemos que encontrar el equilibrio adecuado.

 

El amor es la piedra sobre la que se basa ese equilibrio.

 

Cuando la gente tiene experiencias espirituales intensas, casi siempre se evoca la energía del amor. Esa

 

forma de amor es incondicional, absoluta e ilimitada. Es como un impulso de energía pura, una energía que

 

también posee atributos de gran fuerza, como la sabiduría, la compasión, la eternidad y la conciencia sublime.

 

El amor es la energía má s básica y dominante que existe. Es la esencia de nuestro ser y de nuestro universo.

 

El amor es el componente fundamental de la naturaleza que conecta y une todas las cosas, a todas las

 

personas.

 

El amor es más que un objetivo, más que un combustible, más que un ideal. El amor es nuestra naturaleza.

 

Es nuestra esencia.

 

Espero que este libro le enseñe a reconocer el amor, a cultivar y ampliar su experiencia de amor (en

 

especial para con usted mismo y en sus relaciones) y a manifestar e irradiar su amor a los demás. Gracias a

 

ello tendrá, de forma inevitable, más alegría, más salud y más felicidad en su vida.

 

El amor todo lo cura. En un futuro cercano algunos atributos de su energía se estudiarán científicamente, se

 

cuantificarán, se medirán y se comprenderán. Otros seguirán siendo misteriosos, ilimitados e incalculables.

 

Por fortuna, cuando la energía del amor se siente con profundidad, sus efectos curativos se experimentan

 

siempre, con independencia de si se mide o se comprende.

 

Los físicos saben que todo es energía. Las bombas nucleares se construyen según técnicas de

 

transformación y liberación de energía. La medicina naturista y la tradicional funcionan debido a

 

transformaciones de energía provocadas a nivel celular. Los resultados varían mucho, pero los me canismos

 

subyacentes son los mismos: transformaciones de energía.

 

La energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo

 

que sucede es que aún no hemos aprendido a aprovechar esa energía tan básica y pura. Cuando lo

 

consigamos, podrá darse una curación en todos los niveles, individual y planetaria.

 

Antes de escribir este libro he descrito la fenomenología, las características de diversas experiencias

 

metafísicas: la reencarnación, la naturaleza del alma, los curanderos y la curación, los hechos

 

parapsicológicos y los dones de los médiums, las experiencias cercanas a la muerte y post mortem, y la

 

increíble sabiduría de los seres que parecen existir en «el otro lado».

 

Ahora tiene la oportunidad de comprender y experimentar la energía común a todas esas experiencias,

 

fenómenos y seres, que los conecta. Al hacerlo, su vida se amplificará y mejorará, y podrá deshacerse de los

 

bloqueos y obstáculos que le impiden alcanzar la paz interior, la alegría y la felicidad.

 

Nuestras almas siempre se sienten atraídas hacia el amor. Cuando comprendamos de verdad el concepto

 

de que el amor es una energía que lo abarca todo y que su impulso curativo puede transformar con rapidez

 

 

 

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nuestros cuerpos, mentes y almas, superaremos nuestros dolores y males crónicos.

 

Unas palabras sobre este libro

 

Para este trayecto es vital pensar de forma lógica y racional. Aceptado todo sin reflexión, contemplación y

 

meditación sería tan insensato como rechazado todo del mismo modo. La ciencia es el a rte de observar

 

detenidamente con una mirada imparcial y sin prejuicios. Eso es lo que he intentado hacer. He conocido a

 

algunas personas de enormes aptitudes (videntes, médiums, curanderos y demás) y muchas más con pocas o

 

ninguna, que en su mayor parte s on oportunistas. He dedicado muchos años a aprender y aplicar el método

 

científico, y mi mente escéptica siempre está alerta y pasa todas mis experiencias por ese filtro científico, pero

 

también he tenido cuidado de no actuar con un exceso de celo. Una per sona o una experiencia pueden

 

desanimar, pero la siguiente puede ser realmente extraordinaria y no tiene que descartarse por lo sucedido

 

anteriormente.

 

He escrito este libro para devolver un poco de lo que se me ha entregado. He reflexionado sobre la posib le

 

importancia de otro libro. Al fin y al cabo ya he escrito tres, y en ellos hay mucho que digerir. Además, hoy se

 

ven libros de orientación espiritual por todas partes. ¿Qué puede aportar otro más?

 

La enseñanza es un proceso sumamente individual, me reco rdé, que depende del estilo, el ritmo, las

 

preferencias personales, los valores y tantos otros factores. Hay otras personas que, mediante libros o

 

seminarios o con su ejemplo, cuentan cosas parecidas, pero quizá de forma distinta. Aunque sólo haya una

 

verdad, para llegar a ella hay muchos caminos. Sin embargo, la respuesta es siempre la misma; la verdad no

 

ha cambiado.

 

Eso no quiere decir que un profesor sea mejor que los demás o que sus métodos y su filosofía sean

 

superiores. Son distintos, simplemente. Lo que a uno le funciona está bien, y lo que no le sirve le funcionará a

 

otro. Todos vamos a un mismo sitio.

 

La trayectoria que he seguido para comprender más cosas sobre nuestra naturaleza espiritual es fruto de

 

muchos años de arduo estudio académico que cu lminaron en mi formación médica, mi especialización

 

psiquiátrica y varias décadas de experiencias postacadémicas y estudios clínicos. Ésa ha sido mi trayectoria.

 

Otros pueden llegar a un estadio parecido gracias a una experiencia de gran fuerza, espontánea y

 

abrumadora, como por ejemplo un suceso cercano a la muerte. Y otros pueden alcanzar ese nivel con la

 

práctica de una única técnica, como la meditación, durante un largo período. Son otras trayectorias. Muchos

 

caminos llevan a la iluminación. Juntos podemos explorados.

 

Nuestras creencias pueden cambiar debido a la fuerza ya la inmediatez de la experiencia personal.

 

Empezamos a comprender algo cuando experimentamos su esencia. La creencia se convierte entonces en

 

saber.

 

No basta con leer sobre los concept os presentados aquí o confiar exclusivamente en las experiencias de los

 

demás, que se presentan como ejemplos o ilustraciones de los conceptos. Por consiguiente, a lo largo de todo

 

el libro se incluyen ejercicios y diversas técnicas para mejorar las experi encias propias, para ayudarle

 

directamente a cambiar.

 

Hace años que aconsejo a mis pacientes que escriban un diario de sus sueños, y que anoten en él lo que

 

recuerden al despertar. Con un poco de práctica mejora sensiblemente la memoria de los sueños. Cuan tos

 

más detalles se recuerdan y se registran, más fácil resulta analizar el sueño. Lo mismo puede decirse de la

 

meditación y la visualización. Al practicar esos ejercicios puede serie de utilidad anotar o escribir en forma de

 

diario sus pensamientos, senti mientos, observaciones y experiencias. Al igual que con los sueños, cuanto más

 

escriba más fácil le será recordar y procesar los detalles de sus experiencias.

 

A mí me ha resultado difícil practicar esas técnicas, así que puedo aconsejarle con conocimiento de causa

 

que no se sienta frustrado. El progreso puede parecer bastante lento. A veces me doy cuenta de que me dejo

 

llevar por la pereza y que durante varias semanas seguidas no practico la meditación. Sigo cayendo en las

 

rutinas de la vida y a veces me de jo dominar por el orgullo, la envidia o la inseguridad. Todos somos humanos

 

y la vida es dura. La frustración es una reacción normal y corriente. No somos una especie paciente.

 

Como ya he dicho, lo que importa es la dirección, no la velocidad. Si va evoluc ionando para convertirse en

 

una persona más cariñosa, más compasiva y menos violenta, es que ha tomado la dirección adecuada. Al

 

igual que yo, puede ser que se distraiga, que alguna vez se desvíe equivocadamente y que se pierda hasta

 

encontrar el camino de regreso. Tal vez le parezca que da dos pasos hacia adelante y luego uno hacia atrás,

 

pero no pasa nada. Así son las cosas cuando tenemos forma humana. La iluminación es un proceso lento y

 

arduo que requiere entrega y disciplina. Descansar de vez en cuando es absolutamente normal. En realidad no

 

es que retroceda, sino que consolida lo que ha conseguido y reposa.

 

El progreso no siempre es lineal. Puede que haya avanzado mucho en cuanto a caridad y compasión, pero

 

que le quede mucho también por hacer en relac ión con la ira y la paciencia. Es importante que no se juzgue. Si

 

no se juzga ni permite que los demás lo hagan, no se sentirá frustrado.

 

Las experiencias con las que se encontrará al ir leyendo este libro tienen como objetivo ayudarle en la

 

evolución para convertirse en un ser lleno de amor y alegría, movido por la no violencia y falto de miedos.

 

Dado que el progreso por el camino espiritual no es lineal, quizás algunos conceptos y ejercicios le parezcan

 

bastante fáciles y otros difíciles. Es normal.

 

 

 

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En mu chas ocasiones he tropezado, he recuperado la conciencia y he reemprendido mi camino.

 

Seguramente a usted también le habrá sucedido. Con este libro espero ayudarle a tropezar menos veces y a

 

recuperarse y a progresar con más facilidad. Estoy convencido de que, gracias a sus cartas y a las reacciones

 

y respuestas que me lleguen, los lectores me ayudarán del mismo modo.

 

Sin la contribución de los Sabios, este libro no se habría escrito nunca, ya que esas citas son peldaños que

 

ayudan a llegar a las ideas y lo s ejercicios que se presentan en los capítulos. Las ideas y los conceptos

 

contenidos en los mensajes son como semillas especiales que han crecido y madurado en mi mente a lo largo

 

de los años hasta convertirse en preciosas flores, que son las que ahora le ofrezco.

 

Las citas de los Sabios son también como las campanillas que hacen sonar los budistas para recordar que

 

tienen que dejar de divagar y regresar al presente, a la conciencia. Los mensajes de los Sabios nos recuerdan,

 

de forma parecida, que tenemos q ue dejar que la mente vuelva a lo importante (el amor, la paz, la vida eterna,

 

los pensamientos y las prácticas espirituales) y dejar de lado lo que no lo es (lo material, el orgullo y el ego, la

 

violencia, el miedo, las preocupaciones y el odio).

 

Las citas, como las campanillas, nos hacen recuperar la conciencia. Cada vez que vea palabras en cursiva,

 

tómese el tiempo que necesite y digiera su significado. Pocas veces probará un sabor más dulce.

 

Todos remamos en la misma galera, y en el horizonte hay tormen tas que no auguran nada bueno. Da la

 

impresión de que la violencia y la falta de visión dominan nuestro mundo. Tenemos que remar en armonía para

 

renunciar alodio, la ira, el miedo y el orgullo. Tenemos que tener el valor de obrar bien. Tenemos que amarnos

 

y respetarnos los unos a los otros, ver y apreciar la belleza y la dignidad innatas de todo el mundo, porque

 

todos somos almas, todos tenemos la misma sustancia.

 

Sólo si remamos al unísono, con toda la tripulación unida, podremos sortear las tormentas y en contrar el

 

camino que lleva a casa.

 

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EL CICLO DE LA VIDA EL CICLO DE LA VIDA Cuando estamos aquí pasamos por muchas etapas. Nos despojamos de un cuerpo de recién nacido,

 

pasamos al de un niño, del de niño al de adulto, y del de adulto al de anciano. ¿Por qué no dar un paso más y desprendemos del cuerpo adulto para pasar a un plano espiritual? Eso es precisamente lo que hacemos.

 

Nunca dejamos de crecer. y cuando llegamos al plano espiritual seguimos creciendo aún más. Pasamos por

 

varias etapas de desarrollo. Cuando llegamos, estamos quemados.

 

Tenemos que pasar por una etapa de renovación, una de aprendizaje y una de decisión. Decidimos

 

cuándo queremos regresar, dónde y por qué motivos. Algunos resuelven no volver. Prefieren pasar a otra etapa de desarrollo y permanecen en for ma espiritual, unos más tiempo que otros, antes de regresar. Todo

 

es crecimiento y aprendizaje, un crecimiento continúo. El cuerpo no es más que un vehículo que utilizamos

 

mientras estamos aquí. Lo que perdura eternamente es el alma y el espíritu.

 

Nuestras vidas no son el resultado de actos y acontecimientos aleatorios. Las trayectorias vitales están

 

previstas sabia y detenidamente para mejorar el aprendizaje y la evolución.

 

Elegimos a nuestros padres, que suelen ser almas con las que hemos interactuado en vidas anteriores.

 

Aprendemos de niños, de adolescentes y de adultos, y evolucionamos espiritualmente a medida que nuestros

 

cuerpos cambian. Cuando el alma abandona el cuerpo en el momento de la «muerte» física, seguimos el

 

aprendizaje en planos superiores , que en realidad son niveles superiores de conciencia. Repasamos la vida

 

que acabamos de abandonar, aprendemos las lecciones y preparamos la próxima existencia. El aprendizaje

 

no termina con la muerte del cuerpo.

 

Existen muchos niveles de conciencia que v isitamos cuando el alma abandona el cuerpo físico. Uno

 

importante es la etapa de aprendizaje, en la que repasamos nuestras vidas. Volvemos a experimentar cada

 

encuentro, cada relación. Sentimos las emociones de la gente a la que hemos ayudado o hecho daño, amado u

 

odiado, afectado positiva o negativamente. Sentimos sus emociones muy profundamente, pues se trata de un

 

recurso de aprendizaje con mucha fuerza, una especie de reacción de respuesta instantánea e intensa al

 

comportamiento que tuvimos cuando estáb amos en la Tierra, en un cuerpo físico. Aprendemos a través de las

 

relaciones, y por eso es importante comprender cómo hemos afectado a los demás.

 

El concepto de la reencarnación explica y aclara las relaciones de la vida actual. A menudo resulta que

 

hechos del pasado lejano siguen influyendo en las relaciones actuales. Darse cuenta de las causas

 

fundamentales de vidas anteriores puede servir para arreglar la relación del presente. La conciencia y la

 

comprensión son potentes fuerzas reparadoras.

 

He decidido empezar este libro con el siguiente ejemplo de una sesión de regresión, pues describe y explica

 

el proceso de la terapia de regresión que utilizo, incluidas las técnicas y las Interpretaciones. Prácticamente no

 

se ha tocado nada. Quiero que usted experimente las sesiones como si estuviera presente.

 

Por otra parte, se trata de un caso fascinante en el que tienen eco la vida actual y otras anteriores. Recoge

 

no sólo recuerdos de la infancia sino también previos al nacimiento y posteriores a la muerte. Y mue stra los

 

caminos del alma.

 

Una importante cadena de televisión me había pedido que participara en uno de sus programas e hiciera

 

 

 

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para sus muchos telespectadores una demostración de una regresión a una vida anterior. Una periodista de

 

aquella cadena, que ha bía oído hablar del proyecto y estaba interesada en mi trabajo, se ofreció voluntaria

 

como «paciente». Para aquella regresión utilicé la técnica conocida como relajación progresiva, un descenso

 

apacible y gradual hasta el estado hipnótico. La hipnosis en s í no es más que una forma de concentración y

 

relajación. No tiene que ver con el viaje por el tiempo y no es nada misterioso. En ese estado relajado y

 

concentrado se intensifican las funciones del recuerdo.

 

Su sesión resultó espectacular, fértil e intensa y fue capaz de experimentar recuerdos de la infancia,

 

perinatales y de vidas anteriores, lo que tuvo como consecuencia una mejora de su vida y sus relaciones.

 

Era un día caluroso y húmedo de finales de mayo en Nueva York. La intensa luz y el calor que desp rendían

 

los potentes focos instalados para las cámaras de televisión aún hacían más bochornoso el ambiente. Notaba

 

las gotas de sudor que se me iban formando en la espalda y bajo la delgada capa de maquillaje que me

 

habían aplicado en la cara. Andrea, la periodista, no había llegado todavía.

 

A pesar de que les había pedido un lugar tranquilo y relajado, los productores habían elegido para la

 

grabación un piso del centro. En lugar de instalaciones en una sala silenciosa en un estudio con aire

 

acondicionado, nos metieron en un piso sofocante sin aire acondicionado. Al abrir las ventanas corría un poco

 

de brisa, pero también penetraba en el salón, ya de por sí atestado, una cacofonía de ruidos del tráfico, sirenas

 

y otros estruendos del exterior. En esas condic iones adversas y con la tensión añadida que aportaban las

 

cámaras de televisión, pensé con tristeza que disminuían considerablemente las probabilidades de que la

 

regresión fuera bien.

 

Por fin llegó Andrea. No parecía que la molestaran ni el calor ni las si renas procedentes de la calle. Al

 

parecer, desde pequeña se había acostumbrado a los constantes ruidos de fondo de la ciudad. Le fastidiaban

 

más los atroces dolores menstruales que estaba sufriendo y que también me preocupaban a mí, porque temía

 

que no le permitieran concentrarse. Antes de la grabación dedicamos unos instantes a conocemos y a

 

comentar el proceso de hipnosis.

 

He incluido aquí la inducción hipnótica en su integridad, aunque algunas partes son repetitivas, para ilustrar

 

esta técnica y demostra rte que en la hipnosis y en la regresión no hay ni magia ni artimañas. La repetición es

 

deliberada, ya que ayuda a profundizar en el estado que experimenta el sujeto. El diálogo apenas se ha

 

tocado, pues quiero que usted experimente toda la sesión exactamente como se desarrolló.

 

Los micrófonos estaban conectados y había tres cámaras listas para grabar la sesión. Andrea, vestida con

 

una blusa color burdeos y pantalones oscuros, se acomodó en un viejo sofá. Iniciamos el proceso de inducción

 

hipnótica. A pesar de las molestias, Andrea entró enseguida en un estado de trance profundo. Luego me contó

 

que los dolores menstruales habían desaparecido completamente,

 

Al principio no hizo más que escuchar mientras yo iba indicándole lentamente cómo alcanzar el estado

 

hipnótico profundo.

 

-Voy a contarte lo que vamos a hacer, lentamente -empecé-. El objetivo es que estés muy cómoda y vas a

 

conseguido con los ojos cerrados. Lo único que tienes que hacer es seguir las instrucciones. ¿Está claro?

 

Andrea asintió. Estaba empeza ndo a relajarse. -Muy bien. Hay sistemas más rápidos, pero quiero que

 

también experimentes el procedimiento de relajación. Deja que los ojos se te vayan cerrando poco a poco y

 

mantenlos cerrados durante toda la sesión. Concentra te primero en la respiració n. Es un sistema muy antiguo

 

de interiorización, hay quien lo llama la respiración yoga. La respiración es muy importante. Imagínate, y hoy

 

no dudes cuando tengas que utilizar la imaginación, que al espirar expulsas de verdad la tensión y el estrés del

 

cuerpo y al inspirar recoges la hermosa energía que te rodea… Espiras estrés y tensión e inspiras una

 

hermosa energía. Esto te ayudará a profundizar cada vez más con cada respiración. Podrás concentrarte en

 

mi voz y dejar que también ella te lleve a un luga r más profundo. y que los ruidos de fondo y las demás

 

distracciones sirvan para hacer aún más profundo tu nivel. No van a interferir. Hoy vas a poder llegar a un nivel

 

lo bastante profundo como para tener experiencias maravillosas.

 

Me detuve un instante y dejé que respirara cada vez más profundamente.

 

-Ya hemos dicho que es muy sano, para el cuerpo y para la mente, poder relajarse, desprenderse de la

 

tensión y del estrés, dejar que el cuerpo, sencillamente, se afloje. Muy bien. Ahora la respiración es muy, muy

 

cómoda… Espiras estrés e inspiras una hermosa energía. Mientras, relaja todos los músculos. Se te va a dar

 

muy bien, porque estás muy en contacto con tu cuerpo, algo de lo que algunas personas carecen totalmente.

 

Ponte todo lo cómoda que puedas. Muév ete siempre que quieras. Si te notas alguna parte del cuerpo

 

incómoda, muévela hasta que esté lo más cómoda posible. Relaja los músculos de la cara y de la mandíbula;

 

siente cómo se relajan totalmente. Deshazte de toda la tensión y la rigidez de todos esos músculos. Relaja los

 

del cuello, que, queden muy blandos, sueltos. Hay mucha gente con problemas en el cuello o dolores de

 

cabeza porque pone demasiada tensión en el cuello y ni siquiera se da cuenta. Siente cómo se relaja

 

totalmente el cuello. Y los músc ulos de los hombros, tan blandos y tan distendidos. Deshazte de toda la

 

tensión y de la rigidez. Los músculos de los brazos… ya los tienes muy relajados. Que sólo te aguanten el sofá

 

y los cojines. Bien. Ponte muy, muy cómoda.

 

Su respiración iba volviéndose más lenta y profunda. Me daba cuenta de que ya estaba hundiéndose en un

 

nivel de trance profundo. A mis espaldas oía cómo las cámaras correteaban para ajustar sus posiciones y

 

movían las pesadas cámaras para cubrir los distintos ángulos, que iban cambi ando a medida que la cabeza de

 

Andrea se hundía lentamente hasta alcanzar una posición muy relajada.

 

-Y ahora los músculos de la espalda, totalmente relajados, tanto la parte de arriba como la de abajo,

 

 

 

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mientras vas profundizando más y más en ese hermoso e stado de paz. A cada respiración profundizas más

 

aún. Ahora relaja los músculos del estómago y del abdomen, para que la respiración siga sosegada. Por

 

último, relaja totalmente los músculos de las piernas. Ahora sólo te aguanta el sofá y vas entrando más y más

 

en ese hermoso estado de paz. Bien, muy bien. Vas a concentrarte en mi voz y a dejar que te siga llevando a

 

un estado cada vez más profundo; los ruidos del exterior o las distracciones van a servir también para que ese

 

nivel sea aún más profundo. De v ez en cuando oirás ruidos. No importa. A pesar de ellos puedes llegar a un

 

estado muy profundo.

 

»Y ahora imagínate una hermosa luz encima de tu cabeza. Puedes elegir el color o los colores. Imagínate

 

que es una luz curativa maravillosa, una luz de hermosa energía, una luz que te sumerge, que te hace

 

descender a un nivel de paz y serenidad cada vez más profundo. También es una luz que te relaja

 

completamente. Es una luz espiritual, conectada a la que hay encima de ti y a tu alrededor. Escoge el color o

 

los colores y permite que entre en tu cuerpo, por la parte superior de la cabeza, y que ilumine el cerebro y la

 

médula espinal… Va fluyendo de arriba abajo como una hermosa ola de luz y pasa por todas y cada una de las

 

células, los tejidos, las fibras y los ó rganos de tu cuerpo con paz, con amor y poder curativo mientras tú vas

 

descendiendo más y más.

 

Proseguí con el proceso de profundización de su estado de trance. Hablaba en voz baja y rítmica, lo que

 

aumentaba el efecto hipnótico.

 

-Vas a concentrarte en mi voz y, sin embargo, vas a descender más y más a medida que la luz te llene el

 

corazón, te lo cure y siga fluyendo hacia abajo. Que sea una luz muy potente, muy fuerte, en cualquier zona en

 

la que la necesites como poder curativo. Al ir descendiendo a un ni vel cada vez más profundo, el resto de la

 

luz baja por las piernas hasta llegar a los pies y llena el cuerpo de luminosidad, en este hermoso estado de paz

 

y relajación. Consigues concentrarte en mi voz. Imagínate ahora que la luz también rodea completament e el

 

exterior de tu cuerpo, como si te envolviera una hermosa burbuja o un capullo de luz. Te protege, cura tu piel,

 

hace que tu nivel descienda aún más. Y ahora voy a contar hacia atrás, del diez al uno, profundiza tanto que la

 

mente ya no esté limitada p or las habituales barreras del espacio y el tiempo. Llega hasta un nivel tan profundo

 

que lo recuerdes todo, todas las experiencias que has vivido, en este cuerpo o en cualquier otro que hayas

 

tenido antes, o incluso entre un cuerpo y otro, cuando estabas en estado espiritual. Lo recuerdas todo.

 

La cuenta atrás es una técnica de profundización muy eficaz.

 

-Diez, nueve, ocho… Vas profundizando más y más al oír cada número… Siete, seis, cinco… Estás en un

 

nivel profundo, tranquilo… Cuatro, tres… Un nivel hermoso de serenidad y paz… Dos… Ahora todo el

 

nerviosismo sale completamente de tu cuerpo… Uno. ¡Muy bien! En este hermoso estado de paz, imagínate

 

que estás bajando por una escalera muy bonita. Bajas, bajas… Desciendes más y más… Bajas y bajas… A

 

cada paso, el nivel es aún más profundo. Al llegar al pie de la escalera te encuentras ante ti con un jardín muy

 

bonito, un jardín de paz y seguridad, de serenidad y amor. Un jardín maravilloso. Entra en ese jardín y busca

 

un sitio para descansa r. Tu cuerpo, aún lleno de luz y rodeado de luz, sigue curándose, relajándose,

 

recuperándose, rejuveneciendo. Los niveles más profundos de tu mente pueden abrirse y lo recuerdas todo.

 

Para demostrártelo podemos empezar a retroceder en el tiempo, primero un poco y luego cada vez más y

 

más.

 

La cabeza de Andrea iba inclinándose hacia delante y la barbilla se acercaba peligrosamente al diminuto

 

micrófono de solapa que le habían sujetado precariamente a la blusa. Había llegado a un nivel tan hondo que

 

no eran necesarias más técnicas de profundización. Decidí iniciar el retroceso en el tiempo.

 

-Dentro de unos instantes voy a contar hacia atrás, del cinco al uno. Deja que te venga un recuerdo de la

 

infancia. Si quieres que sea un recuerdo agradable, muy bien, pero también puede ser un recuerdo que te

 

enseñe algo o que tenga algún valor que te ayude a sentir más alegría, paz o felicidad en tu vida actual.

 

Recuerda plenamente, con sentimientos, con sensaciones, utilizando todos los sentidos. Si en cualquier

 

momento te sientes incómoda, siempre puedes distanciarte y flotar por encima de la escena del recuerdo.

 

Puedes flotar y observar desde lejos. Pero si no estás incómoda, quédate con el recuerdo y evócalo

 

vívidamente. Podrás hablar y, sin embargo, permanecer en un niv el muy, muy profundo y continuar la

 

experiencia. Ahora, mientras cuento hacia atrás, que el recuerdo se vaya definiendo con todo detalle; utiliza

 

todos los sentidos. Un recuerdo de la infancia. Cinco, Cuatro… Lo recuerdas todo… Tres… Se va definiendo …

 

Dos… Ya lo ves todo… Uno. ¡Estás dentro del recuerdo! Durante unos instantes, vuelve a experimentado,

 

recuérdalo. Puedes hablar y contarme lo que experimentas, pero seguirás en un nivel muy, muy profundo,

 

continuarás con la experiencia. ¿Qué recuerdas? ¿Qué te viene?

 

-Es invierno -empezó Andrea-. Voy de paseo con mi padre por el barrio. En invierno siempre me pedía que

 

fuera a pasear con él. Estamos con nuestro perro, un husky, y el viento sopla con mucha fuerza, y ha nevado,

 

y vamos andando de cara al viento, y estoy encantada, porque es un momento sólo para papá y para mí, y a

 

los demás nunca les pide que vayan con él. Hace un frío polar y mi padre lleva la parka maravillosa de

 

siempre, y ya ha salido la luna, y al perro le encanta la nieve.

 

La voz de Andrea era más infantil. Un fuerte acento del Medio Oeste había sustituido a la cadencia

 

perfeccionada de una periodista profesional.

 

-Andamos y hablamos -prosiguió- y le damos patadas a la nieve. Es de noche y no hay tráfico, así que

 

vamos andando por en medio de la calle. Las farolas son de esas antiguas con globos grandes, y todo es

 

precioso. Es como si el mundo entero se hubiera parado y sólo estuviéramos mi padre y yo.

 

Una sonrisa radiante inundó su rostro, que parecía menos tenso y más vulnerable.

 

 

 

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-¿Te ves a ti misma? -le pregunté-. ¿Qué aspecto tienes?

 

-Llevo un peinado horrible -replicó. Parecía sorprendida.

 

-¿Cuántos años tienes? -pregunté, para anclada a la escena.

 

-Ocho.

 

-y llevas el abrigo puesto, claro.

 

-No veo de qué color es -contestó vacilante-. No lo sé. Llevo bufanda, mitones y botas, pero tengo los pies

 

fríos.

 

-¿y cómo es el abrigo de tu padre?

 

-Es una parka roja con el forro de lana blanca. La compró en Chicago y en invierno siempre la lleva. Tiene la

 

capucha con piel alrededor. Es como la que lleva mi padre siempre.

 

-Parece que es un momento de mucha felicidad para ti; estás con tu padre y con tu perro y todo está muy

 

tranquilo.

 

Me di cuenta de que tenía lágrimas en los ojos.

 

-¿Hay tristeza en este recuerdo?

 

Andrea negó con la cabeza.

 

-¿Sólo felicidad?

 

Sonrió.

 

-Me entran ganas de volver a ser una niña -dijo en voz baja.

 

-Pues ahora mismo puedes seda -le expliqué-. Sólo tienes que sentido. Es vívido; puedes estar allí mismo,

 

en la nieve. Si quieres, incluso puedes oír cómo cruje y ver có mo tu perro juega con ella, cómo disfruta.

 

Puedes sentido sin estar incómoda.

 

Quería que Andrea experimentara plenamente aquel hermoso recuerdo de la infancia, que utilizara todos los

 

sentidos y los sentimientos.

 

-Nunca volvíamos a casa temprano -prosiguió-.

 

Dábamos unos paseos muy, muy largos. Papá nunca… No hay prisa. Subimos por la calle y luego no veo a

 

dónde vamos, pero siempre volvemos al mismo sitio y nos vamos a casa, y mamá ha hecho chocolate.

 

Otra sonrisa luminosa suavizó su rostro.

 

Me llegó el zumbido de las cámaras de televisión. Decidí resumir su experiencia y pasar a niveles aún más

 

profundos. Debido a las limitaciones de tiempo impuestas por la grabación, tenía que guiar las conexiones y

 

las Interpretaciones más que con los pacientes habitua les en la consulta. También me preocupaba el que

 

hubiera en la sala otras personas que no tenían por qué conocer información privada, por lo que dejé que

 

Andrea evocara determinados recuerdos en silencio. Además, el objetivo no era llevar a cabo una sesión

 

terapéutica sino hacer una demostración.

 

-Muy bien. Lo que me gustaría que hicieras es recordar el amor y el cariño que existe en este momento entre

 

tu padre y tú y entre tu madre y tú, porque tener el chocolate ahí es también algo muy conmovedor y tierno .

 

Son recuerdos maravillosos de amor, de juventud y de ternura, de tu madre y de tu padre, de la estrecha

 

relación que tienes con tu padre y de esos paseos tan especiales. Así que incluso cuando te despiertes

 

recordarás el amor, la ternura y el cariño. Es un recuerdo maravilloso que seguirá acompañándote… La

 

bondad, la felicidad, la alegría e incluso la presencia del perro, todo, la felicidad del momento. Así tiene que ser

 

la vida. Hay muchísimas oportunidades de amar, de ser cariñoso. Puede ser algo muy sencillo, como un paseo

 

con tu padre, no tiene por qué ser caro. Un paseo con tu padre en una noche de invierno, y con el perro, y tu

 

madre con el chocolate preparado. Lo recordarás incluso después de despertarte. Y, ahora, ¿estás lista para

 

retroceder aún más?

 

-Sí -respondió sin vacilar. Andrea había probado la dulzura y la intensidad de esos recuerdos y quería más.

 

-Bueno. Empieza a flotar por encima del recuerdo. A flotar por el aire, sintiéndote muy libre y muy ligera.

 

Sigue flotando, aléjate de ese mom ento y deja que el recuerdo se desvanezca. Ahora vamos a retroceder aún

 

más, a cuando aún no habías nacido, a cuando estabas en el vientre de tu madre. Voy a volver a contar hacia

 

atrás, del cinco al uno. No te preocupes, todo lo que te venga a la cabeza, a la conciencia, es bueno. No lo

 

juzgues, ni lo critiques, ni lo analices, experiméntalo simplemente. Ése s el único objetivo. Cuando llegue al

 

uno ya estarás allí, entes de nacer, en el útero. A ver si sientes algo, si tienes alguna idea, alguna sensación ,

 

ya sea física, emocional o incluso espiritual. Puede que descubras por qué has elegido esta vida y a estos

 

padres. Todo lo que te venga es bueno. Tal vez seas consciente de cosas que pasan fuera del cuerpo. A

 

veces sucede. No importa. Sea lo que fuera lo que experimentes, está bien. ¿De acuerdo?

 

Andrea asintió lentamente.

 

-Muy bien. Respira bien hondo una o dos veces y desciende aún más, a ese nivel tan, tan profundo. Cuando

 

cuente hacia atrás del cinco al uno regresaremos a la época anterior a tu nacimie nto, ya en esta vida, cuando

 

estabas en el útero. Vamos a ver qué recuerdas y qué experimentas. Cinco, lo recuerdas todo… Cuatro,

 

regresas a la época anterior al nacimiento, estás en el útero de tu madre… Tres, acepta todo lo que te llegue a

 

la concien cia… Dos, todo se vuelve más claro… Uno. Estás dentro del recuerdo. Dedica unos instantes a

 

acomodarte al entorno, a darte cuenta de tus sensaciones… físicas, emocionales, espirituales… cualquier

 

impresión o idea. A veces incluso puedes conectar co n los sentimientos o los pensamientos de tu madre,

 

porque estáis muy estrechamente unidas. O incluso con los de tu padre, que está cerca. Dedica unos instantes

 

a recordarlos a volver a experimentarlo. Igual que antes, vas a poder hablar sin salir de ese es tado tan y tan

 

profundo, en un nivel muy profundo, sin dejar de experimentar la situación. Me contaras lo que experimentes.

 

 

 

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Tras una breve pausa, le pregunté:

 

-¿Qué te viene?

 

Andrea respondió rápidamente con una sonrisa y me di cuenta de que había consegui do superar la barrera

 

de los años. Había aparecido en el inicio mismo de su vida actual.

 

-Mamá está muy contenta-dijo, sin más. No dejaba de sonreír.

 

-Bien, bien -contesté, aliviado al ver que recordaba algo importante. Las cámaras lo grababan todo-.

 

¿Sientes su alegría?

 

Asintió.

 

-Bien. O sea que eres una hija muy deseada. Eso es importante. ¿Qué más? ¿De qué más eres consciente?

 

¿Cómo te sientes?

 

-No lo sé.

 

-¿Tienes alguna otra impresión o sensación? -Mamá lleva un peinado muy raro. -Incluso antes de nacer ,

 

Andrea ya era capaz de observar y evaluar los peinados.

 

-Sí, lo ves. ¿Cómo describirías ese peinado? ¿Porqué es raro?

 

-Parece como si se lo hubiera cortado ella misma con una navaja. Lo lleva muy corto. A mí padre le gusta

 

así.

 

También era consciente de los sentimientos de su padre, de lo que le gustaba y de lo que no.

 

-¿Le gusta así de corto?

 

-Sí. Es muy guapo -añadió.

 

-¿También le ves a él más joven? Bien. Me alegro mucho de que quieran tenerte; son felices. Es un buen

 

entorno para nacer.

 

-Están muy ilusionados.

 

Andrea parecía contenta de seguir en ese lugar, de volver a disfrutar de aquellos sentimientos maravillosos.

 

No le importaba en absoluto que pasara el tiempo o que las cámaras fueran grabando.

 

-Bueno, ahora vamos a pasar al nacimiento, cuando cue nte hasta tres, sin ningún dolor ni malestar, sólo

 

observando, para ver de qué tomas conciencia a través de la experiencia del nacimiento. Al llegar a tres, pero

 

sin que sufras ningún dolor ni malestar. Uno, dos, tres. Experiméntalo. Todo lo que te pase po r la cabeza está

 

bien. ¿Qué sientes?

 

Andrea siguió en silencio durante diez o quince segundos, antes de responder.

 

-Sitios oscuros.

 

-¿Cómo te sientes ahora?

 

No sabía dónde estaba ni qué eran aquellos «sitios oscuros».

 

-Como si no hubiera terminado -explicó.

 

Entonces lo comprendí.

 

-Muy bien, aún no has acabado de nacer. Bueno, puedes experimentado, sin dolor, sin malestar.

 

Experiméntalo, vive tu nacimiento aquí y ahora.

 

-A mi madre no le han puesto anestesia. Nada. Salgo de color rosa.

 

Era una observación interesante para un recién nacido.

 

-Rosa, si, ¿Y estas….

 

-Llorando, pero no me pasa nada. Mi madre se encuentra bien.

 

-¿No ha querido que le pusieran la anestesia? -Les ha dicho que no. No quería que yo naciera azul, como

 

todos esos niños.

 

A veces la anestesia total administrada durante el nacimiento puede afectar al hijo.

 

-Comprendo. Pero tú no saliste azul, sino rosa, despierta y llorando. ¿Ahora la ves? ¿Qué ves?

 

Andrea estalló en una risa divertida.

 

-Todo el mundo está contento. La han puesto en una hab itación con otras mamás. Mi padre es médico, pero

 

a mamá no la ponen sola en una habitación.

 

Esto último lo comentó con ironía.

 

-Afuera todo es azul -añadió-. Hace sol. -Observas muchas cosas -comenté-. Muchos detalles. ¿Te han

 

llevado con ella?

 

-Acaba de tomarme en brazos. Tengo la impresión de que estoy siempre con ella.

 

-Es lo que recuerdas, el tiempo que estás con ella.

 

¿Qué tal se le da ser madre?

 

-Se divierte. Está delgada, no ha engordado mucho durante el embarazo.

 

Andrea se fijaba mucho en los aspectos exteriores, como los peinados o el peso.

 

-Pero ¿te encuentras bien? -le pregunté.

 

-Sí, sí -me tranquilizó.

 

-Es un buen recuerdo. Eres consciente de muchísimos detalles. Déjate llevar por la escena, cómo te

 

sostiene en brazos, qué aspecto tiene con el pe lo corto y todo eso. No se ha engordado demasiado. Y tú estás

 

contenta de estar allí. Bien.

 

-Mi padre se siente tan orgulloso que no hay quien le haga callar. Le da la lata a todo el mundo.

 

-¿Lleva a gente?

 

-Todo el día. Está pesadísimo. Cada vez que ve a alguien por el hospital le arrastra hasta el cristal para que

 

me mire. Está pesadísimo. La cosa tiene gracia.

 

 

 

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-Está conectado contigo con mucha fuerza, desde el principio -observé, recordando su conexión amorosa

 

mientras paseaban una noche de invierno ocho años después -, pero su cariño es pesado. Muy bien. Bueno,

 

eso también lo recordarás después de despertarte. Ya sé que hay muchos detalles mas, no tienes por que

 

contármelos todos ahora. Hay muchísimas mas cosas que ver, que percibir, que describir. Todo, los colores, el

 

exterior, la habitación, los demás niños, lo que lleva tu padre, el aspecto que tiene… Mil cosas. Lo que quiero

 

es que tomes conciencia de ellas. Empápate en ese amor, aunque te parezca pesado; al fin y al cabo es amor,

 

y eso es muy bueno . Tu madre lo mantuvo; fue algo maravilloso. Hay mucha felicidad y alegría. Es maravilloso

 

que al llegar a este mundo te reciban así, que notes que te desean, que sientas la alegría, la felicidad, el amor.

 

Vas a recordar aún más detalles. Deja que te empap en. Más detalles todavía de la habitación, de sus

 

dimensiones, de cómo está amueblada. Pero lo más importante de todo es el amor.

 

La cara de Andrea se ensombreció.

 

-Ha entrado el marido de la señora que está en la cama de al lado de la de mi madre. La muje r acaba de

 

tener un niño y él quiere acostarse con ella.

 

-¿En esa habitación? -le pregunté, sorprendido por la repentina claridad de ese desagradable recuerdo.

 

-Sí, y ella dice que no. Él es antipático. A mi madre no le hace ninguna gracia.

 

-¿Se ha dado cuenta?

 

-Sí, las camas están separadas por cortinas, pero este señor es muy ordinario.

 

-Sin embargo su mujer le ha dicho que no.

 

-¡Pero si acaba de dar a luz! -exclamó Andrea. -Ya lo sé.

 

-A mi madre no le hace ninguna gracia -repitió.

 

-¿Se va el señor?

 

-No.

 

Entonces se produjo un breve silencio, Llené el vacío.

 

-No es muy comprensivo. Date cuenta no sólo de que la familia a la que has llegado tú es mucho más

 

comprensiva, sino también de que tienes muchas más cosas por delante, porque tenéis afecto, tenéis

 

comprensión.

 

-Me pesa el cuello -dijo Andrea, dejando caer la cabeza sobre el brazo del sofá. Volví a oír el equipo

 

televisivo, que se movía para adaptarse a la nueva postura.

 

-Muy bien. Ahora ya estás muy cómoda. ¿Te encuentras preparada para salir de esa escena?

 

No contestó, así que dejé que se quedara en ella durante unos instantes.

 

-¿O quieres quedarte un poco más? ¿Por qué no te quedas ahí un poco más y desciendes a un nivel más

 

profundo? Respira bien hondo. Ahora tienes el cuello perfectamente. Así vas a poder descansar con mucha

 

comodidad y concentrarte en la felicidad y en cualquier otro detalle que captes, por ejemplo, la señora de la

 

cama de al lado. No dejes que eso te afecte negativamente. Ésa no es tu familia. Experiméntalo un poco más y

 

después piensa en la conexión que hay con el momento en que jugabas en la nieve, años después.

 

Decidí establecer algunas conexiones.

 

-Tu padre está orgulloso. Se sentía muy orgulloso cuando naciste y luego cuando daba aquellos paseos en

 

invierno en los que había tan to cariño, Todo forma parte del mismo amor, de la misma conexión. ¿Qué

 

suponen siete u ocho años? Eso no es nada. El amor nunca se termina, es para siempre. Piensa en las

 

conexiones que hay y dedica algún tiempo a sentir ese estado, que es muy positivo, un estado con recuerdos

 

felices. Hazte con ese amor que ya existía antes de que nacieras, porque ya eras consciente, incluso antes de

 

nacer, del amor que había, de la felicidad de tu madre, de la de tu padre: Ves todas las conexiones a lo largo

 

de tu vida. Tú también contribuyes a ese amor, no sólo lo recibes, y has podido devolvérselo a los demás, a los

 

que has querido.

 

Andrea volvía a sonreír, iba recibiendo esas ideas.

 

-Así que no sólo ha sido cuestión de suerte. Te lo has ganado, te lo mereces. Y no hay nada más importante

 

que el amor. Ahora ya estamos preparados para retroceder aún más. ¿Te parece?

 

Asintió.

 

-Muy bien. Flota por encima de esa escena, sal del hospital y de la sala de los recién nacidos, flota por

 

encima y deja que la escena se vaya desvan eciendo lentamente, Imagínate ahora que hay una puerta muy

 

bonita delante de ti; es la que da a las vidas pasadas o a los estados espirituales, porque también son

 

importantes y pueden ayudamos a entender por qué hay tanto amor en tu vida ahora o cómo es un a persona

 

concreta o un síntoma o cualquier cosa en la que quieras concentrarte. Cuando atravieses ese umbral,

 

mientras cuento hacia atrás del cinco al uno, verás una luz muy hermosa al otro lado.

 

-Ya la veo, se cuela por el resquicio de la puerta -intervino Andrea. Estaba en un estado de trance muy

 

profundo.

 

-¿Ya la ves? Muy bien. Entonces vamos a atravesar el umbral. Al otro lado habrá una escena. Puede ser de

 

una época muy lejana, puede ser una vida anterior. Entra en la escena, entra, atraviesa el umbra l y entra en

 

esa luz tan hermosa mientras cuento. Cinco, la puerta se abre. Ira de ti, te atrae. Al otro lado hay una lección

 

de la que puedes aprender, Cuatro, cruzas el umbral y entras en esa luz tan hermosa. Tres, te mueves por el

 

interior de la luz, te das cuenta de que al otro lado de ella hay una escena, o una persona, o una figura. Se irá

 

enfocando del todo mientras llego al número dos. Dos, ahora todo se ve claro; te acuerdas de todo. Uno.

 

¡Estás dentro del recuerdo! Si te encuentras dentro de un cu erpo, mírate los pies para ver qué tipo de calzado

 

llevas, si son zapatos o sandalias o botas o pieles o si vas descalza. Mírate la ropa, fíjate en todos los detalles.

 

 

 

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Siente las texturas, porque no se trata sólo de ver, sino también de experimentar con todos los sentidos.

 

-Llevo botas de hombre -contestó.

 

-¿Botas de hombre? -repetí.

 

-Para mí no hay. Pero no soy un hombre, soy una chica. Lo que pasa es que no tengo botas de chica porque

 

no nos llega el dinero.

 

-¿No tenéis dinero y por eso llevas esas botas de hombre?

 

-De chico -me corrigió-. Tienen la puntera redonda y me da vergüenza llevarlas, porque no está bien.

 

-¿Porque son de chico?

 

-Sí, las de chica… No sé, debería llevarlas de chica, pero no sé por qué…

 

-¿y la ropa?

 

-Llevo una falda roja que lleg a hasta el suelo, con un delantal o un bordado o algo por delante. Es como si

 

hubiera una tela de más. Y también llevo sombrero.

 

Los ojos de Andrea se agitaban bajo los párpados cerrados, mientras iba mirándose la ropa.

 

-Sí, un sombrero. ¿Y qué edad tienes, más o menos? -Nueve o diez años.

 

-¿Hay alguien más contigo? ¿Ves a alguna persona más? ¿Estás en casa? -Quería sacarle más detalles

 

sobre aquella época.

 

-Una casa de campo. Vivimos en una pradera, no sé donde. Y no veo más casas. Sólo la mía. Y las botas

 

son de… Tengo un hermano mayor y éstas son sus botas. Las que llevo ahora. Está en una llanura, en el

 

Oeste, pero no en las Rocosas, no tan lejos. Estamos en una llanura. Somos granjeros.

 

Andrea estaba recordando una vida anterior en el Me dio Oeste de Estados Unidos.

 

-La vida es bastante dura, ¿no?

 

-Tenemos una vaca y un huerto. Hay un pozo, y la casa es muy sencilla.

 

-Muy bien. Ahora quiero que tomes conciencia también de tus padres, no sólo de tu hermano. Vaya contar

 

hasta tres. Vas a ver a toda la fami lia que vive en la casa. Uno, dos, tres. Toda la familia, quizá cenando o en

 

otro momento. Toma conciencia de los demás.

 

-Todo el mundo está delante de casa, como si fueran a hacerse una foto. Es verdad, están puestos como

 

para que les fotografíen.

 

-Muy bien, ya los ves.

 

-Lo que pasa es que mamá y papá son los mismos. Los mismos ojos.

 

Normalmente nos re encarnamos en distintas relaciones, pero en aquella vida en la llanura, al parecer, los

 

padres de Andrea eran los mismos que en su vida actual.

 

-A veces suc ede. Volvemos una y otra vez con las personas que queremos. Sucede a menudo. ¿Ves a tu

 

hermano?

 

-Sólo tengo un hermano y es más pequeño, pero creo que no lo conozco.

 

-¿No lo reconoces?

 

-Ni siquiera le veo la cara.

 

-¿y las botas que llevas son suyas?

 

Estaba confundido, porque creía que había dicho que las botas eran de un hermano mayor.

 

-No, había otro hermano, pero no está aquí. Son suyas.

 

-¿Las botas son de ese otro hermano? –pregunté para aclarar la situación.

 

-Las botas son suyas. Me las dio ese hermano, pero ahora no está.

 

-¿Le ha pasado algo? -pregunté. Tenía la impresión de que había un problema en el ambiente.

 

-Me parece que sí. Nadie dice nada.

 

Decidí ahondar más en el asunto.

 

-Vamos a ver qué le pasó. Voy a tocarte la frente y a contar hacia atrás, del tres al uno para que descubra

 

qué le pasó a tu hermano mayor. Tres, dos, uno. Ya te acuerdas.

 

El golpecito en la frente ayuda a hacer aún más profundo el nivel hipnótico y mejora la definición de los

 

recuerdos.

 

-Le pegaron un tiro -recordó de repente. -¿Un tiro?

 

-¡Qué pena me da!

 

Empezó a sollozar, y la emoción de la tragedia sacudió todo su cuerpo.

 

-Ya lo sé, tranquila. ¿Fue un accidente?

 

-Creo que no. Creo que no fue un accidente -dijo, controlando los sollozos.

 

-No. Y le echas de menos.

 

-Mi hermano pequeño no se acuerda de él.

 

Dejó de llorar al recordar ese detalle.

 

-¿Sucedió hace mucho tiempo?

 

-Cuando era un recién nacido.

 

-Cuando tu hermano pequeño era un recién nacido.

 

Muy bien. Pero tú eras mayor, tú te acuerdas. Vamos a retroceder a antes de que le pegaran el tiro, para

 

verle y encontrarle. Te acuerdas. No pasa nada. Fue hace mucho tiempo. Al contar hasta tres regresarás a

 

antes de que muriera y te acordarás de él. Vamos retrocediendo en el tiempo… Uno, antes de que muriera…

 

Dos, tu hermano mayor… Tres, antes de que muriera, ya. Te acuerdas.

 

-Dios mío, es John. ¡Es mi hermano John!

 

 

 

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Andrea se había dado cuenta de que su hermano mayor de aquella vida anterior había vuelto a ésta como

 

su hermano John. Seguía estando muy triste, pero me di cuenta de que ya empezaba a consolarse.

 

-Ahora que ya lo sabes, te das cuenta de que no pasa nada, porque ha vuelto como John. Ya no tienes que

 

estar triste. Ves las conexiones y comprendes que está bien. Se encuentra bien, pero entonces le echaste

 

mucho de menos yeso explica tu relación con John.

 

En realidad, no sabía nada de la relación de Andrea y John, pero al ver lo fuerte que era su reacción

 

emocional ante su muerte en la vida que habían compartido en el pasado, supuse qué patrones y efectos

 

persistentes habrían resurgido en la relación que mantenían en su vida actual.

 

-¿Alguna vez has tenido miedo a perderle? -De pequeño estuvo enfermo.

 

-¿Qué pasó?

 

-Fue prematuro.

 

-¿Nació antes que tú?

 

-No, después.

 

-Después. -Andrea parecía a punto de ponerse a llorar otra vez-. Bueno, no pasa nada. Ahora vas a darte

 

cuenta de muchas cosas, de tu relación con John, de la vida. ¿Qué experimentas ahora? ¿De qué te

 

acuerdas?

 

-Sigo estando triste.

 

Decidí que avanzara en aquella vida.

 

-Vamos a ir hacia adelante en la vida de esa niña. Vamos a avanzar. Ha pasado mucho tiempo desde que

 

murió su hermano; eso ya ha pasado. Vamos a otro momento importante de su vida. Ya es mayor; ha pasado

 

lo de su hermano.

 

Su rostro se iluminó casi al instante.

 

-Ahora sé disparar -anunció con orgullo . El estado de ánimo de Andrea había cambiado por completo. -

 

¿Ahora sabes disparar? -repetí.

 

-Se me da muy bien. Se me da muy bien practicar el tiro. Gano a todos los chicos. Y ahora llevo otros

 

zapatos.

 

-¿Ahora ya son tuyos?

 

-y todos los chicos coquetean conmigo, porque les encanta que sepa disparar.

 

-¿Ya no estáis tan aislados? -quise saber.

 

-No. Hay más casas. No muchas, pero hay un camino y gente que va y viene. Soy mayor. Me lo paso bien.

 

-Estos recuerdos son más felices: el coqueteo, lo bien que se te da disparar.

 

Quería que se detuviera en aquella escena y en su ambiente de felicidad.

 

-Me toman el pelo, pero me admiran -añadió.

 

-¿Te ves? ¿Ves qué aspecto tienes? Seguro que eres muy guapa, si todos coquetean tanto contigo.

 

-Tengo el pelo castaño y riza do, me llega un poco por debajo de los hombros. Llevo un lazo azul claro en el

 

pelo, y una falda con dibujos de flores. La blusa es blanca o rosa claro. Es una blusa corriente, nada del otro

 

mundo. No sé, como mi hermano no estaba, aprendía a… Quería… Me sentía presionada, como presionada

 

para ser como los chicos.

 

-¿Para sustituirle, en cierto modo?

 

-Sólo quiero ser capaz de cuidar de mí misma -puntualizó Andrea.

 

-Sí, y lo haces muy bien. Has aprendido a disparar, a utilizar una pistola, tan bien como l os chicos, o quizás

 

incluso mejor. ¿Y qué hay de lo del coqueteo? ¿Hay alguien que te…?

 

-Todos son bastante asquerosos -me cortó.

 

-Muy bien. Ahora vamos a avanzar en el tiempo otra vez. Voy a contar hasta tres. Pasa al siguiente hecho

 

importante de su vi da, el siguiente hecho importante. Uno, dos, tres. Estás dentro del recuerdo. Has pasado

 

unos años. ¿Qué sucede?

 

-Ya no vive en esa casa. Estoy mirándola.

 

En ese momento Andrea era más una observadora que se contemplaba a sí misma en aquella vida en las

 

Grandes Llanuras.

 

-Muy bien. Puedes observada o puedes entrar en ella, lo que te haga sentir más cómoda.

 

-Vive sola.

 

-¿No se ha casado?

 

-No ha encontrado a nadie. Siempre se ha considerado demasiado buena para cualquiera de aquellos

 

chicos. No se siente sola . Tiene un rancho o algo así y hay gente que trabaja para ella. Les cae bien. Es una

 

buena jefa…

 

La voz de Andrea fue apagándose mientras contemplaba la escena. Fui haciéndola avanzar en el tiempo.

 

-Así que es muy, muy competente. Ha conseguido poseer un rancho propio. Tiene gente que trabaja para

 

ella y es muy capaz. Y eso no era nada fácil para una mujer en aquella época. Debe de ser muy fuerte. Ahora

 

vamos al final de su vida, al último día, a los últimos momentos. Si te hace sentir mal puedes flotar p or encima

 

de la escena, pero, si no, quédate. Cuando acabe de contar hasta tres lo verás todo con claridad, el último día

 

de tu vida. Uno, dos, tres. Estás dentro del recuerdo. Entra y mira qué pasa, si hay alguien.

 

Andrea parecía muy tranquila.

 

 

 

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-No pasa nada especial. Está muy calmada y ya está. Es vieja y ya no queda nadie más. Pero está bien. Su

 

vida ha sido muy buena y no está enferma. Tiene buen aspecto, lo único que sucede es que es vieja. Lleva un

 

escote blanco alto. Está sentada en el porche, tranquila, mirando lo que pasa.

 

-¿Y ahí es donde se muere?

 

-Creo que sí.

 

-Ahora flota por encima, flota por encima de la escena. Abandona ese cuerpo anciano. Te sentirás ligera,

 

libre, mientras tu espíritu flota. Quizá puedes mirar hacia abajo y verla, ver su cu erpo. Y entonces, cuando te

 

sientas tan libre y tan ligera, repasa esa vida, las lecciones que aprendió, que aprendiste tú. ¿Qué aprendiste?

 

¿Qué aprendió ella?

 

-Aprendió a no tener miedo de estar sola. Aprendió a cuidar de sí misma -respondió Andrea desde una

 

perspectiva superior.

 

-sí, a ser independiente -comenté.

 

-Muy independiente. Le gustaba mucho la vida que llevaba. La gente se reía de ella porque nunca se casó ni

 

tuvo hijos. Pero no parecía que a ella le importara. A la gente de la comunidad le caía bien. Al cabo de los

 

años dejaron de meterse con ella. A la gente le gustaba trabajar para ella. Tenía mucho ganado.

 

-En este estado, mientras flotas, mira a ver si te das cuenta de lo que pasa a continuación. Has abandona -

 

do tu cuerpo; estás flotando. ¿Qué pasa a continuación? ¿De qué eres consciente?

 

-Voy subiendo y ella es cada vez más pequeña. Floto. Estoy dentro de una luz azul. Floto sin más.

 

-Estupendo. Te sientes bien, ya no estás enferma, no eres vieja, sólo flotas. Tu conciencia avanza. ¿Qué

 

pasa a continuación? ¿O sigues flotando, simplemente?

 

-Sólo hay rayos de luz azul, que vienen por arriba, por el lado izquierdo de la cabeza; es un cono de luz azul

 

muy grande y después no veo nada…

 

Volvió a producirse un largo silencio.

 

-¿Hay algo más? -pregunté por fin. Quería saber más del cono de luz azul.

 

-No…

 

-Vale. ¿Estás preparada para volver?

 

Asintió.

 

-Muy bien. Antes de regresar establece conexiones entre su vida en la pradera y su independencia y la tuya.

 

Con independencia de las cámaras de tele visión, Andrea estaba aprendiendo lecciones importantes.

 

Procesó con rapidez los «nuevos» datos. Después sonrió abierta- mente.

 

-Me caía muy bien.

 

-Has conservado mucha de su fuerza. Eso está muy bien. Y además sabes que tu hermano ha vuelto, y ves

 

que la muerte no es lo que parece. La gente vuelve.

 

-Le echaba mucho de menos –dijo con una punza- da de tristeza en el rostro.

 

-Ya lo sé -le respondí-. Pero aun así acabó siendo muy fuerte e independiente. Las relaciones son muy

 

importantes, y también la indepe ndencia, cuando están en equilibrio. ¡Y tu hermano ha vuelto! Y esta vez ha

 

vivido, aunque al nacer era un poco débil, y habéis podido reencontraros. Así funcionan las almas, así funciona

 

el amor. Siempre estamos reencontrándonos. Eso te sirve para dejar a trás cualquier tristeza o miedo que

 

tengas. Siempre volvemos juntos, una y otra vez. Recuerda también el amor de tu padre y lo pesado que se

 

ponía cuan- do estaba tan orgulloso de ti, el amor de tu madre que también ha venido a esta vida contigo,

 

cómo os h abéis reconocido. Ellos también estaban en la pradera. La felicidad en la nieve, con tu perro, tu

 

padre y su parka. Todo ese amor que has conservado en esta vida, en la que has conseguido mantener

 

relaciones y ser independiente y fuerte y amar, y lo has ar monizado todo. Has hecho todo eso con un equilibrio

 

extraordinario. Es algo maravilloso. Siente la fuerza y la independencia y tu capacidad de mantener relaciones

 

muy buenas, recoge todos esos pensamientos y sentimientos positivos.

 

Llegado este punto, tras digerir toda esa información y experimentar tantas emociones, Andrea parecía

 

cansada. Decidí despertarla. Ya había aprendido suficiente por un día.

 

-Dentro de unos instantes voy a despertarte. Te apretaré en la frente, en un punto situado entre las cejas.

 

Cuando apriete hacia arriba abrirás los ojos y te despertarás. Estarás despierta, controlarás muy bien el cuerpo

 

y la mente, te sentirás estupendamente bien, más ligera, como si te hubieras deshecho de una carga, porque

 

habrá desaparecido la tristeza que sentías por haber perdido a tu hermano en aquella época. Sabes que ha

 

vuelto. Te sientes muy tranquila, muy relajada, y sin embargo tienes un control total. Cuando te apriete te

 

despertarás completamente.

 

Le apreté hacia arriba la frente y se despertó lenta- mente.

 

-Tómate el tiempo que necesites y vuelve del todo. Lo has hecho muy bien. ¿Cómo te encuentras?

 

-Reventada.

 

-Reventada -repetí, compenetrado. Me di cuenta de que también yo estaba cansado; había mantenido una

 

concentración muy fuerte-. Has hecho un gran esfuerzo. ¿Ha sido lo que esperabas?

 

-No sabía qué esperar. No me imaginé en ningún momento que vería a mi hermano. Pensaba que a lo mejor

 

veía a una de mis hijas, pero no. Me he sentido como si algo me atrajera a otra época, a una vida distinta, pe ro

 

que no pudiera llegar, no había forma de llegar. Veía dónde estaba, pero-no podía llegar.

 

-¿Un tercer lugar? -Sí, no podía llegar.

 

-¿Sabes qué era esa tercera época?

 

 

 

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-No. Era antes de la vida de la pradera, pero no con – seguía llegar. Parecía como si hu biera un rayo de luz

 

azul, pero era un cono puro y se acababa sin más. El primero me rodeaba completamente, y de repente me vi

 

los pies. Éste era Veía el borde de la luz y dónde acababa. Afuera estaba oscuro. Era como si alguien hubiera

 

tomado un cono y me lo hubiera puesto encima. Se acababa, y estaba allí mismo.

 

Al parecer, Andrea había vislumbrado otra vida anterior, quizá con su hija, pero no había podido navegar

 

más allá de aquella luz brillante de color azul.

 

-Sólo se trataba de que vieras que estaba allí, pero no era para ahora. No pasa nada. Sigue estando allí y,

 

además, seguro que también has establecido conexiones con tus hijas. Pero te has encontrado a tu hermano,

 

lo que no esperabas. Ésa es una de las cosas que pasan con todo esto; no siempre co nsigues lo que quieres.

 

Eso ha sido una sorpresa, pero parece ser que ha habido cierta tristeza.

 

Andrea se mostró de acuerdo inmediatamente. -Ha sido una sorpresa total, porque en esta vida soy muy

 

feliz. Tengo muy buena relación con mi hermano.

 

Estuvo muy enfermo al nacer. No esperaba ver su cara.

 

-y la intensidad de la emoción es muy fuerte, porque la tienes ahí mismo y es muy real. Sentías la tristeza,

 

sentías la separación, pero cuando tenías siete u ocho años en esta vida sentías la emoción positiva de ir

 

paseando con tu padre, que fue muy…

 

-Fue un recuerdo maravilloso -me interrumpió. -Sí, un recuerdo maravilloso -asentí.

 

Los ojos de Andrea tenían cierto brillo al rememorar la escena de su niñez.

 

-Sentía el viento en la cara. Recordaba los copos de n ieve. Lo veía todo. Recordaba todas las curvas, pero

 

aquellas farolas… las había olvidado -dijo extasiada.

 

-Creo que nos acordamos de todo -añadí-, y ésta es una forma de recordar ese tipo de detalles, la sensación

 

de los copos de nieve, las curvas de la carretera, cómo te sentías entonces. Todas esas sensaciones. Es algo

 

más que una emoción, también están las sensaciones físicas.

 

-¿y entonces voy a acordarme de todo lo que he dicho? ¿Y luego de más cosas?

 

-Claro. Te has acordado de más cosas. Por ejemplo, dejé que te detuvieras un rato con lo del nacimiento.

 

-No podía salir de dentro de ella -recordó Andrea-. Estaba oscuro, estaba dentro de un tubo largo y no podía

 

salir.

 

-Allí te pasaste más tiempo; creía que habías salido. Ésa era la oscuridad de la que hablabas. Es que

 

todavía no habías nacido. Pero te acordaste de un hombre que quería acostarse con su mujer, que estaba en

 

la cama de al lado y acababa de tener un hijo. Y lo viste vívidamente, y eso que acababas de nacer. También

 

eso ha sido interesante, que te acordaras de ese tipo de detalles.

 

-A mi madre no le hizo ninguna gracia –repitió una vez más Andrea.

 

-Ya lo sé.

 

-Me apartó la cara. Me apartó.

 

Seguía recordando más detalles. Aunque ya estaba despierta, aún recordaba la escena del hospital.

 

-Seguramente habría salido de la habitación si hubiera tenido más fuerzas -añadió. Y bruscamente regresó

 

al presente.

 

-¿La primera vez pasa siempre lo mismo? -preguntó Andrea, que ya había recuperado su papel de

 

periodista.

 

-Quizás alrededor de un cincuenta por ciento de la gente tiene algún tipo de recuerdo, pero los tuyos han

 

sido tan vívidos y tan intensos para ser una primera vez que yo te situaría entre el quince o veinte por ciento

 

mejor. Sólo un quince por ciento de la gente, aproximadamente, puede consegu ido. Y esta técnica te

 

funcionaría en muchos niveles, no sólo con los recuerdos. Puedes aprender a controlar el cuerpo. Por ejemplo,

 

si necesitáramos que te bajara la presión arterial, seguramente podrías haced o así, sin medicamentos.

 

Durmiéndote, así -dije, chasqueando los dedos -, podrías conseguido. Podrías utilizado por motivos físicos, por

 

motivos de salud. Si tuvieras fobias, podríamos encontrar una causa y deshacemos de ellas.

 

-He tenido la impresión de haber estado antes en algunos sitios a los que he viajado. El Oeste es uno de

 

ellos. Rusia… es otro.

 

Después de que se hubieran apagado las cámaras de televisión, Andrea seguía estando calmada,

 

reflexionando sobre las experiencias vividas durante la regresión.

 

-Le mataron con un rifle -añadió-, no con una pistola.

 

Iba añadiendo detalles. Las personas que pasan por una regresión se dan cuenta de cientos de detalles,

 

muchos más de los que verbalizan con las preguntas mientras están inmersas en el estado de trance,

 

recordando su niñez y experiencias de vidas anteriores, Ella seguía reflexionando y recordando.

 

-John vino a esta vida con ictericia. Cuando llegaron las enfermeras para llevárselo y hacerle un tratamiento,

 

mi madre les dijo: «Seguramente no volveré a verle. Seguramente se morirá”.

 

Una vez les hubo entregado a su hijo recién nacido a las enfermeras, su madre empezó a distanciarse en

 

cierto modo de él, como si se prepara para su muerte. Aunque lo quería mucho, siguió con esa defensa de sus

 

emociones, incluso después de que John cobrara fuerzas y su salud mejorara sensiblemente. En cierto modo,

 

su madre siempre estaba anticipando la muerte de ese hijo.

 

En casos de ictericia en recién nacidos, que es algo bastante habitual, la bilirrubina, una sustancia química

 

del hígado, sube temporalmente y la pi el se amarillea. Exponer a la criatura a la luz natural o a lámparas de

 

cierta frecuencia lumínica, basta por lo general para eliminar el exceso de bilirrubina y devolver a la piel su

 

estado normal. Al ir madurando el hígado, la ictericia desaparece por co mpleto. El proceso de curación puede

 

 

 

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durar apenas unos días o una semana o dos.

 

La madre de Andrea reaccionó de forma exagerada ante la ictericia de su hijo. Estaba casada con un

 

médico, y sabría por tanto que la vida de John no corría peligro. Según Andre a, John siempre había sido

 

consciente de la reserva de su madre, aunque no comprendía por qué se le discriminaba de esa forma.

 

-¿Ves la conexión? -le pregunté a Andrea -. Tu madre también había sido la madre de John en aquella vida

 

anterior, en la pradera, en el siglo pasado. Y entonces él murió, Lo perdió. Cuando volvió en esta vida como su

 

hijo y afectado de ictericia, tu madre se acordó de cuando lo había perdido la primera vez. Puede que no lo

 

recordara conscientemente, pero sí emocional o subconscientem ente, y por eso se protegió manteniendo a

 

raya sus emociones. No podía soportar perderle otra vez. Estaba convencida de que era muy frágil, como

 

antes, y de que iba a dejada de nuevo.

 

Andrea estaba emocionada. Su regresión había servido para explicar la re lación entre su madre y su

 

hermano menor, Había descubierto las auténticas raíces del comportamiento de su madre y la reacción de su

 

hermano a la barrera protectora que había levantado su madre por si volvía a perderle. Andrea decidió que se

 

lo explicaría todo a los dos.

 

De las muchas regresiones que he facilitado y estudiado, la de Andrea fue muy especial. Estaba llena de

 

recuerdos que servían para curar, de emociones intensas y detalles vívidos. Es más, tenía una capacidad de

 

superconsciente para aprender las lecciones de sus vidas anteriores y conectarlas con las de su vida actual.

 

La grabación televisiva nunca fue emitida. Un ejecutivo de la cadena temió que, al ser la sesión tan vívida y

 

emotiva, Andrea comprometiera su credibilidad como periodista obje tiva. Con ello privó a millones de personas

 

de la oportunidad de descubrir más cosas sobre la naturaleza de la vida, sobre cómo todos estamos

 

conectados y somos responsables unos de otros, sobre los horrores y la devastación que produce el asesinato

 

y sobre cómo las consecuencias de la violencia se transmiten a las vidas posteriores.

 

Después de establecer la conexión entre la lejana muerte de su hermano y los miedos de la vida actual de

 

su madre, Andrea se quedó en silencio. Me di cuenta de que seguía conte mplando y experimentando los

 

intensos sentimientos que había desencadenado la regresión. También yo permanecí silencioso. Era un

 

momento privado para ella y no quise seguir haciéndole más preguntas delante de sus compañeros de la

 

televisión. A menudo estas experiencias pueden ser intensas y trascendentes a la vez, demasiado personales

 

para compartidas con los demás, así que me limité a contemplar su rostro, radiante.

 

Sentí una gran compasión dentro de mí por la persona que tenía al lado y el corazón me dio un vuelco. Mi

 

conciencia empezó a ceder. La habitación, calurosa y repleta de gente, empezó a desvanecerse. Los ruidos

 

del tráfico, las sirenas y la cháchara constante de fondo fueron cesando. Ya no era completamente consciente

 

de mi cuerpo. Percibí una he rmosa luz en la periferia de mi visión. Una voz susurraba en los límites de mi

 

mente, en el borde extremo de mi conciencia. Creo que era un Sabio.

 

«Cuando mires a otra persona -me dijo-, en una relación, en la terapia, en la vida, debes ver su alma a

 

través de las vidas y los eones. No veas sólo al ser físico transitorio que tienes delante. También tú eres una

 

de esas almas”.

 

Me habló en voz baja, con cariño y mucha compasión. Era un consejo, no una crítica.

 

Volví a mirar a Andrea con dulzura. La veía a ell a, pero también a la chica del Oeste. Era consciente de que

 

tenía otras muchas vidas, otros muchos nombres. Pero su alma era siempre la misma. Necesitaba ver esa

 

parte de la gente, la que es siempre constante, su alma, no su forma física transitoria, para poder

 

comprenderles y ayudarles de verdad. Para ayudarles a ellos y también a mí mismo, porque también yo soy

 

una de esas almas.

 

Lo mismo que usted.

 

De mis pacientes, muchos de los que han recuperado recuerdos lejanos parecidos a los de Andrea han

 

experimentado una sensible reducción o incluso la desaparición de sus síntomas crónicos.

 

Por ejemplo, provoqué la regresión de una mujer suramericana de cincuenta años que sufría claustrofobia

 

grave, miedo a estar atrapada en lugares pequeños o cerrados. Padecía e sa fobia desde la primera infancia.

 

En la regresión recordó haber sido enterrada viva cuando era una esclava egipcia al morir su dueño, un

 

pariente del faraón. Era costumbre enterrar vivos a algunos esclavos con el noble para que pudieran servirle

 

en la otra vida.

 

Les dieron a los esclavos un veneno para que se lo tomaran antes de asfixiarse en el interior cerrado y

 

reducido de la tumba. Después de aquel recuerdo le desapareció para siempre la claustrofobia.

 

¿Cuál es el mecanismo de esa mejoría clínica?

 

Soy de la opinión de que hayal menos dos explicaciones, aunque sin duda también intervienen otros

 

factores. Según mi experiencia, el recuerdo de hechos reprimidos u olvidados, a menudo dolorosos, suele

 

estar relacionado con la curación. Recordar esos hechos c on sus emociones correspondientes, lo que se llama

 

catarsis, es una piedra angular del psicoanálisis y de otras psicoterapias tradicionales. El hecho en sí de sacar

 

a la luz esos recuerdos enterrados es de enorme ayuda. Mis investigaciones indican que hay que ampliar el

 

campo terapéutico, que no podemos detener la arqueología psíquica en la niñez o incluso en los primeros

 

años de vida, sino que también hay que excavar los patrones y recuerdos de vidas anteriores para conseguir

 

una curación completa.

 

El segundo motivo por el que esos recuerdos fomentan la mejoría clínica es que experimentamos cómo nos

 

sentimos en otros cuerpos en tiempos antiguos, mientras vemos nuestras diversas muertes y renacimientos, y

 

nos invade el descubrimiento certero e infalible de q ue somos almas eternas, no simples cuerpos individuales.

 

 

 

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No llegamos a morir nunca, simplemente cambiamos de nivel de conciencia. Al ser nuestros seres queridos

 

también inmortales, nunca llegamos a separarnos de ellos. La constatación de nuestra auténtica naturaleza

 

espiritual supone una potente fuerza de curación.

 

Del mismo modo que cada cara de un diamante refleja toda la pieza, la experiencia de regresión de Andrea

 

refleja los temas principales de este libro.

 

Recuperó recuerdos y sentimientos del estado fetal, antes de nacer. También era consciente de las

 

emociones de sus padres, lo que demuestra que la conciencia no está localizada, no está limitada al cuerpo o

 

el cerebro físicos. Eso implica de por sí que, al morir, nuestra conciencia sobrevive y sigue avanzando, ya que

 

no tiene una base física. Naturalmente, los recuerdos de la muerte en vidas anteriores y de lo que sucede

 

después de la muerte también confirman que la existencia de la conciencia continúa. Andrea, por ejemplo,

 

pudo observar el cuerpo de la anciana que acababa de abandonar.

 

También pudo recordar incidentes que sucedieron unos instantes después de su nacimiento en esta vida.

 

Los bebés y los niños se percatan de muchas más cosas de las que sospechamos. Se dan cuenta de lo que

 

sentimos, no só lo de lo que hacemos. El flujo de nuestros sentimientos y pensamientos de amor por ellos,

 

tanto antes como después del nacimiento, nutre sus almas y es vital de cara a un desarrollo sano.

 

A través de los recuerdos recuperados durante la regresión, Andrea d escubrió cómo los hechos de vidas

 

anteriores y perinatales pueden influir profundamente en las conexiones de la vida actual. Andrea se encontró

 

con sus padres y su hermano actuales en el recuerdo de su vida anterior. Descubrió que siempre nos

 

reencontramos con nuestros seres queridos. A veces el reencuentro se da en el otro lado, en otras

 

dimensiones; a veces sucede en una vida futura, al volver a la Tierra.

 

Consiguió discernir qué valores de la vida son importantes y qué otros carecen de importancia o incl uso son

 

perjudiciales. Descubrió cómo es el dolor que pueden provocar las armas y la violencia. Todas las vidas son

 

preciosas.

 

Después de morir en su vida de las Grandes Llanuras se encontró con un cono de luz azul muy hermosa.

 

Existen muchas otras descrip ciones, tanto en este libro como en otras fuentes, de personas que han visto una

 

luz hermosa y regeneradora tras abandonar el cuerpo físico. Ese encuentro tiene lugar durante experiencias

 

cercanas a la muerte, y al parecer también después de la muerte. Nor malmente hay un familiar o un amigo

 

querido o un ser espiritual esperando junto a la luz para recibir al viajero que ha abandonado un cuerpo y para

 

comunicarle información o mensajes de importancia.

 

En otro capítulo analizaremos con mucho más detalle los m ensajes del otro lado, al igual que otros tipos de

 

fenómenos parapsicológicos o paranormales. Todos poseemos dotes intuitivas mucho más poderosas de lo

 

que nos creemos. Al ir combinando las historias, las experiencias y los ejercicios de este libro, podrá ir

 

afinando sus percepciones intuitivas y recibiendo información y mensajes más directamente. Es posible incluso

 

que pueda ayudar a sanar a otras personas.

 

La energía del amor domina y unifica toda la regresión de Andrea. El amor de sus padres, el que sent ía por

 

su hermano, el reencuentro con los seres queridos… Incluso el cono de luz azul le pareció algo cálido,

 

reconfortante y lleno de amor, según me contó más tarde.

 

La experiencia de Andrea ante esa energía en varias de sus manifestaciones le permitirá expresar su propio

 

amor de forma más abierta y completa en su vida y sus relaciones actuales. También le costará menos aceptar

 

el amor de los demás, porque el amor fluye en ambas direcciones y comprende tanto el dar como el recibir.

 

Por último, la profund a experiencia de regresión de Andrea la llevará a comprender mejor la naturaleza de su

 

vida y de su alma. Esa comprensión es un paso sagrado, uno de esos pasos que van acompañados de

 

cambios positivos en la vida presente: una mejor salud física y emocional , relaciones más sanas, más felicidad

 

y más alegría.

 

Espero que, al compartir las experiencias de las personas que irá conociendo a lo largo de este libro, al

 

reflexionar sobre los mensajes de los Sabios y al considerar mis historias y reflexiones, también usted dará

 

esos pasos hacia la sabiduría.

 

Una vez empiece, abordará con más paciencia y tranquilidad los obstáculos y frustraciones de su vida.

 

Mediante la comprensión de las lecciones y las deudas del pasado, recordará sus objetivos para esta vida. Se

 

sentirá realizado y dejará de estar desconcertado y perdido. Aprenderá a superar el miedo, la ansiedad y el

 

dolor. Vivirá su vida más intensamente en el presente y disfrutará de sus placeres también con más intensidad.

 

Pero sobre todo comprenderá lo que todo s tenemos en común: estamos más allá de la vida y de la muerte,

 

más allá del espacio y del tiempo. Todos somos inmortales y existimos por toda la eternidad.

 

 

 

 

 

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EL REGRESO EL REGRESO

 

 Elegimos cuándo queremos pasar al estado físico y cuándo queremos abandonarlo. Sabe mos cuándo

 

hemos conseguido aquello a por lo que nos enviaron aquí abajo… Cuando has tenido tiempo de descansar y

 

revigorizar el alma, se te permite elegir cuándo regresar al estado físico.

 

No nacemos en nuestra familia por accidente ni por casualidad. Elegimos las circunstancias y preparamos

 

un plan para nuestra vida antes incluso de ser concebidos. Nos ayudan en esa preparación los seres

 

espirituales llenos de amor que después nos guían y protegen mientras estamos en el cuerpo físico y se va

 

desarrollando el plan de nuestra vida. Podemos llamar destino a los hechos que van desarrollándose después

 

de que los hayamos elegido.

 

Existen pruebas importantes de que vemos los principales acontecimientos de la vida que tenemos por

 

delante, los puntos de destino, en la etapa de preparación que precede a nuestro nacimiento. Se trata de

 

pruebas clínicas, recopiladas por mí y por otros terapeutas a partir de los pacientes que han experimentado

 

recuerdos previos al nacimiento mientras estaban hipnotizados o medicados, o de forma espontánea. Ya está

 

programado quiénes serán las personas más importantes que conoceremos, cuáles los reencuentros con

 

almas gemelas y compañeros del alma, incluso los lugares en los que sucederán esos hechos. Algunos casos

 

de déjà vu, esa sensación de haber estado antes en un sitio o de haber vivido un momento, pueden explicarse

 

como un vago recuerdo de esa anticipación de la vida que está cristalizando en la vida física que vivimos.

 

Lo mismo sucede en el caso de la gente. Las personas adoptada s suelen preguntarse si el plan de su vida

 

se ha visto alterado de algún modo. La respuesta es negativa. Los padres adoptivos se eligen, lo mismo que

 

los naturales. Todo tiene su razón, y en el curso del destino no existen casualidades.

 

Aunque todos los se res humanos tenemos un plan vital, también tenemos libre albedrío, lo mismo que

 

nuestros padres y todas las personas con las que nos relacionamos. Nuestras vidas y las suyas quedarán

 

afectadas por las elecciones que hagamos mientras estemos en estado físic o, pero los puntos del destino

 

sucederán de todos modos. Conoceremos a las personas que proyectamos conocer y nos enfrentaremos a las

 

oportunidades y los obstáculos que habíamos previsto mucho antes de nacer. Sin embargo, la forma de

 

desenvolvemos ante esas situaciones, nuestras reacciones y decisiones subsiguientes son las expresiones de

 

nuestro libre albedrío. El destino y el libre albedrío coexisten e interactúan constantemente. Son cosas

 

complementarias, no contradictorias.

 

Las pruebas procedentes de l os pacientes a los que he sometido a regresiones coinciden en que el alma

 

parece reservarse un cuerpo concreto, aproximadamente en el momento de la concepción. No puede ocuparlo

 

otra alma. Sin embargo, la unión del cuerpo y el alma no se completa hasta el momento e nacimiento. Antes

 

de eso el alma de un ser nonato puede estar tanto dentro como fuera del cuerpo, y a menudo es consciente de

 

experiencias que suceden al otro lado. También puede percatarse de hechos que ocurren fuera de su cuerpo e

 

incluso del de su madre.

 

El alma no puede dañarse jamás. Ni los abortos espontáneos ni los provocados pueden hacerle daño.

 

Cuando un embarazo no termina bien, no es infrecuente que la misma alma ocupe el cuerpo de un hijo

 

posterior de los mismos padres.

 

Al término de una conferencia sobre fenómenos paranormales que pronuncié, un estudiante de postgrado de

 

psicología me contó un sueño que había tenido cuando su mujer estaba embarazada de cuatro meses. Por

 

aquel entonces aún no sabían el sexo de la criatura. Una noche se le apareció su hija, aún por nacer, en un

 

sueño muy real y le anunció su nombre, le relató su vida inmediatamente anterior y le contó porqué había

 

elegido ser hija de aquella pareja joven, cuáles eran sus objetivos y sus planes kármicos. El hombre se

 

despertó con aquel sueño fascinante grabado firmemente en la cabeza. Miró a su mujer y le dijo:

 

-Acabo de tener un sueño increíble…

 

-¡Yo también! -le interrumpió ella-. He soñado que se me aparecía nuestra hija…

 

El mismo nombre, la misma vida anterior, los mismos planes, los mismos detalles…

 

Habían tenido el mismo sueño.

 

Se quedaron impresionados. El hecho de que tanto la madre como el padre hubieran recibido el mismo

 

mensaje durante sueños simultáneos daba validez a la información y les convencía más aún.

 

Cinco meses más tarde tuvieron una hija preciosa.

 

Marie, una mujer de origen italiano de algo menos de sesenta años, quedó asombrada por la intensidad (y

 

más tarde, al comprobar los hechos, por la exactitud) del recuerdo que tuvo de un incidente acontec ido un mes

 

antes de su nacimiento, cuando aún estaba en el vientre de su madre.

 

No la habían hipnotizado antes ni había hecho regresiones y le costaba aceptar que sus experiencias fueran

 

recuerdos reales, aunque los detalles y la claridad le parecían asombrosos.

 

-En cierto modo no me lo creo -empezó-. Cuando usted me dijo que estaba en el vientre de mi madre, es

 

que me vi dentro de él y a ella sentada a una mesa.

 

 

 

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Marie pasó a describir el piso de su madre en el Bronx con todo lujo de detalles, en especial l a cocina, donde

 

estaban su madre y su tía, bebiendo té y comiendo las galletas al estilo italiano que su tía solía preparar

 

durante las vacaciones navideñas. Marie también se sorprendió de que el abeto ya estuviera decorado, pues

 

todavía quedaban quince días para la Navidad.

 

La conversación entre la madre y la tía de Marie había tomado un cariz muy serio.

 

-La vi sentada allí, con mi tía, bebiendo una taza de té -prosiguió Marie-. Y, claro, yo estaba todavía en sU

 

vientre. Le dijo a mi tía: «Me voy a morir. Y no voy a poder educar a mi hija”.

 

Incrédula, Marie exploró el recuerdo. Describió detenidamente sus pensamientos mientras observaba y

 

escuchaba desde el útero de su madre.

 

-Y entonces me dije: «Esto es muy extraño» Mi madre murió, eso es cierto. Esto pas ó una o dos semanas

 

antes de Navidad, y mamá murió el 14 de enero de neumonía.

 

Se detuvo, levantó la vista y prosiguió con emoción: -Qué ganas tengo de volver a casa para llamar a mi tía

 

y preguntarle si de verdad mamá se sentó allí y le contó todo eso. Se guro que se acuerda y que se cree que

 

estoy chalada, pero yo las he visto conversar a las dos… Y son cosas que no sabía.

 

Ni Marie había estado nunca en el antiguo piso de su madre después de nacer, ni su tía le había contado

 

aquella conversación. Era de esperar, sin embargo, que su tía recordara exactamente lo que habían hablado.

 

Según Marie, aquella anciana de ochenta años estaba «totalmente lúcida»

 

Al cabo de dos horas, Marie me llamó. Había hablado con su tía, que se lo había confirmado todo.

 

-La he l lamado y le he dicho: «Tía Marie, soy Cookie”. Me ha contestado: « ¿Y ahora quién demonios se ha

 

muerto?» Le he contado que nadie, que iba a hablar deprisa y que quería que me escuchara bien. Le he dicho

 

que quería saber si había estado sentada a la mesa c on mi madre, con un plato de galletas delante, el abeto

 

ya adornado…

 

Su tía la había interrumpido:

 

-¿Quién demonios te lo ha contado?

 

-Ahora no voy a contártelo todo, pero quiero que me digas qué pasó aquel día.

 

-Fui a verla -empezó la tía de Marie – con un plato de galletas recién hechas. Las había hecho para ella. Eran

 

las que más le gustaban, y mientras se las comía se pasaba la mano por la barriga y decía: «Esto es para la

 

galletita que llevo dentro”.

 

-Y ahora me llaman Cookie -explicó Marie -. Todo el mundo me llama Cookie, porque me encantan las

 

galletas.

 

Según su tía, la madre de Marie se había comido dos galletas y se había quedado mirando el abeto.

 

-Aún quedaban quince días para Navidad -explicó Marie-. Había adornado el árbol pronto, porque creía q ue

 

yo iba a nacer en Navidad.

 

La madre de Marie, sentada a la mesa, le había dicho a su hermana: Marie, no voy a vivir mucho tiempo y

 

no veré nunca a esta criatura. La conoceré, y sé que será una niña. Quiero que la llaméis Rose Marie si no

 

sobrevivo, aunq ue sé que la conoceré. Estoy segura… Pero también estoy segura de que me voy a morir.

 

-¡Eso es absurdo! -había exclamado la tía Marie.

 

Pero su hermana remachó sus palabras:

 

-Mira el abeto. Pon un regalo debajo para mí cada año, aunque no esté aquí.

 

Hasta aquel momento del embarazo, había disfrutado de una salud excelente. No había razón física que

 

justificara aquella sombría premonición.

 

-¿y quién lo iba a decir? -prosiguió la tía -. Tu madre sólo estaba un poco resfriada, nada más. El día de

 

Navidad amaneció con neumonía. El parto tuvo complicaciones. Tu madre murió de neumonía, y tú naciste Y

 

sobreviviste.

 

-¡Todo es absolutamente cierto! -replicó Marie.

 

Mientras, su tía seguía preguntándole:

 

-¿Quién demonios te lo ha contado?

 

-Supongo que mIentras esta a en su vientre veía y oía lo que pasaba -respondió Marie-. Ahora estoy

 

convencida.

 

Los recuerdos de su tía habían confirmado y enriquecido su propia experiencia emocional y vívida.

 

Marie aún formuló a su tía otras preguntas que le sirvieron para eliminar má s incógnitas. Descubrió que la

 

cocina y el piso de su madre eran exactamente como ella los había visto.

 

La tía Marie le contó que la había bautizado según las instrucciones de su madre. Luego repitió lo que le

 

había pedido su hermana, que pusiera regalos bajo el árbol de Navidad en el futuro.

 

-Le he preguntado si lo había hecho. ¡Y me ha dicho que no!

 

Los dos sonreímos.

 

Vanessa es una joven de origen hispano que hasta ahora ha llevado una vida sumamente difícil. Quedó

 

viuda después de que su marido fallecie ra de una enfermedad repentina y le costaba mucho superar el dolor.

 

La conocí en uno de mis talleres con gran número de asistentes, donde la elegí al azar de entre el público para

 

hacer una demostración de una regresión individual. Mientras quinientas pers onas la observaban con

 

expectación y su padre asistía a la escena con nerviosismo, entro en un trance profundo.

 

Lo más importante de la regresión de Vanessa sucedió en el vientre de su madre, antes de nacer.

 

Hallándose un estado profundo de concentración r elajada describió la luz hermosa y apacible que impregnaba

 

tanto a ella como al útero y que aportaba un alimento espiritual que complementaba el del cuerpo de su madre.

 

 

 

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Sentía el amor de sus padres, cómo la esperaban. En aquel momento cambió la expresión d e Vanessa, y de

 

un estado de felicidad absoluta pasó a otro de sorpresa y sobrecogimiento.

 

-Me doy cuenta de todo -anunció-, tanto dentro como fuera del útero. Sé tantas cosas… ¡Lo veo y lo siento

 

todo!

 

Vanessa parecía aturdida por lo profunda que era su conciencia desde dentro del vientre de su madre.

 

Mientras permanecía en silencio, sus párpados, cerrados, palpitaban. Más tarde me contó que en aquel

 

momento estaba observando muchas cosas. Después su padre confirmaría detalles de escenas que ella había

 

vislumbrado antes de nacer.

 

-Veo lo que va a pasar… Veo cosas de mi vida que aún no han sucedido… Tienen un sentido; no son

 

accidentes, como creía -afirmó con seguridad, desde una perspectiva superior.

 

Mientras experimentaba aquella luz, la sensación de conciencia elevada y el reconocimiento del plan y el

 

destino de su vida, el dolor que había llevado dentro empezó a desaparecer. Su vida actual se había

 

transformado gracias a recuerdos y experiencias anclados en su experiencia prenatal.

 

Los recuerdos del período anterior al nacimiento son importantes por muchos motivos. Fomentan las

 

mejorías clínicas en pacientes cuyos síntomas derivan de traumas y relaciones de la primera infancia.

 

Además, esos recuerdos demuestran que incluso antes de nacer ya existe un a conciencia activa, que el feto

 

y el recién nacido son conscientes de muchas más cosas de las que creíamos. Perciben e integran una gran

 

cantidad de información. Una vez tenemos ese conocimiento, deberíamos replantearnos cómo nos

 

relacionamos con esos ser es diminutos. Están profundamente sintonizados con las expresiones de amor que

 

les comunicamos, a través de palabras, pensamientos y sensaciones.

 

Durante el segundo día de talleres sucedió delante de todo el grupo uno de esos acontecimientos vitales

 

extrañamente simultáneos. Volví a sacar a un voluntario para hacer una demostración de una regresión

 

individual, pero esa vez utilicé un tipo de inducción hipnótica más rápido.

 

Ana, la paciente voluntaria, se había perdido la sesión del día anterior por estar en ferma. Nadie le había

 

hablado de la regresión de Vanessa.

 

Tras meterse de forma rápida y profunda en el estado de trance, Ana regresó también al período en el que

 

estaba en el útero. Empezó a describir la hermosa luz entre dorada y blanca, su conciencia de lo que sucedía

 

tanto dentro como fuera del cuerpo de su madre y del suyo propio, los motivos por los que había elegido a

 

aquellos padres para su próxima vida y cómo iba a estructurarse para alcanzar de la mejor forma posible los

 

objetivos de su alma.

 

Me q uedé pasmado. Aunque en ocasiones me encuentro en mi trabajo con situaciones simultáneas o

 

sincrónicas como ésas, siguen sorprendiéndome siempre por lo improbables que son desde el punto de vista

 

estadístico.

 

Todos los asistentes estaban aturdidos. Ana era la única que no sabía que lo que nos llegaba era una

 

repetición casi exacta de la regresión de Vanessa del día anterior.

 

Quizás el grupo tenía que escuchar dos veces el mensaje de que no estamos aquí por casualidades de la

 

naturaleza. Somos seres divinos, matriculados temporalmente en este colegio planetario, y hemos preparado

 

nuestro currículum para poder perfeccionar el proceso de aprendizaje. Procedemos de la luz y, sin embargo,

 

somos de la luz. Y somos mucho más sabios de lo que podríamos llegar a imag inarnos. Lo único que tenemos

 

que hacer es acordarnos.

 

Fascinantes recuerdos de la infancia

 

Existen siete planos por los que tenemos que pasar antes de regresar. Uno de ellos es el de la

 

transición. En él se espera. En ese plano se decide lo que vas a ll evarte a la próxima vida.

 

Nacemos con un recuerdo considerable de nuestro verdadero hogar, el otro lado, esa hermosa dimensión

 

que acabamos de abandonar para entrar una vez más en un cuerpo físico. Nacemos con una tremenda

 

capacidad de recibir y dar amor, de experimentar la más pura felicidad, de vivir el momento presente

 

plenamente. Cuando somos bebés no nos preocupamos por el pasado o el futuro. Sentimos y vivimos

 

espontánea y completamente en el momento, que es como deberíamos experimentar esta dimensión física.

 

La arremetida contra la mente empieza cuando somos muy pequeños. Se nos alecciona con valores y

 

opiniones paternales, sociales, culturales y religiosos que reprimen nuestro conocimiento innato. Si nos

 

resistimos a esa acometida, se nos amenaza co n el miedo, la culpa, el ridículo, la crítica y la humillación.

 

También pueden acecharnos el ostracismo, la retirada del amor o los abusos físicos o emocionales.

 

Nuestros padres, nuestros profesores, nuestra sociedad y nuestra cultura pueden enseñarnos fal sedades

 

peligrosas y a menudo lo hacen. Nuestro mundo es una clara prueba de ello pues se encamina a trompicones

 

e imprudentemente hacia una destrucción irreversible.

 

Si se lo permitimos, los niños pueden enseñarnos la salida.

 

Hay una historia muy conocida de una madre que entra en la habitación de su hijo recién nacido y se

 

encuentra a su otro hijo, un niño de cuatro años, asomado a la cuna.

 

-Tienes que contarme cómo es el cielo y cómo es Dios -le implora el niño a su hermanito -. ¡Estoy

 

empezando a olvidarme!

 

Tenemos mucho que aprender de nuestros hijos antes de que lleguen a olvidarse. En esta vida y en todas

 

 

 

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las que hemos vivido, también nosotros hemos sido niños.

 

Hemos recordado y hemos olvidado. Y, para salvamos y salvar nuestro mundo, tenemos que recor dar.

 

Tenemos que superar con valor el lavado de cerebro que tanto dolor y tanta desesperación nos ha producido.

 

Tenemos que reclamar nuestra capacidad de amar y de sentir alegría. Tenemos que volver a ser

 

completamente humanos, como cuando éramos jóvenes.

 

La madre de un muchacho que ahora tiene veinte años me contó el extraño comportamiento de su hijo

 

cuando sólo tenía tres. La perra de la familia acababa de morir. La madre dejó a su hijo con el animal para ir a

 

otra habitación a llamar por teléfono al veterinario y decidir qué se hacía con el cadáver.

 

Al volver la esperaba una escena impresionante.

 

-Entré y vi a la perra completamente cubierta de tiritas y mantequilla. La había untado totalmente con

 

mantequilla… Toda la cabeza y la cola. Y luego había ven dado todo el cuerpo, el cadáver de la perra, con todo

 

aquello. Le pregunté: «Dios mío, ¿qué estás haciendo?» Me respondió: «Mami, lo hago para que se deslice

 

más deprisa hasta el cielo”. Pensé que lo habría visto en Barrio Sésamo. Algunos años después, ant es de

 

haber oído hablar de la reencarnación, se lo conté a una amiga que me dijo con toda naturalidad mientras se

 

tomaba una taza de té: «Bueno, es que debió de ser egipcio en otra vida… Eso es lo que les hacían a los

 

perros cuando se morían. En otra vida fue egipcio y enterró a su perro envuelto en aceite y vendajes”.

 

Al día siguiente la amiga le llevó un libro en el que aparecían prácticas funerarias de los antiguos egipcios.

 

-Cuando me enseñó el dibujo del libro que me llevó al día siguiente, me di cue nta que nuestra perra había

 

quedado exactamente igual… Era para asustarse. Le pregunté a mi hijo si se acordaba de cuando le había

 

hecho aquello a la perra y me contestó que sí. Y me dijo que en cuanto vio que se había muerto se dio cuenta

 

de que tenía q ue hacerlo… Tenía que ir a encargarse de ella porque su alma estaba justo encima de su

 

cuerpo. Lo comprendió con sólo tres años y se puso manos a la obra. Ahora estoy convencida de que en otra

 

vida fue egipcio. Me alegro mucho, porque somos judíos y me parece una mezcla muy bonita de culturas.

 

El escritor Carey Williams me contó otro caso fascinante, el de dos gemelos de dos años que vivían en

 

Nueva York. Su padre era un médico de renombre. Un día estaba con su mujer mirando cómo los gemelos

 

hablaban entre ellos en un idioma extraño, más complejo que los que suelen inventarse los niños de su edad.

 

En lugar de utilizar palabras inventadas para referirse a objetos familiares, como el televisor o el teléfono,

 

hablaban una lengua mucho más completa. Sus padres no habían oído jamás aquellas palabras.

 

Llevaron a los niños al departamento de lingüística de la Universidad de Columbia, donde un profesor de

 

lenguas antiguas descubrió que aquel «lenguaje infantil» era arameo. Se trata de un idioma prácticamente

 

extinguido que actualmente sólo se habla en una zona remota de Siria. Esa antigua lengua semítica se

 

utilizaba principalmente en la zona de Palestina hacia la época de Jesucristo.

 

No se puede aprender ese idioma antiguo viendo la televisión por cable, ni siquier a en Nueva York. En

 

cambio, sí puede extraerse ese conocimiento de los bancos de memoria de vidas anteriores. A los niños se les

 

da especialmente bien.

 

Por ejemplo, pruebe a preguntarle a su hijo pequeño si se acuerda de cuando era «mayor». Escuche

 

atentamente la respuesta, porque puede ser algo más que el producto de una fértil imaginación. Es posible

 

que la criatura llegue a contar detalles de una vida anterior.

 

Observar la alegría y la espontaneidad de los niños al jugar es siempre gratificante. Muchos d e nosotros nos

 

vemos olvidado de cómo disfrutar de los simples placeres de la vida. Nos preocupan demasiado ideas como el

 

éxito y el fracaso, la impresión que producimos en los demás o lo que nos depara el futuro. Nos hemos

 

olvidado de cómo jugar y divertimos, y nuestros hijos pueden recordárnoslo.

 

Nos evocan los valores que teníamos de pequeños, esas cosas que también son muy importantes en la

 

vida: la alegría, la diversión, la inconsciencia del presente, la confianza y el valor de las buenas relaciones.

 

Nuestros hijos tienen mucho que enseñarnos.

 

El karma y las lecciones

 

Tenemos deudas que hay que pagar. Si no las hemos abonado, tenemos que llevárnoslas a

 

otra vida para saldarlas. Al pagar las deudas progresamos. Algunas almas lo hacen más deprisa

 

que otras. Si algo interrumpe tu capacidad de pagar esa deuda, tienes que regresar al plano del

 

recuerdo y esperar allí hasta que vaya a verte el alma con la que tengas la deuda. Cuando los dos

 

podáis volver a una forma física al mismo tiempo, se os permitirá regresar, pero el que decide

 

cuándo volver eres tú. Tú decides lo que hay que hacer para pagar esa deuda.

 

Habrá muchas vidas para satisfacer todos los acuerdos y todas las deudas pendientes.

 

Aún no se me ha comunicado nada sobre muchos de los demás planos, pero éste, el relacionado con «las

 

deudas que hay que saldar», evoca el concepto del karma. El karma es una oportunidad de aprender, de

 

poner en práctica el amor y el perdón. El karma es también una oportunidad de expiar, de hacer borrón y

 

cuenta nueva, de compensar a aquellas personas a las que hayamos podido molestar o dañar en el pasado.

 

El karma no es solamente un concepto oriental. Es una idea universal, plasmada en todas las grandes

 

religiones (véase La responsabilidad por las propias acciones en el A péndice A, Valores espirituales

 

compartidos). La Biblia dice: «Se recoge lo que se siembra«. Todo pensamiento y toda acción tienen

 

consecuencias inevitables. Somos responsables de nuestras acciones.

 

 

 

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La forma más segura de reencarnarse en una persona de una raza o una religión concretas es manifestar

 

prejuicios contra ese grupo. El odio lleva directamente hasta el grupo despreciado. En ocasiones, un alma

 

aprende a amar tras convertirse en lo que más desprecia.

 

Es importante recordar que el karma está relacio nado con el aprendizaje, no con el castigo. Nuestros padres

 

y todas las personas con las que nos relacionamos están dotados de libre albedrío. Pueden querernos y

 

ayudarnos, u odiamos y hacemos daño. Su elección no es nuestro karma. Su elección es una manif estación

 

de su libre albedrío. También ellos están aprendiendo.

 

A veces un alma elige una vida que supone un reto especialmente difícil para acelerar su progreso espiritual,

 

o como acto de amor para ayudar, guiar y alimentar a otros, que están pasando tamb ién por una vida

 

igualmente difícil. Una vida dura no es un castigo, sino más bien una oportunidad.

 

Cambiamos de raza, de religión, de sexo y de ventajas económicas porque tenemos que aprender de todas

 

partes. Lo experimentamos todo. El karma es la justici a definitiva. En nuestro aprendizaje no se pasa nada por

 

alto ni se olvida nada.

 

Sin embargo, la gracia divina puede sustituir al karma.

 

La gracia es la intervención divina, una mano cariñosa que desciende de los cielos para ayudamos, para

 

aligerar nuestra carga y nuestro sufrimiento. Una vez hemos aprendido la lección, no hay necesidad de seguir

 

sufriendo, aunque la deuda kármica no se haya pagado en su totalidad.

 

Estamos aquí para aprender, no para sufrir.

 

Elisabeth Kübler-Ross, la psiquiatra y escritora de renombre internacional cuyas innovadoras investigaciones

 

sobre la muerte y las experiencias cercanas a la muerte han cambiado nuestra relación con el fin de la vida,

 

me contó la siguiente historia.

 

Elisabeth tiene dos hermanas trillizas, y al nacer pes ó muy poco. El médico le dijo a su madre que dos de las

 

niñas, como mínimo, no sobrevivirían. Pero se trataba de una mujer de una fuerza y un valor excepcionales,

 

una mujer que lo daba todo y no aceptaba nada a cambio, una mujer orgullosa y muy independien te. Se juró

 

que sus tres hijas sobrevivirían. Se desvivió por ellas durante casi un año y las tuvo siempre con ella en la

 

cama para que aprovecharan el calor de su cuerpo, como una incubadora de nuestros días. Las tres niñas

 

sobrevivieron y crecieron sanas.

 

Cuando ya estaba enseñando en la Universidad de Chicago, en el Departamento de Psiquiatría, Elisabeth

 

visitó a su madre en Suiza, donde vivía en la casa familiar.

 

La mujer le hizo una petición poco habitual.

 

-Elisabeth, si acabo siendo un vegetal, quiero que me des algo para no tener que vivir así -le dijo.

 

-No puedo hacerlo -replicó su hija inmediatamente.

 

-Sí que puedes -insistió su madre-. Tú eres médica. Tú puedes darme algo.

 

-¡No, no puedo! Además, alguien como tú, que siempre ha estado sana, que va de excursión y sube

 

montañas, seguro que llega a los noventa y tiene un final así de rápido -añadió Elisabeth chasqueando los

 

dedos.

 

Se negó a seguir hablando de una posible eutanasia y regresó a Chicago.

 

Aproximadamente un mes después de aquella visita, l a madre de Elisabeth sufrió una grave apoplejía que le

 

paralizó la mayor parte del cuerpo. Aunque su mente quedó relativamente intacta, aquella mujer orgullosa e

 

independiente tuvo que depender de los demás para sus necesidades más básicas.

 

-Aprendí a escuchar las premoniciones de los demás -me contó Elisabeth.

 

Su madre murió cuatro años después, sin haber recobrado el funcionamiento de su cuerpo. Elisabeth estaba

 

furiosa con Dios.

 

Al trabajar con niños moribundos y sus extraordinarios dibujos, los horizont es espirituales de Elisabeth se

 

ampliaban a pesar de su rabia. También empezó a meditar.

 

Un día, poco después de la muerte de su madre, Elisabeth se sintió «sacudida» por una fuerte voz interior,

 

una especie de mensaje que le llegó mientras meditaba.

 

-¿Por qué estás tan enfadada conmigo? -le preguntó la voz.

 

Elisabeth replicó mentalmente:

 

-Por lo mucho que hiciste sufrir a mi madre. Era una persona extraordinaria, cariñosa, que nunca aceptó

 

nada para ella y que se lo daba todo a los demás. ¡La hiciste sufrir durante cuatro años y luego se murió!

 

-Eso fue un regalo para tu madre -respondió la voz con delicadeza-, un regalo de gracia divina. El amor tiene

 

que estar equilibrado. Si nadie recibiera amor, ¿quién podría dado? Tu madre lo aprendió en sólo cuatro añ os,

 

en lugar de volver para vivir una o varias vidas gravemente retrasada o con una discapacidad física en las que

 

habría estado obligada a aceptar el amor de los demás. Ya lo ha aprendido, y ahora puede seguir avanzando.

 

Al oír eso y comprender el mensaje , Elisabeth se liberó de su rabia. La comprensión puede aliviar

 

inmediatamente los dolores más profundos.

 

Una mujer y su hija adolescente participaron en una regresión en grupo en uno de mis talleres, y a ambas

 

las invadió la emoción. Durante una pausa de spués del ejercicio en grupo empezaron a contarse sus

 

recuerdos y reacciones. Se sobresaltaron al descubrir que habían compartido una misma vida, mucho tiempo

 

atrás, en una época más violenta.

 

-Mi hija y yo estamos hoy aquí -contó la madre al grupo, pues l a hija seguía demasiado emocionada para

 

 

 

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hablar-, y estoy bastante segura de que hemos recordado un fragmento de una misma vida anterior durante la

 

meditación. Lo que me ha contado es que ha experimentado una y otra vez, o eso le parecía, que un toro la

 

embestía… o un hombre con cuernos de toro. Y ella veía los cuernos. La embestía una y otra vez.

 

La mujer pasó a hablar entonces de su propia experiencia simultánea.

 

-Cuando me lo ha contado he oído lo de la embestida del toro y me he desatado -relató-. Lo q ue yo he

 

recordado de mi vida anterior es que era prácticamente un vikingo. Tenía pieles y cosas y uno de esos gorros

 

tan pesados en la cabeza, con cuernos. Y entraba en una cueva o una cabaña y se me acercaba un niño y yo

 

le mataba con una espada. Y he vi sto mucho miedo y todo estaba oscuro… y mi hija ha dicho que ella también

 

estaba muy asustada… y que durante la meditación ha sentido dolor, justo donde estaba la herida de la

 

espada. Está claro… De verdad… Cuesta hablar de esto. Más de lo que creía.

 

Tanto la madre como la hija seguían experimentando una profunda reacción emocional ante los recuerdos

 

compartidos de aquella otra vida.

 

Yo comenté que si lo que habían recordado de forma espontánea y simultánea era una vida que habían

 

compartido, aunque hubieran muerto entonces ahora estaban juntas otra vez, y con buena salud. No había por

 

qué sentir culpa o rabia, sólo perdón y amor. Los recuerdos y las vidas que habían compartido demostraban

 

que no existe la muerte, sólo la vida. Les dije:

 

-Parte del p roceso curativo es, además del recuerdo, además de la catarsis, la comprensión de la muerte. Y

 

cuando se tiene, y es así de intensa, empiezas a darte cuenta de que no existe otra muerte más que el

 

abandono del cuerpo. Es como atravesar un umbral, pero se v uelve para poder compensar las cosas, así que

 

no hay que sentirse culpable…

 

La madre me interrumpió.

 

-No, no me siento culpable. Una de las cosas que siempre le he dicho a mi hija es que me gustaba su

 

ferocidad, incluso de niña. Siempre me ha impresionad o mucho. Hace un momento estábamos hablando de

 

eso y me dicho: « ¡La última vez eso me costó la vida!» Pero ahora nuestra relación va muy bien, mejor

 

incluso que antes y tengo a impresión de que todo esto es algo que tiene mucha fuerza.

 

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LA CREACIÓN DE LA CREACIÓN DE RELACIONES DE AMOR RELACIONES DE AMOR Son niveles de aprendizaje distintos, y tenemos que aprender algunos de ellos en carne propia. Tenemos

 

que sentir el dolor. Los espíritus no sienten dolor. Están en una etapa de renovación. El alma se renueva. En estado físico, cuando entran en la carne, sienten dolor; pueden sufrir. En forma espiritual no se siente dolor.

 

Sólo existe felicidad, una sensación de bienestar. Pero es un período de renovación por el que pasamos. En

 

estado espiritual, la relación entre la gente es distinta. E n estado físico, pueden experimentarse las

 

relaciones.

 

Tras nacer en estado físico, nuestra principal fuente de aprendizaje es la relación con los demás. A través de

 

la alegría y el dolor de las relaciones con otras personas, progresamos en nuestra senda espiritual para

 

aprender sobre el amor desde todas partes. Las relaciones son un laboratorio viviente, una prueba sobre el

 

terreno para determinar cómo nos va, si hemos aprendido nuestras lecciones, para descubrir hasta qué punto

 

nos acercamos a nuestro pl an vital predeterminado. En las relaciones se evocan nuestras emociones, y

 

reaccionamos. ¿Hemos aprendido a poner la otra mejilla o contraatacamos con violencia? ¿Tendemos la

 

mano a los demás con comprensión, amor y compasión, o reaccionamos con miedo, ego ísmo o rechazo?

 

Sin las relaciones no lo sabríamos, no podríamos evaluar nuestro progreso. Son oportunidades maravillosas

 

para aprender, aunque difíciles.

 

Estamos aquí en estado físico para aprender y crecer. Aprendemos rasgos y cualidades como el amor, la no

 

violencia, la compasión, la caridad, la fe, la esperanza, el perdón, la comprensión y la conciencia. Tenemos

 

que olvidar rasgos y cualidades negativos, entre ellos el miedo, la rabia, el odio, la violencia, la avaricia, el

 

orgullo, la lujuria, el egoísmo y los prejuicios.

 

Esas lecciones las aprendemos principalmente a través de las relaciones.

 

Puede aprenderse más cuando hay muchos obstáculos que cuando hay pocos o ninguno. Una vida con

 

relaciones difíciles, repleta de obstáculos y pérdidas, presenta mu chas más oportunidades de crecimiento del

 

alma. Una persona puede haber elegido la vida más difícil para poder acelerar su progreso espiritual.

 

En ocasiones un hecho negativo, como perder un trabajo, puede suponer la apertura de una oportunidad

 

mucho mejor. No tenemos que sufrir con anticipación. Es posible que el destino necesite algo más de tiempo

 

para tejer su intrincado tapiz. Además del dolor y de las dificultades, también hay amor, alegría y éxtasis en

 

este mundo. Estamos aquí para vivir en comunidad, para aprender sobre el amor al estar entre otros seres

 

humanos que siguen la misma senda, que aprenden las mismas lecciones. El amor no es un proceso

 

intelectual, sino una energía bastante dinámica que fluye por nuestro interior en todo momento, seamos o no

 

conscientes de ello. Tenemos que aprender a recibir amor, además de darlo. Sólo en la comunidad, sólo en las

 

relaciones, sólo en el servicio a los demás podemos aprender realmente la energía del amor, que todo lo

 

abarca.

 

A lo largo de muchos años he tra tado a innumerables parejas y familias que tenían problemas de relación. A

 

 

 

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algunos les induje regresiones y a menudo descubrimos las causas, arraigadas en vidas anteriores, de los

 

conflictos de sus existencias actuales. Otros necesitaban aprender a comunic arse mejor, y otros a

 

comprenderse mutuamente a niveles más profundos. Algunos tenían que revisar sus valores y prioridades. Y

 

algunos necesitaban una o dos técnicas que les ayudaran a salir de una rutina sofocante, a ponerse en

 

marcha y empezar a cambiar. El tipo de intervención que necesitaban nos quedaba claro pasado un poco de

 

tiempo.

 

Experimentaban un crecimiento y sus relaciones se enriquecían cuando intentaban mejorar sinceramente.

 

Muchas de las sugerencias y de las técnicas que utilizo con mis pacie ntes se basan en una comprensión más

 

profunda y más espiritual de nuestras vidas y nuestros destinos que la de las pautas de la psicoterapia

 

tradicional. He llegado a la conclusión de que nuestros corazones y nuestras almas ansían la psicoterapia

 

espiritual y responden a ella mucho más que ante propuestas puramente intelectuales o mecánicas.

 

Las relaciones son el terreno en el que germina nuestro crecimiento mientras estamos en un cuerpo físico

 

por lo que les ofrezco algunas de mis ideas, sugerencias y técn icas para que les ayuden en sus relaciones, en

 

especial si tienen alguna dificultad en ese aspecto de su vida.

 

Muchas de estas ideas las tuve un día mientras meditaba en las colinas que dominan la ciudad colombiana

 

de Medellín. Les otorgo mucho valor, porq ue me llegaron a la conciencia durante la meditación y percibí la

 

presencia o, al menos, la influencia de los Sabios a mí alrededor, por lo que apenas he tocado nada. Me doy

 

cuenta de que algunos de estos consejos pueden parecer didácticos y difíciles. Sin embargo, los recibí

 

envueltos en una tremenda energía de cariño y compasión. En realidad, los mensajes y la información están

 

repletos de amor y de poder curativo. La experiencia en la aplicación de estos principios con los pacientes que

 

necesitaban mejorar sus relaciones me indica que estas técnicas funcionan de verdad, hacen maravillas.

 

Le presento las siguientes ideas en forma breve y cristalizada; no es conveniente que sólo las lea por

 

encima. Le recomiendo que se tome el tiempo necesario para pensar e n las sugerencias que le conciernan o

 

que tengan algún tipo de eco en su interior o para meditadas. También puede anotar sus reflexiones sobre

 

esas ideas en su diario*.

 

No hay ninguna prisa, no hay que seguir ningún calendario, no hay ninguna evaluación y, desde luego, no

 

hay ninguna competencia entre su pareja y usted, y al decir pareja me refiero a su compañero o compañera

 

sentimental, a su padre, a su madre, a un hijo, a un amigo o a cualquier otra persona con la que mantenga una

 

relación,

 

Espero que le ayuden a amar con más libertad y sin miedo.

 

*He complementado algunas de las técnicas con sugerencias del libro I Will Never Leave You (Nunca te

 

dejaré), de Hugh y Gayle Prather. (N. del A)

 

Aumentar la conciencia del yo y del otro

 

Lo que se me revela es lo que es importante para mí, lo que me incumbe. Toda persona debe

 

preocuparse de sí misma, de convertirse en un todo. Tenemos lecciones que aprender… todos

 

nosotros. Hay que aprenderlas una a una, por orden. Sólo así podremos saber qué necesita la

 

persona que tenemos cerca, qué le falta o qué nos falta a nosotros para ser un todo.

 

Comprenda la naturaleza del yo, del yo verdadero, que es inmortal. Darse cuenta de eso le ayudará a ver

 

siempre las cosas desde la perspectiva adecuada.

 

Conózcase, para pode r ver claramente, sin las distorsiones de la mente consciente o del subconsciente.

 

Practique la meditación y la visualización, la observación distanciada, la percepción tranquila, las sensaciones

 

de amor-cariño desde la distancia o el distanciamiento del amor, Cultive ese estado.

 

Conozca sus ideas y sus suposiciones y dese cuenta de que puede que las haya adoptado sin

 

cuestionárselas.

 

Cuando se generaliza estableciendo grupos o tópicos se hace imposible ver a los individuos por sí mismos.

 

Las suposiciones e rróneas arraigadas en el pasado, como «los hombres Son unos brutos y unos insensibles»

 

o «las mujeres son demasiado sensibles y emotivas» ocasionan una percepción distorsionada de la realidad.

 

La experiencia tiene mucha más fuerza que las creencias. Aprend a de sus experiencias. Lo que ayuda sin

 

hacer daño tiene valor. Descarte las creencias y los pensamientos caducados.

 

La felicidad nace en el interior de las personas. No depende de cosas externas o de otra gente. Cuando

 

nuestra sensación de seguridad y fel icidad depende del comportamiento y los actos de los demás, nos

 

volvemos vulnerables y podemos sufrir con facilidad. Nunca le dé su poder a nadie.

 

Intente no tener demasiado apego a las cosas. En el mundo tridimensional aprendemos gracias a las

 

relaciones, no a las cosas. Todos sabemos que no podemos llevárnoslas con nosotros cuando nos vayamos.

 

Cuando morimos y nuestras almas progresan hasta dimensiones superiores, nos llevamos nuestros

 

comportamientos, nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestro co nocimiento. La forma de tratar a los

 

demás en las relaciones es infinitamente más importante que lo que hemos acumulado materialmente.

 

Además, podemos ganar y perder muchos objetos materiales a lo largo de la vida. En la otra vida no nos

 

encontraremos con nuestras posesiones, sino con nuestros seres queridos. Esta idea debería ayudarle a

 

 

 

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recapacitar sobre sus valores en caso de que sea necesario.

 

Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, de John Gray, es desde hace muchos años todo un éxito

 

de ventas en muchos países. Muchos otros libros, películas y programas de televisión han subrayado también

 

las diferencias entre hombres y mujeres, al parecer insalvables. Existe un abismo entre los sexos que se

 

manifiesta en nuestra forma de pensar y en nuestro com portamiento. No vemos el mundo del mismo modo. La

 

testosterona, la hormona masculina, inclina a los hombres hacia la agresión y la competitividad, en lugar de la

 

cooperación, hacia la «propiedad» del territorio y de la familia. El estrógeno y la progestero na, las hormonas

 

femeninas, parecen fomentar la sensibilidad, la comunicación en lugar de la competición, un menor deseo de

 

agresión y una mayor ansia de protección.

 

La forma en que se educa a los niños y a las niñas aumenta esa asimetría innata y refuerza los muros

 

biológicos que separan a hombres y mujeres. A los niños se les anima socialmente a ser más agresivos, más

 

competitivos, más enérgicos. A las niñas, a ser más pasivas, más comunicativas, más cooperativas. Los

 

padres y los maestros, la sociedad y la cultura, y los medios de comunicación y los publicistas nos enseñan

 

valores distintos.

 

Parece que hay mucho de cierto en todo esto. No puede resolverse ningún problema hasta que se tome

 

conciencia clara de este problema. Pues bien, ya lo sabemos. ¿Y aho ra qué pasa?

 

Está claro que hay que educar a los niños para que sean conscientes de su sensibilidad y la expresen más.

 

Hay que enseñarles a cooperar más y a aprender a comunicarse mejor. A las niñas se las debe educar para

 

que estén más seguras de sí misma s y sean más enérgicas. En líneas generales, hay que modificar más la

 

formación de los niños que la de las niñas, ya que el mundo está sumido hoy en una violencia provocada casi

 

exclusivamente por hombres.

 

Pero ¿qué hay de las diferencias biológicas innata s? ¿Cómo podemos cambiar la biología? ¿Qué podemos

 

hacer con la testosterona? He aquí una metáfora.

 

Las hormonas y determinados factores genéticos hacen que a los hombres les salga pelo en la cara.

 

¿Quiere eso decir que las barbas son inevitables, que todo s los hombres tienen que ir por la vida con largas

 

barbas?

 

Naturalmente, la respuesta es que no. Los hombres pueden decidir afeitarse la barba. Cualquier hombre

 

tiene la opción de afeitarse o no.

 

Las influencias biológicas son tendencias, superables con vo luntad consciente. La testosterona y las demás

 

hormonas impelen, pero no compelen. Del mismo modo que los hombres pueden decidir afeitarse, también

 

pueden elegir no ser violentos, ser menos agresivos, cooperar más y ser más comunicativo s y sensibles.

 

La d ecisión consciente de elegir la senda del amor, no la de la violencia, es el siguiente paso para los

 

hombres.

 

Tras esa elección tenemos otro paso más, que es el despertar a la verdad espiritual de que estamos

 

formados por espíritu y alma, no por cuerpo y c erebro. El alma no tiene sexo, no tiene hormonas, no tiene

 

tendencias biológicas. El alma es pura energía de amor.

 

A medida que nos vamos haciendo conscientes de nuestra naturaleza espiritual, reconocemos nuestra

 

auténtica esencia. Somos inmortales y divin os. Renunciara la violencia, alodio, a la dominación, al egoísmo y a

 

la propiedad de las personas y de las cosas es mucho más sencillo tras ese reconocimiento. Aceptar el amor,

 

la compasión, la caridad, la esperanza, la fe y la cooperación pasa a ser lo más natural.

 

En el transcurso de nuestras muchas vidas se dan algunos cambios de sexo. Todos hemos sido hombres y

 

todos hemos sido mujeres. Aunque creo que tendemos a especializarnos en un sexo o el otro, todos tenemos

 

que hacer, por así decirlo, algunas asi gnaturas optativas como personas del otro sexo. Tenemos que aprender

 

de todas partes. Ricos y pobres. Fuertes y débiles. Budistas, cristianos, judíos, hindúes, musulmanes o de

 

otras religiones. Distintas razas. Y, por descontado, hombres y mujeres.

 

Y así, al final, todos podemos aprender a superar cualquier tendencia biológica negativa para manifestar

 

plenamente nuestra naturaleza espiritual. De forma similar, y por el mismo motivo, todos podemos aprender a

 

superar cualquier enseñanza social o cultural negativa.

 

Algunos se quedan rezagados porque no todos avanzamos a la misma velocidad, aunque recorremos la

 

misma senda. Los que van al frente tienen que mirar hacia atrás, con compasión y con amor, y ayudar a

 

quienes se quedan atrás.

 

Hay que mirar hacia atrás y ayudar, sin esperar recompensa, ni siquiera agradecimiento.

 

Hay que mirar hacia atrás y ayudar, porque eso es lo que hacen los seres espirituales.

 

Recuerdo vívidamente cómo me rescató Marianne Williamson, maravillosa escritora y oradora, cuando

 

estábamos presentando un taller sobre relaciones curativas. El formato era un debate abierto. Habíamos

 

acordado que yo hablara durante diez minutos, luego ella durante otros diez y después abriríamos el debate al

 

público y responderíamos y comentaríamos sus pregun tas durante los siguientes cien minutos. Había unos

 

ochocientos asistentes.

 

Aproximadamente cinco minutos después de empezar mí exposición se levantó una mujer que estaba en las

 

primeras filas y levantó la mano. Su comportamiento me distrajo y le pregunté qué quería.

 

-He venido para participar en un debate, no para oír una lista -me contestó bastante enfadada.

 

Yo había empezado mi intervención de diez minutos con una breve lista de sugerencias que había utilizado

 

Con mis pacientes cuando hacía terapia de pa rejas en la consulta. Son técnicas que ayudaban mucho a la

 

 

 

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gente, y había decidido compartir mi «lista» con los asistentes. Naturalmente, aquella mujer no sabía que sólo

 

iba a hablar durante diez minutos. Quizá temía que mi lista se alargara y ocupara las dos horas.

 

Abrí la boca para explicar cómo habíamos decidido Marianne y yo distribuir el tiempo, pero no tuve

 

oportunidad de decir palabra.

 

Para protegerme, Marianne se puso de pie de un salto, se colocó detrás de mí y, con las manos colocadas

 

firmemente en mis hombros, miró fijamente a aquella mujer, la única levantada entre ochocientas personas.

 

-¿Es que no sabe que los hombres hacen listas? –le preguntó con voz firme. La mujer se dejó caer en el

 

asiento-. ¿Por qué le niega su forma de ser? ¿Por qué se la arrebata?

 

A continuación Marianne hizo una exposición elocuente y apasionada sobre las diferencias entre hombres y

 

mujeres.

 

Le agradecí mucho su defensa. Es posible que los hombres hagamos listas, aunque también las hacen

 

algunas mujeres. Y las mujeres tienden a rescatar, como acababa de demostrar Marianne, pensé en silencio.

 

Quiérase. No se preocupe por las opiniones de los demás. Si de verdad necesita y quiere rechazar alguna

 

oferta u obligación, dígalo. En caso contrario, la rabia se acumulará en su in terior. Se sentirá contrariado por el

 

compromiso y también por la persona que le haya obligado. Es mejor decir que no cuando tenga que hacerlo,

 

Y que sí cuando quiera. Cuando una persona no es capaz de rechazar compromisos no deseados, muchas

 

veces aparecen enfermedades físicas, porque ésa es una forma más «aceptable» de decir que no. En ese

 

caso no hay más medio que decir que no, porque quien lo dice en su lugar es el cuerpo. Es mucho más

 

saludable hacerse valer.

 

Una vez VI escrita en una camiseta una fras e que resume esto con humor: «El estrés es decir que no con la

 

mente y que sí con la boca”.

 

La proyección es la acción psicológica consistente en negar el miedo y las motivaciones inconscientes y

 

después traspasar esos miedos y motivaciones a los demás. Te nga cuidado de no proyectar sus sentimientos

 

ocultos en otras personas o de atribuirles intenciones y propósitos cuando no los tienen. Esa distorsión de la

 

realidad le hace daño a usted y se lo hace también al otro.

 

Por ejemplo, si tiene miedo a que le aba ndonen y poca autoestima, y un día tiene una cita en un restaurante

 

para cenar y su acompañante no aparece, puede decirse: «En realidad no le intereso; me ha plantado porque

 

ha encontrado a otra persona mejor”. Pero lo cierto es que a lo mejor se ha quedado atrapado en un atasco.

 

Comprenda la naturaleza y la influencia de los patrones repetitivos, desde las experiencias de la niñez o

 

incluso desde vidas anteriores. Si no se comprenden, los patrones tienden a repetirse y perjudican inútilmente

 

la relación.

 

En mis libros anteriores he enseñado a reconocer esos patrones repetitivos y a diferenciar los orígenes

 

arraigados en vidas anteriores de los de la existencia actual. En el capítulo dos de este libro, la reacción de la

 

madre de Andrea ante la enfermedad de su hijo recién nacido refleja un patrón de una vida anterior (la

 

reacción ante la pérdida de un ser querido) que se repite en la actual. Patrones como la caída en el alcohol o

 

las drogas para hacer frente a una situación suelen repetirse a lo largo de muchas vidas.

 

En las relaciones, lo mismo que con el alcohol y las drogas, patrones antiguos como la dominación, la

 

manipulación o los abusos pueden resurgir y afectar de forma negativa a los participantes.

 

A veces la regresión a la infancia o a vidas anterior es puede descubrir las verdaderas raíces de un asunto.

 

En otras ocasiones las raíces son superficiales, han surgido en esta vida y lo que nos impide resolver el

 

problema es que dejamos que se entrometa el orgullo.

 

Una de las lecciones más importantes de la vida es aprender a ser independiente, a comprender la libertad.

 

Eso significa tener independencia de los compromisos, de los resultados, de las opiniones y de las

 

expectativas.

 

Romper los compromisos conduce a la libertad, pero eso no quiere decir abando nar una relación de amor

 

importante, una relación que sea alimento para el alma. Lo que quiere decir es terminar con la dependencia de

 

cualquier persona o cosa. El amor no es nunca una dependencia.

 

El amor es un estado absoluto, incondicional y eterno que no exige nada a cambio.

 

Es importante que se quiera y se cuide consecuentemente, por lo que no debe permanecer en una relación

 

destructiva, aunque crea que quiere a la otra persona. Puede que la conexión con esa persona no funcione por

 

los problemas de ell a, por su falta de comprensión o de voluntad propia, pero es importante recordar que el

 

amor es eterno. Tendrá muchas más oportunidades de que le salga bien.

 

Vea a la otra persona con claridad y no la ponga en un pedestal. Sus padres, sus profesores y sus figuras de

 

autoridad son personas como usted. Tienen sus miedos, sus dudas, sus preocupaciones y sus imperfecciones.

 

También tienen sus objetivos, y a veces usted puede ser un títere en sus manos. Considéreles como a iguales,

 

como a hermanos. Sus juicios n o tienen un peso especial. Considere las opiniones que emitan. Tal vez sean

 

sensatas, acertadas. Pero también es posible que sean erróneas.

 

En mis talleres suelo contar la historia de un paciente que tenía por padre a un hombre distante, solitario y

 

autoritario. Era juez y exigía que se le tuviera mucho respeto, que se le pusiera en un pedestal muy alto, no

 

sólo a los que comparecían ante él en el tribunal, sino también a su esposa y a sus hijos.

 

Nunca podía abrazar a su hija ni decide que la quería. Cuando ya había muerto, la chica tenía la sensación

 

de que la relación con su padre había quedado inacabada, sin resolver, pero no lo veía bien: el pedestal era

 

 

 

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demasiado alto.

 

Un día, estando en un estado muy relajado, mi paciente se imaginó en un hermoso jardí n en el que se le

 

apareció su padre, más joven y mucho más sano que en sus últimos días.

 

-Piensa en mí como en un hermano -le indicó con cariño.

 

Aquellas palabras cambiaron completamente el tenor de su relación. Desde entonces pudo considerar a su

 

padre no como a un superior sino como a un igual. Veía tanto sus virtudes como sus fallos de forma mucho

 

más clara y más cómoda.

 

Podía comprenderle y perdonarle.

 

Se dio cuenta de que había estado sosteniendo el pedestal, pero ahora que había desaparecido también s e

 

había desvanecido la distorsión de la realidad que esa proyección provoca siempre.

 

El amor y el perdón llenaron el vacío.

 

A menudo nos tomamos como algo personal las pullas de las personas que nos maltratan, pero por lo

 

general no somos más que los títe res de sus dramas neuróticos personales, e igual les servimos nosotros que

 

otros. Cualquier persona que estuviera en nuestra situación habría recibido el mismo tratamiento. En usted no

 

hay nada especialmente nocivo o destacable por ser negativo.

 

No se fíe de la apariencia de la gente. Las personas más peligrosas suelen tener un aspecto de lo más

 

seductor: fascinantes, divertidas, impulsivas, arriesgadas, que viven al límite. A menudo esos rasgos externos

 

nos ciegan y no vemos el peligro. Aprenda a mirar con el corazón, no con los ojos.

 

El rechazo, es decir la negación de sentimientos, miedos y motivaciones internos, es lo contrario de la

 

conciencia. Si es su caso, es posible que diga y haga cosas que dañen la relación. Cuando haya despertado,

 

cuando se conozca de verdad, no hará daño a la otra persona sin darse cuenta.

 

La creación de relaciones afectivas

 

Cuando mire a los ojos a otra persona, a quien sea, y vea su propia alma reflejada, se dará

 

cuenta que ha alcanzado otro nivel de conciencia.

 

Las relacion es requieren cuidados y atenciones. Aléjese de los miedos y de las emociones negativas.

 

Cuando tenga que hablar o comunicarse, reconsidere sus prioridades. Dedique tiempo y energía a la otra

 

persona. Dedique toda su atención y toda su conciencia a la relac ión y a sus problemas. La relación es más

 

importante que ese televisor, que esa revista, que ese periódico. Elimine las distracciones. Apague el televisor;

 

suelte el periódico.

 

Respete a la otra persona.

 

No dé nada por sentado. No se quede metido en la rut ina que le agobia. Renueve la relación a través de

 

actos de amor. La relación está viva, vive en el presente. No es algo del pasado.

 

Deje que el alma entre en la relación a través de la toma de conciencia y la comprensión. Con ello se

 

fomenta una química q ue permite llegar a procesos más profundos: el alma/el hemisferio derecho del cerebro

 

en armonía con el ego/el hemisferio izquierdo. Las relaciones impregnadas por el alma aportan auténtica

 

alegría a nuestras vidas.

 

Amar completamente, sin reprimir nada, n o es arriesgado. Nunca le rechazarán de verdad. Sólo nos

 

sentimos heridos y vulnerables cuando se mete de por medio el ego. El amor en sí es absoluto y lo abarca

 

todo.

 

A muchos, la idea de amar completamente y sin reservas

 

Puede parecerles arriesgada o inc luso peligrosa. Sin embargo, no hablo de terminar una relación

 

unilateralmente, ni de soportada cuando haya abusos o dolor. Hacerlo no es un acto de amor para usted ni

 

para la otra persona.

 

Aguantar en una relación destructiva no es un ejemplo de amor sin reservas, más que otra cosa puede ser

 

una manifestación de falta de auto estima y de amor propio.

 

La gente puede ser peligrosa, pero el amor no.

 

Tienda la mano con amor y compasión para ayudar a los demás sin preocuparse de qué puede sacar usted

 

a cambio. No importa si ayuda a muchos o a pocos. Los números no cuentan, lo que cuenta es el acto de

 

tender la mano con afecto. A veces, cuando un médico toca a un paciente con compasión y poder curativo se

 

beneficia más que el enfermo. Todos somos médicos del alma.

 

Déjese guiar por el corazón, no por la cabeza. En caso de duda, elija el corazón. Eso no quiere decir que

 

niegue sus propias experiencias y lo que haya aprendido empíricamente a lo largo de los años sino que confía

 

en usted mismo, en que sabrá combinar i ntuición y experiencia. Existe un equilibrio, una armonía que hay que

 

cultivar, entre la cabeza y el corazón. Cuando la intuición es convincente se favorecen los impulsos del amor.

 

Cuanto más escuche esa voz interior tranquila, esa intuición, más clara y p recisa resultará.

 

Confíe. Puede confiar en el amor. Las decisiones concretas pueden parecer perjudiciales, pero el amor no lo

 

es. Cuando vea las cosas con perspectiva, la intención basada en el amor le parecerá clara. Puede que su hijo

 

no comprenda que una inyección de antibiótico s es un acto de amor. Usted está preocupado y no escatimará

 

esfuerzos para protegerle de una enfermedad que quizá sea peligrosa. Para el niño, sin embargo, la inyección

 

puede parecer algo dañino. Pensemos en otro ejemplo más compl ejo: imagínese que tiene que alejar de usted

 

 

 

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a un ser querido porque su relación es destructiva, o porque es toxicómano Y hay que ingresarle por su propio

 

bien, aunque sea en contra de su voluntad. Son simplemente ejemplos de que es necesario ver las cosas con

 

perspectiva antes de juzgar las decisiones o los actos concretos.

 

Como muchos hombres, tiendo a creer que los gestos románticos tienen que hacerse a lo grande, por

 

ejemplo, regalar una joya o flores, o invitar a cenar en un sitio elegante. Sin embarg o, he aprendido que los

 

detalles pueden tener mucha más importancia.

 

Hace muchos años, cuando era residente de Psiquiatría en Connecticut, nuestro hijo Jordán era pequeño y

 

Carole trabajaba media jornada. Muchas veces tenía que trabajar hasta tarde en el h ospital y una noche de

 

verano, en la que hacía mucho calor, salí a las once. Por el camino me paré a comprar dos helados, uno para

 

Carole y otro para mí, y me los llevé a casa. No habíamos tenido oportunidad de hablar, así que no sabía que

 

mi mujer había t enido un día agotador, tanto en el trabajo como en casa. Nos sentamos, nos comimos el

 

helado y pasamos un rato juntos, a esa hora de tanta paz. Después me ha contado que el que pensara en ella

 

y le llevara aquel helado ha sido siempre uno de sus recuerdos preferidos de nuestro amor.

 

Ayude a los demás en el plan y los objetivos de sus vidas. La seguridad en las relaciones procede de los

 

actos de amor del presente.

 

Gánese la independencia. No arrebate autoestima, dinero o confianza en sí mismos a los demás pa ra que

 

aprendan de usted. No tenga una actitud reductora con nadie. La gente no abandona relaciones de auténtico

 

amor a no ser que no sea consciente de ello.

 

En la familia de Carole suelen decir desde hace mucho que el peor pecado es quitarle a alguien el

 

neshumah, Esta palabra yiddish quiere decir que es pecado arrebatarle la alegría a alguien o, más coloquial

 

mente, aguarle la fiesta. La gente lo hace muy a menudo y es algo muy destructivo. A todos nos ha pasado y

 

todos hemos tenido esa sensación de que se nos caía el alma a los pies. A veces un niño que está orgulloso

 

de un dibujo o de haber cantado una canción o de cualquier otro pequeño logro se encuentra con una risotada

 

en lugar de una palmada en la espalda. A los adultos, a veces las críticas de alg uien nos arruinan los

 

momentos de felicidad. Aunque sepamos que los actos y las palabras del otro se deben a los celos, a un

 

complejo de inferioridad o a otras razones, seguimos sintiéndonos desgraciados, como cuando éramos

 

pequeños. Es interesante señalar que la palabra yiddish neshumah significa «alma». El peor pecado es

 

quitarle el alma a alguien.

 

Los siguientes consejos sirven para comunicarse con más compasión y juzgando menos. En realidad son

 

miniejercicios y, si los practica a menudo, sus relaciones mejorarán, y hasta es posible que en gran medida.

 

También en este caso tiene que tomarse el tiempo necesario, pues las sugerencias están cristalizadas, Y sea

 

creativo sin preocuparse, modifique estas técnicas y sugerencias como mejor le parezca.

 

Por ejemplo, el intercambio de papeles puede evolucionar y convertirse en un proceso más formalizado que

 

le permita alcanzar un nivel más profundo de concentración relajada y proyectarse en la mente del otro. Intente

 

ser la otra persona, comprender sus reacciones, s us miedos, sus esperanzas y sus alegrías, Este proceso

 

puede durar lo que le haga falta. No hay límite de tiempo.

 

Dé mensajes verbales positivos. Tómeles las manos a 1 demás más a menudo. Felicíteles de corazón.

 

Todos tenemos que recibir amor, además de darlo.

 

Intente comunicarse sin criticar, sin juzgar, sin intención alguna de herir o dañar. Comunique su amor, su

 

cariño y su compasión. No se comunique para hacer daño o para ganar.

 

Deje de lado el ego y el orgullo, porque no son más que obstáculos. Escuche con atención, con distancia y

 

perspectiva. Convierta el espacio que compartan en un santuario para que el otro pueda hablar sintiéndose

 

seguro.

 

No hable hasta tener algo que decir, en especial algo positivo. No hable reflexivamente. Siempre es mejor

 

estar callado, escuchar, comprender. Descubra qué miedo o miedos subyacen tras su pensamiento o su

 

acción. Mire las cosas con perspectiva y no deje que la rabia o la emoción le distraigan. Deténgase en los

 

temas de fondo, el miedo subyacente que siempre se esconde detrás de los momentos dramáticos.

 

No actúe ni hable nunca movido por la rabia. Las palabras tienen un efecto y un poder duraderos, no se

 

olvidan con facilidad. No deje nunca que el alcohol o las drogas hablen por usted. Nunca pueden cerrarse

 

completamente las heridas provocadas por palabras de rabia u odio.

 

Ganar una discusión puede suponer perderla si se entromete el ego. Hacer cosas que fomenten el amor, la

 

comprensión y la cooperación es ganar de verdad. Si alimenta ideas y emociones negativas (mied o, rabia,

 

culpa, vergüenza, tristeza, ansiedad, preocupación y odio), sea en usted mismo o en el otro, habrá perdido.

 

Deshacerse de la rabia es difícil. Nos sentimos justificados, con superioridad moral, como si se cuestionaran

 

nuestra integridad y nuestro honor, como si se pusieran a prueba. El único examen que hay en esta gran

 

escuela que llamamos humanidad consiste en ver si aprendemos a deshacernos de la rabia y a aceptar el

 

amor. Aferrarse a la rabia sólo sirve para envenenar las relaciones. Siga aman do, aunque el otro esté furioso,

 

aunque se sienta herido, aunque tenga miedo. El amor es algo constante la rabia pasa.

 

Descubra las causas de la rabia, mejore las condiciones y deshágase de ella. ¿Cuánto tarda en deshacerse

 

de

 

 

 

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Hace algunos años traté a un matrimonio en una terapia de pareja. Eran personas inteligentes y

 

perspicaces, y su relación iba bastante bien a gr andes rasgos, pero los buenos ratos que pasaban juntos

 

solían quedar interrumpidos por peleas de gran carga emocional que provocaban rabia y dolor. Se aferraban

 

a la rabia durante días, y esto les producía un gran sufrimiento y una desagradable incomodi dad. Sin embargo,

 

el orgullo les impedía poner punto y final cuanto antes a la disputa, acabar con el sufrimiento antes de que

 

cobrara vida propia.

 

Una vez entraron en la consulta después de llevar peleados una semana. Durante siete días, uno detrás de

 

otro, las cosas más nimias hacían que la rabia, que iba hirviendo a fuego lento, alcanzara el punto de

 

ebullición.

 

Tras unos treinta minutos de terapia, se resolvieron los problemas Y la rabia quedó prácticamente disipada.

 

Como era habitual, el orgullo y el sentirse dolidos habían prolongado la disputa e impedido resolverla antes.

 

Intenté una técnica nueva.

 

-En vuestras peleas, que siempre acaban por resolverse, ¿cuánto tardáis aproximadamente en superar la

 

rabia y hacer las paces? -les pregunté.

 

-Bueno, por lo general unos cinco o seis días -respondió él. Su mujer asintió.

 

-¿Creéis que podríais conseguirlo en tres días? Así aún dispondríais de bastante tiempo para discutir,

 

pasarlo mal y arreglar las cosas. Si podéis hacerlo en cinco días, ¿por qué no en tres? Total, siempre acabáis

 

reconciliándoos.

 

Los dos recapacitaron durante unos instantes y asintieron para indicar su aprobación. Sí, podían estar

 

peleados tres días en lugar de cinco o seis.

 

-Si podéis arreglar las cosas en tres días -proseguí-, ¿por qué no en uno? Seguro que conocéis bien todo el

 

proceso de vuestras peleas, desde el origen hasta la reconciliación, y habéis aprendido todas las herramientas

 

necesarias para resolver vuestras diferencias. ¿No podéis acelerar el proceso y hacerlo todo en un día?

 

Volvieron a considerar la propuesta y volvieron a aceptada. Con un día tenían suficiente.

 

-Bueno -continué-, ¿y por qué no en seis horas?

 

¿No, bastaría? Al fin y al cabo, si podéis reconciliaros en un día, ¿por qué no en seis horas? Pensad en

 

cuánto dolor y cuánto sufrimiento os ahorraríais. Sólo seis horas.

 

Esa idea volvió a parecerles sensata y también la aceptaron.

 

Seguí acortando sus peleas hasta que lo dejamos en una o dos horas. Quedaron en que podían reconocer

 

las causas de la discusión incipiente, d e los sentimientos de rabia, negociar y comprometerse e intentar

 

comprender los sentimientos del otro. Aceptaron hacerlo todo en una hora aproximadamente.

 

Desde entonces, ese proceso abreviado de pelea/rabia/resolución siempre les ha funcionado. Ya se habí an

 

dado de cuenta de que, al fin y al cabo, las discusiones y la rabia siempre terminaban. Ahora, en lugar de sufrir

 

durante cinco o seis días sólo tienen que pasarlo mal durante un rato.

 

Todos podemos aprender a condensar nuestros períodos de rabia en un reconocimiento temprano y una

 

solución rápida. Al final siempre nos deshacemos de la rabia. ¿Por qué aferrarnos a ella y sufrir sin necesidad?

 

Olvídese del pasado. Ya no volverá. Aprenda de él y déjelo en paz. La gente cambia y madura

 

constantemente. No s e aferre a una imagen limitada, desconectada y negativa de una persona en el pasado.

 

Véala como es ahora. Su relación está siempre viva, cambia siempre.

 

Empiece ahora mismo a demostrarle al otro su cariño. No sufra ni se arrepienta de no haber querido a

 

alguien en el pasado. Lo pasado, pasado está. Empiece ahora mismo. Nunca es demasiado tarde para

 

expresar el amor y la compasión.

 

Cuando en 1996 fui a Brasil, una mujer me dijo, muy alterada:

 

-Me siento fatal cuando pienso en la educación estricta y autorita ria que le di a mi hijo mayor cuando era

 

pequeño. Yo era muy joven e inmadura y le eduqué como mi madre me había educado a mí, sin más. ¡Ojalá

 

pudiera volver a empezar!

 

-Quiérale ahora -le repliqué-, quiérale como le gustaría haberle querido cuando era niño.

 

Cuando volví a Brasil en 1997, la vi de nuevo. Estaba contenta con el progreso que había hecho. Meditar

 

habitualmente la había ayudado a alejarse de la parálisis afectiva que le había impuesto la culpa y la había

 

acercado más a su hijo, al que bañaba con todo el amor y la atención que había reprimido en su interior.

 

Imagínese aún más situaciones. Piense que el abismo que le separa de su pareja desaparece y se llena de

 

una energía hermosa. No son icebergs que flotan cada uno por su lado, son el agua que los une. Imagínese

 

esa conexión y siéntala. En determinado nivel, la otra persona la recibirá. Todos estamos conectados unos con

 

otros.

 

Mi mujer y yo llevamos programas de formación intensivos varias veces al año. Durante una de esas clases,

 

Carole trabajó con un hombre que descubrió la esencia del amor. Las palabras que siguen son de la propia

 

Carole.

 

La gente suele preguntarme si he me encontrado con Brian en una vida anterior. He experimentado

 

regresiones para ayudar a superar determinados problemas, pe ro no he buscado en concreto una vida pasada

 

en la que estuviera él. No ha habido otro motivo que la simple curiosidad por experimentar una regresión en la

 

que le encontrara. Para mí es muy poco importante, porque siempre he sentido un amor y una conexión muy

 

 

 

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profundos entre los dos, pero es cierto que ése es un motivo por el que la gente suele querer pasar por una

 

regresión, ver si una persona Importante en su vida actual es alguien que han conocido en una existencia

 

anterior. Arthur era una e esas personas.

 

Era el segundo día de uno de nuestros cursillos de formación profesional y acababa de terminar una

 

presentación. Arthur, un sudafricano de sesenta y pico años, se me acercó y me pidió que le ayudara con un

 

problema que era uno de los motivos por los que se había apuntado al grupo. Le respondí que primero tenía

 

que trabajar dentro del grupo durante unos días y ver qué progresos hacía. Intuía que las respuestas que

 

Arthur andaba buscando se revelarían en las intensas interacciones de grupo e individuales.

 

Al cuarto día Arthur fue a verme y me dijo que, aunque había trabajado con otras personas, seguía habiendo

 

algo que le preocupaba, así que mientras Brian hacía un largo ejercicio de grupo, nos fuimos a otra habitación

 

y empezamos a trabajar a solas.

 

Le pregunté qué quería conseguir. Su madre, a la que quería mucho, había muerto hacía un tiempo. Él tenía

 

cuatro nietos y, aunque adoraba a los cuatro tenía más cariño a una en concreto. Quería saber si aquella niña

 

era la reencarnación de su madre.

 

Decidió hacer una regresión para ver si su subconsciente le llevaba a una vida anterior en la que hubieran

 

estado juntos su madre y él. También me contó que no era una persona muy visual y que creía que algunos de

 

los problemas que había ido teniendo a lo largo de la semana se debían a eso.

 

Tras una inducción relativamente corta, experimentó una regresión y se encontró en Inglaterra después del

 

año 1800. Era un jovencito y estaba a las puertas de su casa, en la que vivía con su familia, aunque no tenía la

 

seguridad de que fuera de su propiedad. Le pedí que entrara. Él sabía que dentro estaban sus padres, pero no

 

podía verlos muy bien. También sabía que tenía hermanos, pero tampoco conseguía distinguirlos con claridad.

 

Así pues, avanzamos un poco y llegamos a una época e n que Arthur estaba en un internado. Veía a un

 

hermano y a una hermana, pero sus padres seguían estando bastante confusos. La vida le iba muy bien a muy

 

bien y era feliz en el internado. Se dio cuenta de que su hermana de aquella existencia era su madre de esta

 

vida, y eso le puso eufórico. Pensó también que su hermano de entonces podría ser su hijo de ahora.

 

Con el tiempo se hizo abogado y fuimos avanzando hasta llegar al día de su boda. Aunque le preocupaba no

 

poder utilizar sus sentidos visuales, Arthur pudo contemplar la escena en detalle. Vio que sus hermanos

 

estaban presentes en la ceremonia, lo mismo que sus padres, aunque seguía sin distinguir sus rostros.

 

Continuaba sin poder reconocerlos, aunque esto no le preocupaba. Le bastaba con el placer de ve r a sus

 

hermanos.

 

La ceremonia fue de maravilla y Arthur se sentía feliz al ver cómo había ido el día. Explicó que no era un

 

matrimonio por amor, sino por conveniencia, Había crecido con aquella chica, y sus familias habían decidido

 

que les convenía ser no vios y casarse. A él le parecía bien, era una buena amiga; era lo mismo que se

 

esperaba de él, que era un buen amigo. Con el tiempo tuvieron varios hijos y Arthur alcanzó el éxito como

 

abogado.

 

Seguimos avanzando hasta el día de su muerte. Arthur acabó con vertido en un anciano, rodeado de su

 

familia, su esposa y sus hijos. Había llevado una vida muy llena. Dijo que el matrimonio había evolucionado

 

hasta alcanzar el amor. Le tenía mucho cariño a su mujer, y tanto ellos como sus hijos habían sido muy felices.

 

No hallamos indicios de conflictos ni traumas en esa existencia. Al contrario, nos encontramos con un anciano

 

que iba apagándose y que murió rodeado por sus seres queridos.

 

Después, según Arthur, se adentró en lo que le pareció «una especie de tornado». Estaba pasando a otra

 

dimensión. Allí Arthur vio a algunos seres queridos, familiares y amigos, esperándole. Los veía, pero sabía que

 

no podía reunirse con ellos hasta haber visto a unos seres que le pidieron que repasara su vida. Tuvo que

 

hacerlo antes de poder seguir adelante. Le pidieron que revisara su vida y que dijera cuál había sido su tema,

 

que concretara cuál había sido la lección de su vida. Tras una breve reflexión, explicó que estaba relacionada

 

con no necesitar una vida fantástica, ni memorable , ni llena de emociones o de grandes hechos para poder

 

sentir satisfacción y amor para dárselo a los demás. Le pareció que aquellos seres quedaban satisfechos con

 

la respuesta.

 

Después pudo reunirse con sus familiares y amigos.

 

Eso le puso eufórico. Recono ció a varias personas. Su hermano estaba entre ellas, pero sus padres no, se

 

encontraban en algún otro lugar. No estaban con aquel grupo. Me pareció interesante porque en aquella vida

 

nunca vio a sus padres con claridad, siempre le parecieron muy confusos.

 

Le pregunté si veía a su hermana. Bajo los párpados, sus ojos buscaron entre la gente y contestó:

 

-No, no está. -Entonces empezó a iluminársele el rostro y añadió -: Ahora viene por ahí. Ya la veo. Sí, sí, es

 

una de nosotros. Está con nosotros.

 

Dejé que disfrutara de su felicidad durante unos instantes y volví a preguntarle qué sucedía.

 

-Bueno, estamos esperando -me contestó -. Ahora sólo tenemos que esperar para decidir cuándo vamos a

 

reencarnarnos, cuándo vamos a volver.

 

Le pregunté quién había por allí y me dijo que había sabios, que estaban ayudándole a decidir qué hacer en

 

su próxima vida. Curiosamente, me explicó que los Sabios sólo aconsejaban si se les pedía; en caso contrario,

 

no imponían su opinión.

 

Le pregunté si podía hacerles preguntas sobre su vida actual. Tras un silencio respondió que sí, que era

 

posible. Le sugerí que intentara descubrir si su nieta era la misma alma que su madre.

 

Arthur permaneció un tiempo en silencio y finalmente dijo:

 

 

 

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-Me han contestado. Han dicho: «¿Querías a tu madre?» Y he respondido: «Sí, la quería mucho”. Y

 

entonces han preguntado: « ¿Quieres a tu nieta?» Y he dicho: «Sí, la quiero mucho, mucho”. Y entonces la

 

respuesta de los Sabios ha sido: «Entonces, ¿tiene alguna importancia si tu nieta fue tu madre?» Y he

 

contestado: «No, no importa nada. El amor que siento por ella es lo que importa. El amor es el amor”. Y parece

 

que esta respuesta les ha gustado.

 

Tras terminar la regresión, Arthur se sintió muy contento. Había decidido no seguir investigando.

 

Nuestras almas exi sten en una corriente de amor energético. Nunca nos separamos realmente de nuestros

 

seres queridos, aunque nos sintamos alejados y faltos de amor. Los reencuentros pueden ser repentinos y

 

espectaculares.

 

Diane fue paciente mía. Es una mujer de treinta y ta ntos años, muy guapa, de pelo y ojos castaños. Aunque

 

es bajita, tiene una personalidad muy fuerte. Es enfermera jefa de una unidad de urgencias de un gran centro

 

médico y todos los días tiene que tomar muchas decisiones sobre cuestiones de vida o muerte, además de

 

dirigir con habilidad a una gran cantidad de enfermeras y técnicos.

 

Por aquel entonces, Diane estaba preocupada porque tenía treinta y cinco años y seguía soltera. Algunos de

 

los hombres con los que había salido se sentían intimidados por ella, i ncómodos por su fuerte personalidad.

 

Aunque la habían pedido en matrimonio varias veces, había decidido no aceptar, no casarse si no había amor

 

y pasión.

 

Estaba buscando un alma gemela, pero por lo visto no había aparecido ninguna. A veces tenía una vaga

 

sensación de culpa y de falta de valía, y también de que no se ‘merecía encontrar el amor y ser feliz.

 

Durante una vívida regresión a una vida anterior, Diane se encontró en Norteamérica, cientos de años atrás,

 

durante las guerras indias. Formaba parte de l os colonos y tenía un hijo de corta edad. Su marido no estaba y

 

la cabaña se encontraba rodeada por un grupo de indios que había salido de cacería. El niño y ella estaban

 

escondidos en un compartimiento secreto construido bajo el suelo.

 

-Mi hijo tiene uno o dos años. Tiene el pelo oscuro y los ojos marrones -me contó-. Es monísimo.

 

Yo presentía que se avecinaba una tragedia mientras ella describía a su hijo y narraba la escena.

 

-Tiene una marca de nacimiento bajo el hombro derecho, con forma de media luna o de espada curvada -

 

prosiguió-. Mi pelo es oscuro y largo y llevo un vestido hecho con una tela sencilla.

 

Le pedí que volviera al escondite, y unos instantes después empezó a sollozar. Le dije que flotara sobre la

 

escena, para distanciarse de ella y obser var desde arriba, como si estuviera viendo una película. Así podía

 

ayudarla a controlar sus emociones mientras seguía describiendo la escena de aquella vida anterior.

 

-Tengo que quedarme escondida ahí o nos matarán. Ése es nuestro plan… Pero el niño está llorando, está

 

llorando. Tengo que ponerle la mano en la boca, no hay manera de que calle.

 

Volvió a romper a llorar.

 

-Está muerto… Lo he matado. No quería hacerlo, pero no dejaba de llorar. Dios mío, Dios mío, ¿qué he

 

hecho?

 

Los indios no la encontraron , pero pasó el resto de su vida atormentada por el dolor y la culpa. Nunca se lo

 

perdonó.

 

Tuvo otros dos hijos en aquella vida que estuvieron a su lado, junto con sus nietos, en los últimos momentos

 

de aquella existencia trágica. Querer a sus hijos y a sus nietos sólo había servido para aliviar ligeramente su

 

culpa, su vergüenza y su mortificación.

 

Murió y pasó a flotar sobre su cuerpo. Habló de una hermosa luz dorada y circular. Dentro de aquel círculo

 

veía los espíritus de los seres queridos que habían mu erto antes que ella, incluidos su marido y sus padres,

 

pero su hijito no estaba entre ellos.

 

No obstante, sintió por fin una paz inconmensurable. De la luz surgía una música, pero no encontró palabras

 

para describirla.

 

 -La luz y la música son tan hermosas que no hay palabras para explicadas. Vienen a recibirme. Vuelvo a

 

casa.

 

Sintió una punzada de tristeza al dejar a sus hijos y a sus nietos, pero la alegría y el placer que encontraba

 

en la luz y en la música eran abrumadores.

 

-No comprenden que no me he m uerto, aunque haya abandonado mi cuerpo. Sigo siendo consciente. La

 

palabra «muerte» se utiliza mal. No me he muerto de verdad, pero eso no lo saben.

 

Tenía razón. Nunca morimos de verdad. Simplemente ampliamos nuestro nivel de conciencia, como si

 

atravesáramos un umbral para pasar a un entorno más luminoso, más vívido, un entorno animado por la luz y

 

la música del amor.

 

Un día, algunos meses después de esa experiencia de regresión, Diane estaba trabajando en el hospital,

 

atendiendo a un hombre de cuarenta y un años que sufría ataques de asma intermitentes. Se sintió atraída

 

hacia él de una forma inexplicable, pero descartó esa atracción mentalmente y prosiguió el examen físico.

 

Los ojos de aquel hombre la miraban fijamente. También él sentía una especie de c onexión antigua con

 

aquella enfermera tan guapa, como si se conocieran. Empezaron a bromear y descubrieron que tenían mucho

 

en común.

 

Diane se puso detrás de él para auscultar sus pulmones. Le colocó el estetoscopio en la espalda, más

 

concentrada en auscul tar que en observar. Cuando vio la marca de nacimiento en forma de media luna que

 

tenía debajo del hombro derecho se quedó sin aliento, le fallaron las rodillas y estuvo a punto de desmayarse.

 

 

 

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Al instante se dio cuenta de que estaba sucediendo algo muy profundo.

 

Diane fue conduciendo la conversación para preguntarle si estaba casado. Mientras, se le iban llenando los

 

ojos de lágrimas de alegría.

 

Estaba divorciado. Su mujer había tenido varios amantes mientras estaban casados y le había dejado hacía

 

años. Se sentía traicionado y su confianza se había resentido. No había vuelto a casarse por miedo a que

 

volvieran a traicionarle. No creía que fuera capaz de soportar otra vez aquel dolor. De repente pensó: « ¿Por

 

qué le estoy contando a esta enfermera cosas tan íntimas y personales? ¿Qué tiene de especial?»

 

Creo que su encuentro no fue casual. Su amor, la relación que habían dejado inacabada en otra existencia y

 

su plan de vida les habían reunido. Sus almas habían programado aquel reencuentro. Hoy están felizment e

 

casados. .

 

Diane ya no se siente culpable ni falta de valía. Nunca he tratado a su marido, aunque quise hacerlo, pero no

 

para comprobar su conexión en otra vida (para eso bastaban el reconocimiento de las almas, la marca de

 

nacimiento y su felicidad en c omún). Están enamorados y el amor no necesita pruebas. Lo que yo quería era

 

ayudarle a aliviar el asma que sufre. Como ya he contado en otros libros, una muerte por asfixia en una vida

 

suele manifestarse como síntomas de asma en otra existencia.

 

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LA ELIM LA ELIM INACIÓN DE OBSTÁCULOS PARA LA FELICIDAD Y LA ALEGRÍA INACIÓN DE OBSTÁCULOS PARA LA FELICIDAD Y LA ALEGRÍA Usted sabe mucho más que los demás. Comprende muchas más cosas. Sea paciente con ellos. No tienen los conocimientos que usted posee. Enviaremos espíritus para que le ayuden, pero lo que está haciendo ya

 

es correcto… Siga así. No hay que desperdiciar esta energía. Tiene que deshacerse del miedo. Ésa será su

 

mejor arma.

 

Todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y Dios está dentro de todos. Nuestra naturaleza

 

básica subyacente se basa en el amor, la paz, el equilibrio y la armonía. Nuestra esencia innata es compasiva,

 

cariñosa y buena. Somos almas.

 

En el transcurso de nuestras vidas va acumulándose un revestimiento de miedo, rabia, envidia, tristeza,

 

inseguridad y muchos otros sentimientos ne gativos que tapa nuestra hermosa naturaleza interior. Esa

 

envoltura se intensifica y se refuerza debido a la educación y a las experiencias de nuestra niñez en la vida

 

actual. Parecemos lo que no somos: personas furiosas y temerosas, llenas de sentimiento de culpa e

 

inseguridad. Nos hemos olvidado de quiénes somos en realidad.

 

No nos hace falta aprender qué son el amor y el equilibrio, la paz y la compasión, el perdón y la fe. Los

 

conocemos desde siempre. Nuestra tarea es, por el contrario, olvidar esas emo ciones y actitudes negativas y

 

dañinas que asolan nuestras vidas y nos producen tanto sufrimiento a nosotros, a nuestras comunidades y a

 

nuestro mundo. Al ir deshaciéndonos de esos rasgos negativos, quién lo iba a decir, redescubrimos nuestra

 

auténtica nat uraleza, nuestro yo positivo y amoroso. Siempre ha estado ahí, pero tapado, oscurecido y

 

olvidado.

 

Cuando retiramos las capas exteriores de residuos e inmundicia, las ideas y las emociones negativas,

 

cuando limpiamos y pulimos el revestimiento exterior, po demos vislumbrar de nuevo los auténticos diamantes

 

que en realidad somos. Somos almas inmortales y divinas y estamos recorriendo un camino. En el fondo,

 

siempre hemos sido diamantes.

 

Deshacerse del miedo, la rabia y demás emociones negativas es importante, no sólo para el bienestar

 

espiritual sino también para una buena salud física. Actualmente está muy extendida la idea de que el estrés

 

mental (que comprende las emociones negativas, como el miedo, la rabia, la ansiedad crónica y la depresión)

 

es una de las principales causas de enfermedad y muerte en el mundo. El cuerpo está íntimamente ligado a la

 

mente, por lo que los estados de ánimo y las emociones se traducen fácilmente en síntomas físicos. El amor

 

puede curar; el estrés puede matar.

 

The New England J ournal of Medicine, considerada como la mejor revista médica de Estados Unidos,

 

publicó un importante artículo en enero de 1998 en el que detallaba el daño multisistemático que puede

 

provocar el estrés en el cuerpo humano.

 

En el artículo se afirma que el estrés produce la liberación de un complejo sistema de hormonas y otras

 

sustancias químicas en el organismo. Cuando esas hormonas no se des activan rápidamente, cuando el estrés

 

persiste y el cuerpo sigue produciendo esas sustancias químicas, muchos órgano s del cuerpo quedan

 

expuestos a consecuencias negativas. El estrés provoca cambios en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y

 

los niveles de azúcar en la sangre y también la secreción de cortisol, una potente hormona esteroide natural.

 

El estrés altera a simismo la secreción de ácido gástrico, adrenalina y otras sustancias químicas cuya

 

producción sólo debería acelerarse en períodos concretos y cortos. Lo peor de todo tal vez sea que el estrés

 

deprime el funcionamiento natural de nuestro sistema inmunitari o y reduce la capacidad de lucha contra

 

infecciones y enfermedades como el cáncer y el sida.

 

El artículo concluye que el estrés crónico produce cambios fisiológicos perjudiciales, y que entre esos

 

problemas pueden encontrarse la resistencia a la insulina, las enfermedades cardíacas, la pérdida de

 

memoria, la disfunción del sistema inmunitario y la disminución de la densidad de los huesos (la osteoporosis,

 

 

 

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que produce debilidad de los huesos y aumenta el riesgo de fractura).

 

Uno de los investigadores médicos citados en el artículo afirma: «Los médicos y demás trabajadores del

 

sistema sanitario pueden ayudar a los pacientes a disminuir [el riesgo de padecer esos problemas

 

relacionados con el estrés si les enseñan a sobrellevar las situaciones, a reconocer sus propias limitaciones ya

 

relajarse”.

 

Dean Ornish, el excelente cardiólogo que abrió nuevos caminos con el estudio de los efectos del estrés

 

sobre las enfermedades cardíacas y el cáncer de próstata, y que ha publicado recientemente el libro Love &

 

Survival: The Scientific Basis for the Healing Power of Intimacy (Amor y supervivencia: la base científica del

 

poder curativo de la intimidad), asegura: « [Abrir el corazón] tiene muchísima relación no sólo con la calidad de

 

vida sino también con su cantidad, es dec ir, con su duración. [...] La soledad y el aislamiento aumentan el

 

riesgo de enfermedad y de muerte prematura por cualquier motivo, entre un doscientos y un quinientos por

 

ciento. [...] Cuando nos sentimos solos tendemos a comer en exceso, trabajar demasia do, beber más de la

 

cuenta, abusar de las drogas o caer en conductas autodestructivas como ésas”.

 

Según Ornish, «del amor y de la intimidad depende que enfermemos y nos mantengamos sanos, que nos

 

pongamos tristes y que nos alegremos, que suframos y que nos curemos. [...] Que yo sepa, no hay otro factor

 

en la medicina (ni la dieta, ni el tabaco, ni el ejercicio, ni el estrés, ni la genética, ni los fármacos, ni la cirugía)

 

que tenga más efecto en nuestra calidad de vida, en la incidencia de las enfermedades y en la muerte

 

prematura por cualquier motivo».

 

A título personal, Ornish ha comentado que, para él, alcanzar la salud emocional «no pasó por encontrar a la

 

persona que quería, sino por ser la persona que quería».

 

Los objetivos son deshacerse de los pensam ientos y las emociones negativos y descubrir la paz, la alegría y

 

la felicidad interiores. Una vez conseguidos, la vida es mucho más placentera. Se progresa con más

 

conciencia por el sendero espiritual de cada uno y el alma se manifiesta dentro de un cuerp o físico que está

 

infinitamente más sano y es mucho más resistente a las enfermedades. Qué combinación tan maravillosa.

 

Aunque siga sopesando y considerando las lecciones y las implicaciones espirituales, no cabe duda de las

 

ventajas físicas que puede obtener gracias a las técnicas y las actitudes que se describen aquí. Esas ventajas

 

para la salud son razones prácticas de mucho peso para seguir las sugerencias de este libro. Y por el camino

 

irá acumulando ventajas espirituales. No tiene nada que perder y sí todo que ganar.

 

Deshacerse de la rabia

 

La rabia está arraigada en los juicios. Clasificamos a los demás de acuerdo con nuestra fantasía, con

 

normas que elegimos y les aplicamos. Es posible que ellos ni siquiera sepan cuáles son, pero eso no nos

 

importa.

 

Muchas veces la gente se enfada con nosotros porque defraudamos sus expectativas. Pero es posible que

 

esas expectativas sean totalmente quiméricas y que por mucho que lo intentásemos no podríamos

 

satisfacerles.

 

Una paciente mía me contó que su madre estab a muy molesta porque de pequeña su hija no era rubia. Qué

 

cosa tan triste. Las heridas infantiles provocadas por las expectativas irrazonables de los padres pueden ser

 

difíciles de curar. Hay que darse cuenta de que los padres se engañaban, de que tenían u na idea equivocada,

 

yeso no debe hacerse simplemente desde la cabeza o el intelecto. El descubrimiento tiene que ser algo

 

visceral, algo que salga del corazón.

 

Hágase las siguientes preguntas con tranquilidad, y sin juzgar ni criticar sea consciente de las ideas, las

 

sensaciones y las imágenes que vayan surgiendo.

 

¿En qué fueron irrazonables sus padres al exigirle y esperar cosas de usted? ¿Fue usted alguna vez un

 

títere de los intereses tergiversados de sus padres? ¿Vivían a través de usted? ¿Le utilizaban para

 

impresionar a otras personas, por ejemplo, a sus amigos, sus hermanos o sus padres?

 

La preocupación excesiva por las opiniones de los demás puede indicar que le utilizaron para esos fines. Lo

 

ideal sería que no importara tanto lo que piensen de usted los demás como el saber que está haciendo lo que

 

debe, buscando su verdad personal, dando pasos guiados por la compasión. Deje a un lado esa dependencia

 

y libérese.

 

La culpa es un tipo de autorrabia, de rabia dirigida hacia dentro. Sucede cuando nos desil usionamos a

 

nosotros mismos, cuando defraudamos las expectativas de nuestro yo idealizado.

 

La rabia es una defensa del ego, una defensa contra el miedo a ser humillados o a pasar vergüenza, el

 

miedo a que no nos tengan en consideración, a que se rían de no sotros, el miedo a quedar desprestigiados, el

 

miedo incluso a la pérdida. El miedo de no conseguir lo que queremos. Creemos que la rabia nos «protege» de

 

los demás, de quienes podrían hacemos esas cosas, de quienes también nos demuestran rabia.

 

La rabia es una emoción perjudicial, nociva e inútil.

 

Se disuelve a base de comprensión y amor.

 

Cuando una emoción negativa se comprende, cuan: do se arroja luz sobre sus raíces, la energía que esta

 

detrás disminuye y acaba desapareciendo. Cuando nos enfadamos, la re spuesta saludable es descubrir qué

 

ha provocado la rabia, rectificar la situación si es posible Y deshacemos de esa emoción.

 

Todos estamos conectados. Todos somos lo mismo. Todos remamos en la misma galera.

 

Tras la rabia suele haber tristeza, como si la ir a fuera una capa protectora para la vulnerabilidad y la

 

 

 

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desesperación. ¿Se ha dado cuenta de que la gente que está enamorada se enfada mucho menos? Da la

 

impresión de que están en un nivel en el que la rabia no tiene lugar. Y tampoco cabe la tristeza. El n ivel del

 

amor es de otro tipo, y no acoge ni la rabia ni la desesperación.

 

Cuando nos enfadamos creamos sustancias químicas dañinas en el cuerpo que afectan negativamente a las

 

paredes estomacales, a la presión arterial, a los vasos sanguíneos del corazón y de la cabeza, a las glándulas

 

endocrinas, al sistema inmunitario, etcétera. Si averiguásemos la causa de la rabia y pusiéramos remedio a la

 

situación que la origina, las cosas nos irían mucho mejor.

 

Sin embargo, seguimos aferrándonos a la rabia, a pesar de sus consecuencias físicas y emocionales.

 

Somos una especie testaruda.

 

Los medios de comunicación nos proyectan a personas furiosas como modelos de conducta. Rambo

 

siempre estaba de mal humor. No sé si llegó a sonreír alguna vez. Harry el Sucio, y al par ecer la inmensa

 

mayoría de policías, soldados y demás héroes de película, están envueltos en rabia. Incluso el capitán Kirk de

 

Star Trek estaba enfadado permanentemente.

 

Su rabia suele presentarse como algo justificado. Alguien ha actuado mal y es lógico q ue estén furiosos; que

 

maten, incluso.

 

Estas representaciones no nos hacen ningún favor. La rabia debería evitarse, no fomentarse.

 

La rabia nos lleva a proyectar nuestros miedos en «el otro» La rabia engendra violencia, guerras y un dolor

 

extraordinario. La rabia nos destruye, de dentro afuera y de fuera adentro también, sea mediante las

 

secreciones químicas y hormonales de nuestro propio cuerpo o mediante la bala que dispara el enemigo.

 

La comprensión y el amor disuelven la rabia.

 

He observado que si algu ien me corta el paso cuando voy conduciendo por Miami, que es donde vivo, me

 

enfado. Pero cuando estoy de vacaciones en una isla del Caribe y me hacen lo mismo, no pasa nada. Mi

 

perspectiva varía cuando estoy de vacaciones y no me tomo la mala educación ta n a pecho. Pero la rabia no

 

es algo geográfico: El cambio se produce en mi interior. Lo mismo podría suceder en Miami.

 

Deshacerse del miedo y abrir la mente

 

 Igual que se relaciona con los demás, se relaciona con usted mismo. Ha vivido en muchos cuerpos y en muchas épocas. Pregúntele a su yo actual por qué tiene tanto miedo. ¿Por qué le da miedo asumir riesgos

 

razonables? ¿Le da miedo su reputación, lo que piensen los demás? Esos miedos están condicionados

 

desde la infancia e incluso desde antes.

 

Hágase las siguientes preguntas. ¿Qué puedo perder? ¿Qué es lo peor que me puede suceder? ¿Me

 

resigno a vivir así el resto de mi vida? Ante la perspectiva de la muerte, ¿es esto tan arriesgado?

 

Los muros que levantamos a nuestro alrededor cuando nos sentimos amena zados emocionalmente son

 

muros de miedo. Nos da miedo que nos hagan daño, que nos rechacen, que nos hagan el vacío. Nuestra

 

vulnerabilidad nos amenaza y nos refugiamos tras un muro para no sentir. Nuestras emociones quedan

 

reprimidas.

 

A veces incluso recha zamos a la persona o a las personas que nos amenazan antes de que puedan

 

rechazamos. Nos adelantamos. Este tipo de autoprotección se conoce como defensa contrafóbica. Por

 

desgracia, los muros que levantamos nos hacen más daño que cualquier persona.

 

Nuestros muros nos aíslan, nos cierran el corazón, nos empeoran. Cuando nos encerramos entre ellos,

 

cuando nos separamos de nuestras emociones y nuestros sentimientos, resulta imposible llegar al origen de

 

nuestro sufrimiento, de los miedos y las inseguridades su byacentes. No podemos comprender las verdaderas

 

raíces de nuestros problemas. No podemos curamos; no podemos estar completos.

 

 La experiencia va más allá de las creencias. Enséñeles a experimentar. Elimine sus miedos. Enséñeles a

 

quererse ya ayudarse mutua mente.

 

Cierre los ojos y respire hondo varias veces. Deje que se derrumben los muros que le aíslan. Examine sin

 

juzgar, sin criticar, sin sentimiento de culpa, lo que subyace bajo el muro. ¿Cuál es el miedo? ¿De qué está

 

protegiéndose?

 

¿Qué puede hacer pa ra no tener ese miedo? ¿Cómo puede volver a estar completo? Cuando haya

 

comprendido de verdad el miedo y sus orígenes, verá cómo se disuelve.

 

Su corazón volverá a abrirse. Se sentirá feliz.

 

En una gran regresión en grupo, Mike experimentó su primer recuer do de una vida anterior. En aquella

 

existencia había sido un líder religioso muy cultivado y se había visto disertando sobre los aspectos

 

masculinos y femeninos de Dios. Después había querido descubrir más sobre su vida anterior y averiguar si

 

podía recordar más cosas sobre sus conocimientos religiosos. En esa ocasión trabajamos de forma individual,

 

los dos solos, y grabamos la sesión. Como ya he escrito en otros libros, parece que la mente subconsciente

 

tiene sus propios objetivos, que posee voluntad propi a. Muchas veces no responde a mis sugerencias ni

 

tampoco a los deseos del paciente. Va a donde tiene que ir, no siempre necesariamente a donde queremos

 

que vaya.

 

 

 

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Así pues, estando en un trance profundo, Mike se vio en otra vida en Inglaterra, hace muchos s iglos.

 

Regresaba de una guerra. Seguramente tenía que aprender lecciones de aquella existencia antigua, lecciones

 

que quizás eran más importantes que el contenido más intelectual de la vida del teólogo de la primera

 

regresión.

 

-Estoy en la parte exterior d e una muralla que llega hasta el campo. Al otro lado de la muralla hay un gran

 

árbol. Acabo de llegar a casa, supongo que de una guerra…, porque estoy contento de haber vuelto, de volver

 

a ver esta tierra…, y a mi amigo. Está al otro lado de la muralla . Siempre íbamos hasta el árbol, nos

 

sentábamos y hablábamos de la vida y de lo que íbamos a hacer cuando fuéramos mayores, y de lo que

 

podíamos hacer con las cosas que pasaban. Está esperándome.

 

-¿Lo ves? -pregunté.

 

-Tiene el pelo castaño… y pómulos pronunciados.

 

Bueno, en realidad tiene la cara delgada, no es que tenga los pómulos pronunciados, pero se le ven.

 

Muy a menudo me impresiona la cantidad de detalles y la claridad que se observa durante las regresiones.

 

Mike siguió describiendo a su amigo.

 

-y es bastante esbelto pero no flaco, y lleva… no sé, ropa bastante ajustada. Y un arco y flechas.

 

-¿Para qué es el arco?

 

-Bueno, para cazar… Para los ciervos… Y supongo que también para protegerse, porque acabo de volver de

 

la guerra.

 

-¿Qué guerra? -quise saber.

 

-Una guerra en la que utilizábamos arcos. Yo también llevo uno. También tengo una cuerda con dos piedras

 

para lanzar, una en cada extremo… Mis armas.

 

-¿Y cómo te sientes al volver a casa tras esa guerra? -¡De maravilla! -respondió Mike inmedi atamente-.

 

Porque no me he… Porque estoy vivo, y puedo volver y ser feliz otra vez con mis amigos. Tengo padre y

 

madre. Y puede que una hermana, no estoy seguro.

 

Le pedí que avanzara en el tiempo para descubrir qué le había pasado a aquel joven que estab a tan feliz de

 

regresar de la guerra.

 

-Vivo en un castillo en la colina y está… Está desierto. Se llevaron al sheriff, nos quitaron la tierra cuando no

 

estábamos. Mi madre está muerta y mi padre, prisionero no sé dónde.

 

-¿Qué te pasa a ti? ¿Qué haces aho ra? -le pregunté. -Estoy muy cansado de luchar. Supongo que tengo

 

que hacer lo que se espera de mí. Supongo que dependen de mí, de que vuelva y les ayude.

 

Le pedí que avanzara aún más, hasta el final de esa vida.

 

-Estamos de celebración, porque todo es com o tenía que haber sido cuando volví a casa. Y ahora todo el

 

mundo está muy contento, todo el mundo tiene lo que debería tener y han restaurado el gobierno. Todo ha

 

vuelto a su sitio y estoy de nuevo con mi padre y con mi amigo. Mi amigo y yo nos vamos a se ntarnos en la

 

colina Otra vez.

 

Así terminó su vida, con esa alegría. Mientras flotaba sobre su cuerpo tras su muerte en esa existencia, le

 

pregunté si había aprendido alguna lección en esa vida.

 

Contestó en un tono tranquilo, distendido.

 

-El honor es muy i mportante. Hay que cumplir con el deber y no tener miedo y… hay que confiar en que todo

 

acabará saliendo bien si hacemos lo que nos dicta el corazón. Y también he aprendido lo importante que es la

 

amistad.

 

Esos conceptos eran importantes para Mike y lo s on para todos nosotros. Hay que ir a donde el corazón nos

 

lleve y no tener miedo. El miedo nos impide comprender y seguir nuestro destino. Aunque a veces parece que

 

las cosas no salen bien en un nivel manifiesto, físico, en el espiritual siempre salen bien y en el físico también,

 

tarde o temprano: si no es en esta vida, será en la siguiente.

 

Si tenemos la mente cerrada, no podemos aprender nada nuevo. Las mentes cerradas rechazan cualquier

 

novedad, todo lo que entre en conflicto con creencias arraigadas, c reencias que pueden ser falsas. Se han

 

olvidado de que la experiencia es más fuerte que las creencias. El miedo es la fuerza que mantiene cerradas

 

las mentes. Sólo las mentes abiertas pueden recibir y procesar nuevos conocimientos.

 

Yo había tenido la mente muy cerrada antes de mis experiencias con Catherine, así que sé lo difícil que

 

puede ser dejar que se abra a nuevas posibilidades. Le he pedido a Carole que escriba el siguiente texto para

 

ilustrar cómo mi mente bloqueó una importante vía de comprensión entre nosotros.

 

Las siguientes palabras son de Carole.

 

Llevábamos casados algo menos de dos años cuando llamaron por teléfono para decirnos que mi padre

 

había muerto de un infarto repentino. Hicimos las maletas corriendo y tomamos el coche para ir desde

 

Connecticut, donde vivíamos, a la casa de mis padres, en Pensilvania, a más de trescientos kilómetros de

 

distancia. Aunque mi padre tenía antecedentes de afecciones cardíacas, sólo tenía cincuenta y tres años y su

 

muerte fue una sorpresa para todos.

 

Era una persona sociable y carismática, y la casa se llenó a rebosar de amigos y gente del trabajo durante la

 

semana del luto.

 

Tras el entierro, Brian regresó a la Facultad de Medicina y yo me quedé con mi madre durante una semana,

 

más o menos. Mis padres tenían un a casita encantadora en Cape Codo Había dos teléfonos, uno abajo, en un

 

pasillo, junto al dormitorio de mis padres, y el otro en la habitación de arriba, donde dormía yo, en una mesita

 

 

 

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que estaba algo separada del pie de la cama. Unos días después de que s e fuera Brian me despertó el timbre

 

del teléfono de mi dormitorio. Contesté enseguida y oí la profunda e inconfundible voz de bajo de mi padre.

 

-Hola, ¿cómo está todo el mundo? -preguntó. -Estamos muy tristes, papá -le contesté, aturdida -, porque te

 

has muerto, pero creo que todo se arreglará.

 

Luego me preguntó qué había decidido hacer mi madre con la tienda. Mi padre tenía una tienda de

 

desguace de metales. Mi madre estaba totalmente desvinculada del funcionamiento del negocio. La verdad es

 

que casi nunca iba por allí. Sin embargo, estaba tan triste que no podía desprenderse de nada de su querido

 

Benjy y había decidido intentar sacado adelante. Se lo conté a mi padre y añadí que varios de sus amigos (que

 

tenían tiendas del mismo ramo) iban a ayudarla con su s consejos. Me pidió que le comunicara que hiciera lo

 

que quisiera: él no necesitaba que siguiera con el negocio.

 

Y después añadió:

 

-Diles que les quiero y que estoy bien. No volveréis a saber de mí.

 

Colgué el teléfono con la cara llena de lágrimas. Estaba totalmente despierta y, aunque había sido algo muy

 

raro, sabía que acababa de hablar con mi padre de verdad. Oír su voz me reconfortó, pero me dio pena pensar

 

que no volvería a escucharla.

 

A la mañana siguiente les pregunté a mi madre y a mi hermana si ha bían oído el teléfono. Ninguna de las

 

dos había oído nada, y me resistí a contarles mi experiencia. Entonces mi madre dijo que mientras dormía

 

había tenido la impresión de que alguien le escribía «Te quiero» en el dorso de la mano. Cuando salían, al

 

cine a cenar o por ahí, mi padre muchas veces le escribía esas dos palabras a mi madre en la mano sin que

 

nadie se diera cuenta. Ella sabía muy bien que él había ido de visita durante la noche. Entonces fue cuando

 

les di su recado.

 

Regresé a Connecticut unos día s después. Aunque seguía dándole vueltas al recuerdo de aquella llamada,

 

no le conté nada a Brian. Le repugnaba cualquier cosa que sonara mínimamente a fenómeno paranormal. Lo

 

que había pasado era tan importante para mí que pensé que no podría soportar sus explicaciones racionales.

 

Ése fue el único secreto de nuestra relación.

 

Tuvieron que pasar varios años para que, poco después de la experiencia de Brian con Catherine, le contara

 

lo que había vivido aquella noche. Por aquel entonces ya había reunido un mo ntón de obras relacionadas con

 

esos temas y, tras escucharme con atención, tomó un libro de la estantería y me enseñó el título: Llamadas

 

telefónicas de los muertos.

 

En noviembre de 1992 leí que la Iglesia católica había exonerado por fin a Galileo por su «herejía

 

execrable»: asegurar que la Tierra no era el centro del sistema solar. La investigación sobre su figura, que

 

culminó con su exoneración, había durado doce años y medio.

 

Me quedé algo sorprendido, porque tenía la impresión de que ya había quedado absuelto en 1772, cuando

 

sir Isaac Newton demostró que Galileo tenía razón.

 

Pues no. Resultó que trescientos sesenta años después de su descubrimiento seguía cuestionado. ¿Cuánto

 

tiempo tardan las mentes en abrirse?

 

Un amigo observó que Galileo había muerto aproximadamente un año antes de que naciera Newton.

 

-Qué interesante -le contesté-. ¿Y si Galileo se hubiera reencarnado en sir Isaac Newton para demostrar que

 

tenía razón? Habría tenido una gran motivación para hacerlo.

 

Mi amigo añadió:

 

-¿y si ahora hubiera vuelto convertido en papá para exonerarse?

 

Tiene que erradicar los miedos de sus mentes.

 

La presencia del miedo es un derroche de energía.

 

Les reprime y les impide hacer lo que se les encar gó cuando fueron enviados aquí… Los

 

problemas sólo existen en la superficie. Tiene que dirigirse al fondo de sus almas, donde se crean

 

las ideas.

 

Durante una pausa en un taller que organicé en Suramérica, una mujer me pasó una nota. Trata de la

 

superación de los miedos y por eso la incluyo.

 

Siempre he «sabido» y «visto» que me moriría a los cuarenta y dos años. Una amiga a la que se lo conté me

 

recomendó su libro Muchas vidas, muchos Sabios, porque cuanto más me acercaba a esa edad, más miedo

 

tenía por mi experiencia «vívida» de esa muerte.

 

Mientras leía el libro iba parando de vez en cuando porque no hacía más que visualizar ese «sueño»,

 

además de otros que también me atormentaban. Cuanto más leía, más respuestas descubría. Cada vez que

 

comprendía un párrafo me sentía algo más relajada, hasta que finalmente me di cuenta de que mis sueños

 

atormentados eran recuerdos de vidas anteriores.

 

Cuando vi a mi amiga después de leer su libro, lo primero que me dijo fue que tenía el aspecto de haberme

 

librado de una carga muy pesada.

 

Me quedan dos meses para cumplir los cuare nta y dos años y llevo una carga mucho menos pesada.

 

Gracias.

 

 

 

 

 

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Una mujer me contó una extraordinaria experiencia cercana a la muerte que había tenido unos cuantos años

 

antes. Algún tiempo después apareció como invitada en un programa especial de su televis ión local sobre ese

 

tipo de experiencias. En el espacio describió detalladamente su experiencia, muy personal y emotiva.

 

Otro de los invitados, un psiquiatra que hacía las veces de «experto» escéptico, invitado para aportar

 

equilibrio al grupo de asistente s, le replicó en tono autoritario que su experiencia no era ni real ni válida, sino

 

una simple reacción química del cerebro.

 

-Qué arrogante -le comenté furioso cuando me contó la historia -. No sabe nada sobre las ricas imágenes

 

visuales que vio usted, nada sobre lo mucho que se emocionó, nada sobre la importancia de los mensajes que

 

recibió, y sin embargo descarta toda su experiencia calificándola de reacción química.

 

-No -me corrigió en voz baja-. Tenía miedo. Era miedo, no arrogancia.

 

Estaba en lo cierto, por supuesto. La arrogancia no es más que otra cara del miedo. Sin miedo no habría

 

necesidad de arrogancia. Para mí fue una lección importante, y dejé que mi juicio se evaporara ante el

 

conocimiento.

 

Desprenderse de la inseguridad

 

«Recuerde -dijo la voz-. Recuerde que siempre es querido. Siempre está protegido y nunca se encuentra solo… También es un ser de luz, de sabiduría, de amor… Nunca le olvidarán. Nunca le pasarán por alto ni

 

dejarán de hacerle caso. Usted no es su cuerpo; no es su cerebro, ni siquiera su mente. Es un espíritu. Lo

 

único que tiene que hacer es despertar al recuerdo, recordar. El espíritu no tiene límites, ni el del cuerpo

 

físico ni el del alcance del intelecto o de la mente”.

 

Uno de nuestros grandes fallos es esa extraordinaria preocupación por los resultados. Le damos muchas

 

vueltas a cómo van a salir las cosas, yeso crea una ansiedad, un miedo y una infelicidad innecesarios.

 

La ansiedad está relacionada con nuestro rendimiento. ¿Y si no estamos a la altura? ¿Y si fallamos? ¿Q ué

 

pensarán los demás? ¿Con qué severidad nos juzgaremos?

 

El miedo tiene que ver con la pérdida de la meta o el objeto deseados. Tenemos el convencimiento de que si

 

fallamos no conseguiremos lo que perseguimos. Seremos unos fracasados, unos perdedores. Nos rechazarán.

 

Nos odiaremos.

 

En lugar de preocuparse por resultados concretos, haga lo que tenga que hacer. Tienda una mano sin

 

egoísmo. Confíe en que todo va a salir bien.

 

La esperanza es algo bueno, pero no lo es crearse falsas expectativas, porque en ese caso el desengaño

 

está siempre a la vuelta de la esquina.

 

Una mañana, mientras meditaba, apareció de repente en mi mente un mensaje muy claro y bien definido:

 

«Amaos los unos a los otros con todo el corazón y no tengáis miedo, no os reprimáis. Cuanto más deis, más

 

recibiréis a cambio”.

 

Usted anhela la ilusión de seguridad, en lugar de la seguridad de la sabiduría y del amor.

 

El dinero es algo neutro, ni bueno ni malo. Lo importante es lo que hacemos con él. Con dinero podemos

 

comprar ropa y comida para l os pobres o podemos decidir utilizarlo con egoísmo y desperdiciar la oportunidad.

 

Podemos elegir, y al final aprenderemos todas las lecciones.

 

El dinero y la seguridad no son lo mismo. La seguridad sólo puede surgir del interior. Es un rasgo espiritual,

 

no terrenal. El dinero es algo terrenal, algo que no podremos llevarnos cuando nos marchemos.

 

Podemos perderlo todo de un día para otro, si ésa es nuestra lección o nuestro destino. La seguridad deriva

 

de la paz interior y del conocimiento de nuestra esencia auténtica, que es espiritual. En realidad nada puede

 

hacemos daño, porque somos inmortales y eternos, porque somos seres espirituales, no cuerpos físicos,

 

porque siempre hay quien nos ama y nos protege, porque no estamos nunca solos, porque Dios y todo un

 

ejército de seres amorosos nos protegen siempre, porque todos tenemos la misma esencia. Así pues, no hay

 

por qué tener miedo. Esta verdad es el secreto de nuestra seguridad y de nuestra alegría.

 

«Amaos los unos a los otros con todo el corazón y no tengáis miedo, no os reprimáis. Cuanto más deis, más

 

recibiréis a cambio”.

 

La regresión de Tom a la Inglaterra del siglo XIX fue muy rica en detalles. Aunque describió lentamente y a

 

conciencia cómo era él, cómo eran su casa y sus circunstancias, me di cuenta qu e era consciente de mucho

 

más de lo que ponía en palabras.

 

En su vida actual le atormentaba un miedo irracional a la pérdida.

 

También en aquella vida anterior en Inglaterra había detectado una inseguridad. Describió una zona

 

exuberante de la campiña con colinas ondulantes y árboles viejos.

 

-Tengo unos cuarenta y pico años y soy terrateniente, aunque no pertenezco a la clase alta. Vivo en una

 

casa en la finca. Estoy casado y tengo dos hijos…

 

-¿Qué te ha atraído a esta época? -fe pregunté. . -Soy un hombre adinerado, vivo bien. Estoy bastante bien

 

situado -respondió-, y sin embargo hay algo de ansiedad, porque no soy de clase alta y me da miedo que, en

 

cualquier momento, vengan y me lo quiten todo, o que lo pierda yo.

 

 

 

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Le pedí que avanzara en el tiempo hasta el siguiente momento importante de aquella vida.

 

-Se ha incendiado la cuadra -respondió nervioso-. Es un infierno, estoy intentando librar a los animales…

 

Sólo consigo sacar a un par de caballos. ¡Creo que la casa también está en llamas!

 

-¿Qué pasa?

 

-Los chicos no están, pero mi mujer muere -respondió apesadumbrado.

 

-¿Cómo te sientes? -le pregunté-. Ahora lo recuerdas todo.

 

-Estoy muy consternado.

 

-¿Sabes cómo ha empezado el fuego?

 

-Creo que ha sido provocado.

 

Permaneció unos instantes en silencio.

 

-¿Sabes quién ha sido? -pregunté, rompiendo el silencio.

 

-Había gente en el pueblo… Creo que lo han hecho porque soy judío.

 

Otro profundo silencio.

 

Tras el incendio que había acabado con la vida de su mujer se fue de Inglaterra a Estados Unidos, pero no

 

le abandonó la tristeza y vivió una vida bastante solitaria.

 

Le hice avanzar hasta el último día de su vida.

 

-Estoy en cama… Soy viejo. Mis dos hijos están aquí con sus familias. Sigue siendo un poco raro

 

encontrarse en un país nuevo. Estoy preparado para irme.

 

Murió y abandonó su cuerpo.

 

-Estoy viendo que… Sigo teniendo la sensación de que he sufrido por lo que era, no por lo que hice.

 

Estaba dándose cuenta de cómo la rabia, los prejuicios y el odio pueden provocar un terrible sufrimiento.

 

Pero también había habido una lección positiva.

 

-Mis hijos… Ese amor… Esa unión de toda la familia… Eso para mí ha sido un gran consuelo.

 

Tom, que en su vida actual no es judío, había descubierto mucho más que los orígenes de sus

 

inseguridades y su miedo a la pérdida. Había aprendido que el odio y los prejuicios pueden provocar una

 

violencia y un dolor descomunales. También había visto que el amor es el consuelo de todo dolor.

 

La labor de Tom en aquella vida anterior no había sido castigar, ni siquiera juzgar, a quiene s habían

 

quemado su casa y matado a su mujer. El karma y la ley divina se encargarán de ello. La labor de Tom es

 

comprender y perdonar. Ésa es la labor del amor.

 

La seguridad del hogar espiritual

 

Me despertó un mensaje: «Eres un carpintero que está const ruyendo su hogar espiritual -escuché-.

 

¿Cuántos martillos hacen falta para levantar tu hogar espiritual? Qué es mejor, ¿mil martillos o uno perfecto?

 

Lo que cuenta es la calidad de la casa, no cuántos martillos tiene el carpintero”.

 

Dedicamos demasiado tiempo a acumular martillos y no el suficiente a construir nuestro hogar espiritual.

 

A veces la familia biológica no es la verdadera familia de una persona. Puede que sus padres, sus hermanos

 

y sus demás familiares no lo comprendan. Puede que no le demuestren amor y cariño. Puede que le rechacen

 

y le traten con crueldad. Usted no está obligado a que le traten de forma inhumana. Ser el objetivo del

 

comportamiento abusivo de otras personas, sean su familia o no, no satisface ninguna responsabilidad

 

kármica. Malt ratar o herir a una persona es un acto que la persona que maltrata realiza por propia voluntad.

 

Los malos tratos o abusos no son nunca merecidos.

 

Al ir creciendo, es posible que se vea rodeado por amigos, por personas que le quieran de verdad, que le

 

aporten la seguridad que da el sentirse querido y tratado con dignidad y respeto. Esos amigos y seres queridos

 

se convierten en la verdadera familia. Seguramente también compartirán sus valores espirituales, y entre todos

 

pueden ayudarse a evolucionar de forma positiva. Esa gente es su familia espiritual. Si su familia sanguínea,

 

su familia de origen, le rechaza, su familia espiritual le aceptará, le cuidará y se convertirá en la familia que de

 

verdad tendrá importancia para usted.

 

No estoy recomendando abandona r a la familia de origen ni dejar de mantener una buena comunicación y

 

un trato afectivo, pero no tiene que dejar que abusen de usted, ni psicológica ni físicamente. No tiene que

 

racionalizar el abuso y decirse que es algo tolerable simplemente porque proc ede de su familia, sus amigos o

 

su comunidad religiosa.

 

Hay un aforismo que dice que la sangre es más espesa que el océano. Quiere decir que, cuando las cosas

 

van mal y fallan los amigos o los conocidos, normalmente se puede contar con los parientes para q ue nos

 

ayuden. Yo digo que, si bien es cierto que la sangre es más espesa que el océano, el espíritu es más espeso

 

que la sangre. Siempre podemos depender de la familia espiritual para que nos ayude.

 

 

 

 

 

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EL PODER CURATIVO DE LA COMPRENSIÓN EL PODER CURATIVO DE LA COMPRENSIÓN

 

 Todo es amor… Todo es amor. El amor lleva a la comprensión. La comprensión lleva a la paciencia. Y

 

entonces se detiene el tiempo. Y todo pasa aquí y ahora.

 

Las regiones más profundas de nuestra mente no están sujetas a las leyes temporales normales. Sucesos

 

del pasado remoto pueden afectamos todavía con una aguda inmediatez. Las heridas del pasado influyen en

 

nuestro humor y en nuestra conducta como si nos las hubieran infligido ayer, y a veces su fuerza aumenta

 

incluso con el tiempo.

 

La comprensión puede ayudar a cica trizar esos traumas del pasado. Dado que la mente más profunda no

 

está sujeta a las condiciones habituales del tiempo y el espacio, los sucesos del pasado pueden rescribirse y

 

reformularse. La causa y el efecto no están ligados tan inextricablemente. Los t raumas pueden deshacerse y

 

los efectos perjudiciales, invertirse. Puede darse una curación profunda, incluso cuando se interpongan

 

grandes distancias o hayan pasado muchos años de dolor y sufrimiento.

 

Del mismo modo que el amor aporta una profunda curación a las relaciones, la comprensión comporta una

 

reducción del miedo. La comprensión abre una ventana por la que la brisa del amor se lleva suavemente las

 

dudas y las ansiedades, refresca el alma y nutre las relaciones.

 

Los miedos suelen referirse a hechos q ue ya han sucedido, en esta misma vida o en otras muy anteriores.

 

Como nos hemos olvidado, proyectamos esos miedos en el futuro pero, en realidad, lo que tememos ya ha

 

terminado, Lo único que tenemos que hacer es recordar, despertar al pasado.

 

Una joven suramericana me escribió para contarme su despertar y la curación que había tenido como

 

consecuencia:

 

«He leído todos sus libros y me han impresionado mucho las historias sobre las vidas anteriores de la gente

 

y cómo pueden servir para curar ciertas fobias . En las últimas páginas de uno de sus libros [A través del

 

tiempo] explica a los lectores cómo auto hipnotizarse. Me gustaría contarle lo que vi y cómo me sentí. Quiero

 

decirle en primer lugar que tuve que hacerlo cinco veces antes de entrar de verdad “en trance”, porque estaba

 

muy nerviosa y no conseguía concentrarme. Resulta que desde que conocí a mi novio y empezamos a salir

 

(hace de eso un año y tres meses) he tenido mucho miedo a perderle. No era algo normal, porque incluso

 

llegué a pensar en el suici dio. Lo peor de todo es que nunca me ha dado ningún motivo para pensar que podía

 

dejarme y me ha demostrado muchas veces lo mucho que me quiere, Un día me encontraba muy mal y me

 

dije que aquello tenía que acabar de una vez.

 

«Luego me acordé de que había g rabado en una cinta toda la técnica. Esa vez lo hice con el objetivo

 

concreto de descubrir por que tenía tanto miedo.

 

«Me vi de inmediato sentada en un camino, bajo un cielo estrellado. Era el año 1679, en Francia. Era

 

francesa y me llamaba Marie -Claire. Tenía unos veinte anos y era muy guapa, con el pelo oscuro y largo.

 

Llevaba harapos de color marrón y sandalias: eso me hizo pensar que era muy pobre. Tenía un bebé en

 

brazos y yo lloraba sin parar. Entonces vi a otra persona en esa escena. Lo reconocí: era mi novio en esta

 

vida. Se llamaba Pedro y era español. Tenía unos cuarenta años y era muy alto y delgado. Estábamos juntos y

 

el niño era hijo nuestro. Él también lloraba desesperado, Entonces entraron en la escena dos guardias y me lo

 

quitaron. Vi cómo estiraba la mano hacia mí y gritaba para que los guardias lo soltaran.

 

»No vi nada más, porque estaba tan angustiada que abrí los ojos…

 

»Lo más increíble es lo que sentí después. Tenía ganas de gritar de alegría, de reír como una loca. Me sentí

 

muy libre, pura por dentro, Y lo mejor de todo es que no he vuelto a derramar una sola lágrima por mi novio y

 

que todas esas sensaciones tan terribles han desaparecido, Además, nuestra relación es mucho mejor… y

 

espero que todo el mundo acepte este nuevo tratamiento muy pronto”.

 

Yo también lo espero, aunque soy consciente de que es algo más que un tratamiento, Es una forma de

 

comprender cómo funciona la vida y cómo se van renovando las relaciones. Es una forma de darse cuenta de

 

que nunca perdemos de verdad a nuest ros seres queridos. Ahí están esas dos personas, trescientos años

 

después, vivas y sanas en nuevos cuerpos, compartiendo sus vidas y su amor otra vez.

 

La comprensión es lo que cura, y a través de ella se renueva eternamente el amor y se manifiesta.

 

Esas do s personas no han vuelto a encontrarse por accidente ni por casualidad. El destino dictó

 

delicadamente el redescubrimiento de su amor. Antes de volver a nacer en sus cuerpos actuales, ya habían

 

acordado conocerse en determinado momento de sus vidas. En rea lidad no se trataba de conocerse, sino de

 

reconocerse a un nivel más profundo como almas gemelas atemporales. A partir de entonces tenían que tomar

 

decisiones sobre el futuro de su relación en esta encarnación. ¿Interferirían sus egos, sus mentes lógicas,

 

formadas por la familia y la sociedad, con la conciencia de sus corazones, una conciencia despertada por el re -

 

encuentro con un alma gemela? ¿Se impondrían sus corazones, por encima de los obstáculos de la mente

 

consciente?

 

Estaba escrito que resurgirían d eterminados miedos y pautas, en el caso de ella el miedo «irracional» a una

 

separación no deseada y trágica, porque ese trauma había sucedido trescientos años antes en Francia. Como

 

al principio no recordaba ese hecho, aunque la memoria inconsciente de su alma se acordara bien de él, tenía

 

 

 

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miedo de que pasara en el presente o en el futuro.

 

Una de sus labores kármicas era superar su miedo a la separación mediante la comprensión de que el amor

 

es una energía absoluta, que el amor no termina nunca, 1l1 siquier a con la muerte del cuerpo físico. Siempre

 

nos re encontramos con los seres queridos, sea en este lado o en el otro.

 

Aunque su alma lo sabía, al nacer en esta vida olvidó sus conexiones anteriores con su novio. Su labor era

 

acordar la inmortalidad del amor, utilizar ese conocimiento para superar sus miedos.

 

Ese conocimiento saltó del corazón a la mente cuando escuchó la cinta que había grabado siguiendo las

 

instrucciones de mi libro y recordó aquella vida en Francia. En aquel momento lo supo a todos los niv eles e

 

inmediatamente se deshizo del miedo del pasado y del presente.

 

Ya podía amar con libertad. No tenía que guardarse nada, por miedo a perder el amor.

 

La experiencia e esa joven es un excelente ejemplo de que antes de nacer ayudamos a organizar y rep arar

 

esas oportunidades de aprendizaje de nuestras vidas, los puntos de destino que nos ayudarán a comprender,

 

a damos al amor y a renunciar al miedo. En la concepción de nuestros planes de aprendizaje nos ayudan

 

energías divinas, espirituales. Algunas sen saciones de déjà vu representan el recuerdo superficial de nuestro

 

plan prenatal a medida que va haciéndose realidad en estado físico en el momento y el lugar designados

 

durante el desarrollo de nuestras vidas. Nos acordamos. Es sumamente importante presta r mucha atención a

 

las coincidencias, a las sincronías y a las experiencias de déjà vu de nuestras vidas, ya que suelen representar

 

la convergencia de nuestro plan espiritual y del sendero real por el que transitamos durante nuestra vida.

 

Al recordar, ya s ea a través de evocar vidas anteriores, sueños, experiencias de déjà vu, coincidencias o

 

sincronías, ya sea de forma espontánea, durante momentos espirituales o acontecimientos místicos o de

 

cualquier otro modo, empezamos a comprender.

 

Al ir comprendiendo nos deshacemos de los miedos.

 

Al ir deshaciéndonos de los miedos, desaparecen los obstáculos que nos impiden alcanzar el amor y éste

 

fluye con libertad en nuestro interior y entre nosotros.

 

Suelen preguntarme cómo se sabe si un «recuerdo» es real o produc to de la imaginación o de la fantasía. Lo

 

interesante es que desde el punto de vista terapéutico no parece que tenga importancia. La gente mejora; sus

 

síntomas desaparecen. Ni siquiera importa si el paciente o el terapeuta cree en la existencia de vidas

 

anteriores. Sin embargo, de acuerdo con una encuesta de 1994 de USA Today/CNN/Gallup, un 27% de los

 

estadounidenses cree en la reencarnación. Probablemente esa cifra sea significativamente superior en la

 

actualidad. El 90% cree en la existencia del cielo.

 

Sin embargo, si pensamos en la convalidación sí importa. Como médicos y científicos, nos gustaría saber

 

qué recuerdos son reales y cómo diferenciados de las fantasías.

 

A veces esa diferenciación es sencilla. La persona que demuestra xenoglosia, es decir, que habla un idioma

 

que le es ajeno, que no ha aprendido nunca, ha entrado posiblemente en contacto con una vida anterior

 

auténtica. De no ser así, tiene una capacidad psíquica extraordinaria. Si en esos casos se trata de verdad de

 

una vida anterior, suele ve rse claramente durante la regresión. Otra pista puede ser que una persona

 

demuestre un conocimiento detallado de un período histórico concreto que no haya estudiado nunca. Si se da

 

un síntoma extraño Y anacrónico, como un miedo actual a la guillotina, con una subsiguiente regresión a una

 

vida a finales del siglo XVIII, podría ser otra clara indicación.

 

Los recuerdos que parecen reales suelen tener además otras características. Acostumbran ser vívidos y

 

frecuentemente más visuales que las fantasías. La perso na se involucra más emocionalmente y se ve en la

 

escena, que se desarrolla como una secuencia cinematográfica y suele ser familiar. El panorama de la vida

 

anterior refleja temas y problemas presentes en la actual. Esos problemas o síntomas, que pueden ser físicos

 

además de psicológicos, acostumbran mejorar o resolverse tras el recuerdo. Asimismo, la escena de la

 

regresión no se altera por las sugerencias del terapeuta. La escena tiene vida propia y los detalles se vuelven

 

cada vez más claros con la repetición.

 

Otra pregunta que se me hace con frecuencia es si los recuerdos de vidas pasadas pueden explicarse como

 

parte de la memoria genética o no. Es decir, ¿proceden esos recuerdos de nuestros genes y cromosomas, del

 

material genético o reproductor que hereda mos de nuestros padres, que a su vez lo heredaron de los suyos,

 

etcétera, etcétera, hasta llegar a nuestros antepasados más remotos?

 

Aunque es cierto que algunos recuerdos generales podrían heredarse genéticamente, no creo que la mayor

 

parte de los recuerdos de vidas anteriores tenga ese origen. Existen varias razones en tal sentido:

 

1. Muchos de mis pacientes han recordado existencias anteriores en las que morían siendo niños o sin hijos,

 

sin haber transferido ningún material genético. Los recuerdos de esa s vidas sin hijos son bastante detallados y

 

vívidos.

 

2. La concreción de los recuerdos puede ser extraordinaria. Un paciente puede recordar una escena de una

 

batalla de la Edad Media y descubrir exactamente qué soldado era de entre los diez mil que había e n el

 

campo. Las heridas de ese soldado concreto suelen coincidir con un mal que le aqueja en esta vida y que por

 

lo general empieza a resolverse tras el recuerdo de la escena. No parece lógico esperar tal grado de

 

concreción de recuerdos genéticos. Ni siqu iera los conceptos de inconsciente colectivo o de memoria racial

 

pueden explicar los recuerdos extraordinariamente detallados que suelen aportar los pacientes. Los recuerdos

 

evocados no son de Arquetipos o categorías amplias, sino de los detalles más nimio s, a menudo

 

acompañados de fuertes sentimientos o emociones.

 

 

 

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3. Muchos recuerdos ocurren fuera del cuerpo físico, y allí no hay material genético. Por ejemplo, en el caso

 

citado anteriormente (que es la experiencia real de un paciente), parte del recuerdo sucede tras la muerte

 

física, cuando la persona flotaba encima de su cuerpo y observaba la escena que tenía debajo. Contempló el

 

cuerpo que acababa de abandonar, su estado y sus heridas, así como todo el campo de batalla y lo que

 

seguía sucediendo mientras la lucha progresaba y llegaba a su fin. Durante esos momentos en que estuvo por

 

encima de su cuerpo también tuvo emociones y pensamientos.

 

Recordar: la clave de la felicidad en esta vida

 

 Estar en un estado físico es algo anormal. Estar en estado espirit ual es natural en nosotros. Cuando

 

vuelven a enviarnos a un cuerpo, es como si nos devolvieran a algo que no conocemos. Tardaremos más. En el mundo de los espíritus tienes que esperar y luego te renuevas. Hay un estado de renovación. Es una

 

dimensión como las demás.

 

Todos somos espíritus… Algunos están en estado físico y otros, en un período de renovación. Y otros son

 

guardianes. Pero todos pasamos por eso. También hemos sido guardianes.

 

Recordar que somos almas, que somos inmortales que existimos siempr e en un vasto mar de energía es la

 

clave para llegar a la alegría y a la felicidad. En ese mar energético, toda una serie de espíritus que están para

 

ayudamos nos conduce por el sendero de nuestro destino, nuestro viaje evolutivo hacia la conciencia de Dio s.

 

No competimos con ninguna otra alma: nosotros tenemos nuestro sendero y ellos el suyo. No se trata de una

 

carrera, sino de un viaje de grupo en cooperación hacia la luz de la conciencia. Las almas que han progresado

 

o evolucionado más tienden una mano c on amor y compasión a las que se han quedado atrás. La última alma

 

que completa su trayecto no vale menos que la primera.

 

Un problema concreto en esta escuela que llamamos Tierra es que aquí es muy difícil recordar que somos

 

almas y no simples cuerpos físi cos. Constantemente nos distraen las ilusiones y las desilusiones de este

 

planeta tridimensional. Nos enseñan que el dinero, el poder, el prestigio, las posesiones materiales y las

 

comodidades tangibles son de suma importancia y a veces incluso el motor de nuestras vidas. Nos enseñan

 

que para ser felices, los demás tienen que apreciarnos o respetamos. Estar solo, se nos dice, es ser

 

desgraciado.

 

En realidad somos seres inmortales que no mueren nunca y que nunca se separan energéticamente de los

 

que aman. Te nemos almas gemelas y familias espirituales que son eternas. Los espíritus guardianes nos

 

guían y nos aman siempre. Nunca estamos solos.

 

Al morir no nos llevamos las «cosas» que poseemos. Nos llevamos nuestros actos y nuestras obras, los

 

frutos de la sabiduría de nuestro corazón.

 

Cuando despertamos a la idea de que todos somos seres espirituales, cambian nuestros valores y por fin

 

podemos ser felices y estar en paz. ¿Qué diferencia hay esta vida entre tú y yo si tú eres rico y yo no? Sólo

 

pueden conservarse los tesoros del espíritu. ¿Qué diferencia hay si tú eres poderoso y yo no? La felicidad no

 

tiene sus raíces en el poder o la fama, sólo en el amor. ¿Qué diferencia hay si los demás te aprecian y te

 

respetan más que a mí? Puede que yo tenga el coraje de de cir y vivir la verdad, y la verdad pocas veces

 

acarrea simpatías. La felicidad nace en nuestro interior, no en el exterior, no del reflejo de lo que creen los

 

demás de nosotros. Los celos son veneno para el alma.

 

Así pues, nuestro objetivo es recordar, des pertar. Puede que una historia o un párrafo de este libro estimule

 

su memoria, le haga despertar al remover algo, estimule su conciencia. Para mí sería una noticia

 

extraordinaria.

 

Quizás un motivo por el que no hay más gente que tenga recuerdos espontáneos de sus vidas pasadas es

 

porque el aprendizaje en el cuerpo físico es una prueba sobre el terreno. Tenemos que aseguramos de que

 

nuestros beneficios y conocimientos espirituales estén arraigados en nuestra propia esencia. Si somos

 

pacíficos sólo porque el recuerdo de una vida anterior plagada de brutalidad nos hace temer consecuencias

 

futuras de una conducta parecida, no hemos aprendido la lección del todo. Aprendemos la lección si

 

practicamos la no violencia porque sabemos desde el corazón que la violencia en sí está mal.

 

No creo, sin embargo, que no debamos tener acceso a esos recuerdos. A través de la hipnosis es mucho

 

más fácil recordar, se recuperan las lecciones desde una perspectiva superior, se alivian los síntomas y puede

 

acelerarse espectacularmente la comprensión espiritual. La experiencia de Nancy sirve para demostrar este

 

proceso.

 

Nancy iba vestida de modo informal, con unos pantalones cortos de color beige y una camiseta blanca.

 

Todos los participantes en mi taller de tres días de duración en el Instituto Omega, un centro e aprendizaje

 

situado en Rhineback (Nueva York), habían pasado el fin de semana en las hermosas estribaciones de las

 

montañas Catstskills y estábamos todos muy relajados. Las sesiones de regresión en grupo habían contribuido

 

a la atmósfera de tranquilidad.

 

Nancy se había ofrecido voluntaria, junto con otras cuatro personas, para experimentar una regresión ante

 

todo el grupo. La elegí porque me dio la impresión de que podía beneficiarse de una regresión individual en la

 

que le hic iera preguntas y guiara el proceso de forma más concreta. No podía conseguir una respuesta

 

personal en los ejercicios realizados con grupos de grandes dimensiones.

 

Al tratarse de una voluntaria y no de una paciente, la regresión se concibió como una demost ración de la

 

 

 

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técnica, no como una sesión de terapia. Sin embargo, una vez la persona entra en ese estado de relajación

 

profunda, y al mismo tiempo de conciencia detallada, suelen darse curaciones. Al subconsciente no le

 

importan mis intenciones mientras es té a salvo y protegido. Para Nancy aquélla era una oportunidad de

 

curación, una situación de aprendizaje, y no podía dejar pasar tan excelente ocasión.

 

Hablamos en privado durante unos instantes y le describí el sistema que íbamos a utilizar. Había decidid o

 

utilizar una técnica de inducción rápida. Con ese método podía poner a Nancy en un estado de hipnosis

 

profunda en menos de veinte segundos.

 

-Bueno, Nancy, vamos a hacer lo que te he dicho hace un momento. Pon tu mano derecha sobre la mía y

 

mírame a los ojos. Ahora sólo tienes que seguir las instrucciones. ¿Te parece bien?

 

Aceptó con rapidez.

 

-Muy bien. Dentro de un momento voy a contar hasta tres. Al llegar a tres, aprieta la mano con fuerza.

 

Sentirás que la mía hace fuerza hacia arriba. Tienes que mirarm e fijamente a los ojos y seguir las

 

instrucciones. Uno… dos… tres… Los párpados te pesan, se cierran, tienes sueño, se caen, te duermes. Deja

 

que se cierren, se cierran. ¡Duérmete!

 

Retiré rápidamente la mano de debajo de la suya y cayó de inmediato e n un trance profundo. Entonces la

 

llevé a un estado aún más profundo con diversas técnicas y le pregunté qué estaba experimentando.

 

Tras unos momentos de silencio empezó a hablar.

 

-Mi primera comunión. Vamos en un coche, y mi abuelo nos lleva a comer helad os. Hoy es mi día. Todo el

 

mundo me presta atención y estoy muy emocionada. Sonrió de oreja a oreja.

 

-¿Y más o menos qué edad tienes?

 

-Seis años -respondió sin dudado.

 

-¿Ves qué llevas puesto?

 

-Un vestido blanco. Llevo los zapatos blancos y los calcetines blancos con encaje en el borde. Todo el

 

mundo me dice que estoy muy guapa.

 

-¿y para ti es un momento de felicidad? -le pregunté, aunque la respuesta era evidente.

 

-Sí.

 

-¿Ves a las otras personas que están contigo?

 

Los apoyos visuales siempre son importantes..

 

-Sí. A mi abuelo, a mi madre, a mi hermana y a mI hermano.

 

-¿Qué aspecto tienen?

 

-Están… Vamos en coche. Están dentro del coche conmigo, claro, en el coche, mis hermanos en el asiento

 

de detrás conmigo. Son más pequeños, tienen… No sé qué edad tienen.

 

-Es un recuerdo feliz. ¿Es así como te sientes?

 

¿Feliz?

 

Se lo pregunté porque vi que tenía los ojos llorosos.

 

-Sí.

 

-Esas lágrimas que tienes en los ojos, ¿son de felicidad o de pena?

 

-Estoy muy emocionada.

 

Como ya sabía que el recuerdo era feliz, decidí resumirlo y retroceder más en el tiempo.

 

-Es un recuerdo maravilloso y ya sabes todo lo que pasa después. Un buen recuerdo. Llevas un vestidito

 

blanco y estás muy guapa; todo el mundo está por ti. Quiero que conserves, incluso después de despertarte,

 

este recuerdo tan, tan feliz con los buenos sentimientos y también con los sentimientos de autoestima, porque

 

no tiene que ser sólo un día, un día especial y tuyo; puedes quererte todos los días. Cada día tiene que ser

 

especial para ti. Recuerda los sentimie ntos felices de aquel momento y tráelos al presente para ser feliz ahora.

 

Trae los sentimientos de felicidad de la niñita del vestido blanco, la comunión, la familia, tu protagonismo, el

 

cariño y el amor que te profesa tu familia. Vas a traer todo eso hasta tu vida. ¿Te parece?

 

Asintió mientras se empapaba de las lecciones de amor.

 

-¿Estás preparada para retroceder aún más?

 

Asintió otra vez.

 

-Ahora flota, flota por encima de la escena y deja que vaya desvaneciéndose. Te traerás todos los recuerdos

 

felices y la autoestima, pero deja que la escena se desvanezca. Flota sin más, libre y tranquila, relajada.

 

Vamos a retroceder hasta antes de que nacieras, cuando estabas en el vientre de tu madre. ¿Te parece bien?

 

Volvió a acceder.

 

-Vamos a ver qué te llega de esa época, si es que te lIega algo. Voy a tocarte en la frente y a contar hacia

 

atrás del cinco al uno. Vuelve hasta antes de nacer, hasta el útero de tu madre, y a ver si tienes algún

 

sentimiento, percepción, impresión, pensamiento o sensación de aquella época.

 

Tras unos instantes, empezó a hablar.

 

-Estoy flotando. Siento amor. A mi madre le duele la espalda. Me doy cuenta de que se la aprieta.

 

-y eres una hija deseada. Sientes el amor que está listo para recibirte.

 

-Sí. Ahora pasan muchas cosas. Hay mucha, m ucha, mucha actividad. Supongo que se preparan… Están

 

preparándose.

 

-¿Qué hacen?

 

-Están pintando y buscando a alguien para que haga la mudanza.

 

-¿y tú eres consciente de todo eso? -le pregunté, impresionado por la cantidad de detalles que había

 

 

 

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percibido ya.

 

-Sí, pero están emocionados. Es actividad positiva.

 

-¿A qué vienen las lágrimas? -le pregunté al ver que volvía a tener los ojos llorosos.

 

-No lo sé. Estoy contenta.

 

-Éste es otro recuerdo que puedes traerte, el de ser una hija deseada, el de la emoci ón, porque la

 

preparación es normal… Están pintando, preparando la habitación, preparándose para tu llegada. Eres una hija

 

deseada; te están esperando con ilusión. Hay mucho amor. Lo sientes mientras flotas, y eso es muy

 

importante. Ahora vamos a pasar p or el nacimiento, vamos a momento posterior. Mientras cuento hasta tres,

 

pasa por el nacimiento. No va a haber dolor, no va a haber incomodidades. Mira cómo te reciben y cómo se

 

siente la gente. ¿Cómo fue tu recepción? Uno, dos, tres. Muy bien. Ya has naci do y te encuentras bien. ¿De

 

qué eres consciente ahora?

 

-Hace frío -respondió, y empezó a temblar -. Mi madre no está despierta, no está. No sabe que estoy ahí.

 

Sólo hay indiferencia, otro bebé más. Los médicos y las enfermeras hacen simplemente lo que toca , su

 

trabajo.

 

Pensé que su madre debía de haber estado inconsciente por la anestesia general. Los médicos y las

 

enfermeras estaban haciendo su trabajo, pero Nancy ya era consciente de que lo hacían sin demasiada

 

emoción.

 

-No es como el amor que siente tu madre por ti. -Supongo que no.

 

-¿Te envuelven en algo para calentarte?

 

-No lo sé.

 

Los temblores y los escalofríos iban a más, así que decidí sacada de la sala de partos.

 

-Ahora vamos a flotar por encima de esa escena y a abandonada. Vas a entrar nuevamente en calor.

 

Caliéntate. Flota, deja que la escena se desvanezca y desaparece. Has entrado en calor, estás cómoda y

 

sigues flotando. ¿Estás lista para seguir retrocediendo?

 

-Sí.

 

-Muy bien. Vamos a hacer otro viaje, otra parada.

 

Vamos a retroceder aún más. Si hay alguna vida anterior que recordar, la recordarás ahora, cuando te

 

golpee en la frente y cuente hacia atrás del cinco al uno. Permite que Una escena o una imagen de una vida

 

anterior se vaya enfocando y presta atención a cualquier detalle. Cuando llegue al uno, todo estará totalmente

 

enfocado. Podrás permanecer en un estado muy, muy profundo y seguir con la experiencia y contarme lo que

 

te pasa, una escena de una vida anterior o lo que te venga, lo que consideres importante. Vas a poder

 

recordar mientras voy contando hasta uno. Cinco, lo recuerdas todo. Cuatro, algo de una vida anterior. Tres,

 

deja que se vaya enfocando. Dos… Uno. Muy bien. Quédate en ese momento. Puedes prestar atención a la

 

ropa o a otros detalles, a la arquitectura, a la casa, a la t opografía o a la geografía, a ti misma. ¿Hay otras

 

personas alrededor? Te llegue lo que te llegue, está bien. Vas a poder hablar y permanecer al mismo tiempo

 

en un estado profundo, permanecer en la experiencia. Vas a poder contarme de qué te das cuenta, qu é

 

experimentas.

 

-Estoy en un pueblo -respondió, mientras sus ojos se agitaban bajo los párpados -. En el centro, en una

 

especie de mercado. Hay mucha actividad, mucha gente que grita a la vez, como en una subasta. Una

 

subasta. Yo paso por aquí, pero no part icipo. Soy un hombre. Llevo barba. Huele mal, hay muchos olores,

 

algunos malos. No está limpio; está sucio.

 

Siguió supervisando la escena, observando muchos detalles.

 

-¿Cómo es el mercado? ¿Cómo va vestida la gente? ¿Está al aire libre? ¿Qué cosas venden? -le pregunté

 

para determinar un período aproximado.

 

-Es al aire libre, con tiendas. Es un sitio seco, polvoriento. Hay pollo y verdura, pero no muchas verduras. La

 

gente… Son como campesinos, son los barrios pobres de no sé dónde.

 

-¿De una ciudad mayor?

 

-Veo un muro. Hay un muro que divide esta zona de otra. Estoy a punto de decir que es Egipto, pero no lo

 

es. Era Egipto, sí, es Egipto.

 

Me dio la impresión de que debía de ser una zona de frecuentes invasiones y conquistas, con fronteras poco

 

estables.

 

-Ahora vamos a avanzar en el tiempo para ver qué le pasa a ese hombre. Le ves pasar, a ese hombre de la

 

barba… ¿Qué le pasa? Vamos al futuro, al siguiente hecho significativo de tu vida, de la vida de ese hombre…

 

Cuando te dé un golpecito en la frente y c uente hasta tres, pasa al siguiente hecho significativo. Uno, dos, tres.

 

Deja que suceda. También ahora vas a experimentar la situación y permanecer en un estado muy, muy

 

profundo; vas a hablar y contarme lo que estés experimentando, las cosas de las que t e des cuenta, lo que te

 

suceda.

 

-Una reunión. Se reúne con alguien. Es un hombre importante. Sabe… Les cuenta cosas que han pasado en

 

otros sitios. Cambios, cambios… No sé qué cambios son. A la gente no le gustan.

 

-¿Y él cómo se siente? ¿Cómo te siente s? -le pregunté, incluyendo deliberadamente la tercera persona y la

 

segunda para reforzar la conexión con aquel hombre del pasado.

 

 -Está nervioso. No está seguro de cómo van a reaccionar.

 

-Pero ¿es una información importante? ¿Son necesarios esos cambios?

 

 -Él sabe que tiene que decírselo. Le han dicho que tiene que contárselo.

 

 

 

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 -Voy a darte un golpecito en la frente y vamos a ver si consigues más detalles sobre lo que tiene que

 

contarles, sobre el tipo de cambios. Tres, cualquier detalle que te venga… Dos… Uno.

 

-Veo un papel. Creo que es un mapa. No puedo… Se detuvo un instante.

 

-Creo que hay un ejército -prosiguió-. Va a venir una gran cantidad de gente. Sí, creo que van a conquistar

 

este país. Creo que van a venir ya decides que tienen que irse o q ue si no les obligarán. Y si la gente no se va,

 

habrá guerra.

 

-¿y tú qué papel tienes en todo esto? ¿De qué bando estás? ¿Qué estás logrando?

 

-Creo que estoy del otro lado. Les estoy avisando. Soy casi un espía. Todos creen que estoy ayudándoles,

 

pero lo que intento es que haya paz entre ellos.

 

-Eso está bien, evitar la guerra. Eso es importante, pero para ti es peligroso.

 

-Tengo miedo.

 

El rostro de Nancy reflejaba preocupación.

 

-Vamos a avanzar otra vez y a ver qué te pasa. Es una situación muy delicada y peligrosa. Tienes miedo. Se

 

acerca un ejército y eres una especie de avanzadilla, para intentar resolver el problema pacíficamente, para

 

que no haya guerra, porque no sabes por dónde va a salir ahora esta gente. Vamos a avanzar y a ver qué

 

pasa… Tres… Dos, deja que vuelva todo, lo recuerdas todo. Uno. No pasa nada, recuerdas. No pasa nada por

 

recordar lo que sucede, lo que le pasa a la gente y al país.

 

-Estoy en el desierto. He salido de esa zona. He hecho lo que tenía que hacer. Han empezado a pelearse

 

entre ellos. Algunos querían creerme, y otros no. En cuanto me he dado cuenta de que habían entendido e

 

mensaje, me he ido. Voy a otro lado. No sé adónde, a un sitio desconocido. Voy por el desierto y estoy solo.

 

-¿Eres más viejo?

 

-No mucho más…

 

Se quedó en silencio y esperamos. Finalmente rompí el silencio.

 

-Ahora vamos a avanzar hasta el final de esa vida. Un espía, un explorador, una partida destacada. Avanza

 

hasta el final de tu vida cuando vuelva a darte un golpecito en la frente, a los últimos mome ntos, y observa qué

 

pasa. Ahora te das cuenta de todo. Cinco, lo recuerdas todo… Cuatro, el último día… Tres, se acaba la vida de

 

este hombre… Dos… Uno. Muy bien, ya estás al final de todo. ¿De qué te das cuenta?

 

-Estoy en casa de un amigo. Me muero. Es todo muy tranquilo.

 

Su rostro reflejaba ese sosiego.

 

-¿Ves a tu amigo?

 

-Son dos. Los siento. Son muy buenos amigos. Un hombre y su mujer. Han cuidado de mí durante los

 

últimos años. Soy muy viejo.

 

-Es decir, que sobreviviste al peligro y llegaste a v iejo. Ahora es momento de irse, puedes salir de ese

 

cuerpo flotando, atraviésalo, te mueres de viejo. Flotas por encima y te sientes libre, muy luminoso, tranquilo,

 

vas flotando y repasas esa vida mentalmente. Las lecciones… ¿Qué has aprendido? ¿Cuáles h an sido las

 

lecciones de esa vida? ¿Que ha sido una existencia complicada, importante, pero difícil? Has vivido muy al

 

límite. ¿Qué has aprendido? ¿Qué ha aprendido ese hombre?

 

Nancy contempló las lecciones.

 

-He tenido que sacrificarme. Mi felicidad no ha sido siempre importante. Tenía una tarea más trascendental.

 

Me vi obligado a dejar a mi familia para salvar a otras personas.

 

-Una especie de deber.

 

-Sí, pero valió la pena. Estoy satisfecha.

 

-Con ello ayudaste a llevar la paz, o al menos a evitar la guerra en muchas circunstancias -añadí.

 

-Sí, creo que sí. Nunca lo sé, la verdad.

 

-¿Porque te vas a otro sitio?

 

-Sí, voy avanzando y no siempre me entero de lo que pasó en ese sitio que dejo.

 

-Muy bien. Ahora haz mentalmente las conexiones necesarias con tu vid a actual, como Nancy. ¿Qué puedes

 

traer de esa vida, con la disciplina, la autoridad, la compasión, el sentido del deber que tenía, a tu vida de hoy?

 

Observa las conexiones y lo que puedes aprender de esto… Su fuerza. Ahora trasládalo a tu vida. No tiene s

 

por qué contármelo. Esto es sólo para ti, algo privado. Trae esto a la vida de Nancy, todas esas cualidades que

 

necesitas o que puedes traerte, que has tenido antes. Observa las conexiones. Tráetelo a la vida de Nancy, a

 

tu vida actual.

 

Esperamos hasta que me di cuenta de que había terminado la tarea que le había impuesto.

 

-Muy bien. ¿Ahora estás lista para volver?

 

-Sí.

 

-Muy bien. Vas a despertarte dentro de unos instantes, cuando te apriete hacia arriba en un punto de la

 

frente situado entre las cejas. C uando te apriete, abre los ojos. Estarás despierta, completamente despierta,

 

aquí mismo, lo recordarás todo y controlarás por completo tu cuerpo y tu mente.

 

Le apreté en ese punto y abrió los ojos lentamente, con aspecto de estar confundida. Había regresad o de un

 

estado muy profundo, de un viaje muy largo.

 

-Muy bien. Ya estás de vuelta. ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo ha sido la experiencia?

 

-Me he sentido como si estuviera viendo algo que no experimentaba, aunque en realidad sí que lo

 

experimentaba. Ha sido muy diferente.

 

-Y también bastante intenso -añadí.

 

 

 

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-Muy intenso -reconoció.

 

Pensé que ahí había algo importante, pero en aquel momento no me di cuenta de cuánto, hasta que pensé

 

en lo que había pasado y vi que todo había salido como tenía que salir.

 

-Muy bien. Al principio has tenido un buen recuerdo de la niñez, tu primera comunión. ¿Te acuerdas del

 

vestido blanco y de cómo te sentías especial? Tenías hermanos, así que supongo que no era algo habitual.

 

-La quinta de siete -explicó-. No siempre te prestaban atención.

 

-Ya, pero ese día era tuyo.

 

-Sí. Fui reina por un día -respondió con orgullo, recordando su primera comunión.

 

-Luego hemos vuelto al momento de tu nacimiento, cuando estabas dentro del vientre de tu madre y cuando

 

nacías. Ahí también has notado am or, te has sentido acogida, has visto los preparativos que hacían. Es decir,

 

que fuiste una hija muy deseada. Aunque fueras la quinta, eras deseada, yeso es importante. Tus padres

 

estaban emocionados con tu llegada. Y has sentido la diferencia entre la ene rgía de los médicos y las

 

enfermeras, que hacían su trabajo y punto, y tus padres, que te querían y esperaban tu llegada haciendo un

 

montón de cosas.

 

-Entonces me sentía muy distante, como si no estuvieran tan conectados conmigo o tan emocionados

 

porque me encontrara allí.

 

Estaba hablando del personal médico.

 

-Era un nacimiento más y tenían que ocuparse de la parte técnica.

 

-Luego has tenido el recuerdo del hombre con barba en el desierto. Quizás en Egipto o en Asia Menor, en

 

esa zona.

 

Tenía una mirada dist ante al seguir recordando. -Le he visto bajar por un camino, entre colinas, Un camino

 

muy largo y muy sucio, con campos a los lados. Estaba solo.

 

-Allanaba el terreno para que los ejércitos no tuvieran que perder soldados innecesariamente. Intentaba que

 

aceptaran los hechos en lugar de luchar -comenté.

 

Nancy sabía más.

 

-Tengo la sensación de que, aunque vivió su vida en solitario, no estaba solo, nunca se sintió solo. Creo que

 

algo le conectaba con ese objetivo -explicó.

 

-y quería que vieras las conexiones contigo en la actualidad, pero no para que hablaras de ello, es algo

 

personal. ¿Te importa si la gente te hace un par de preguntas? -Aceptó. El público estaba hechizado y tardó

 

un poco en atreverse a preguntar.

 

-¿Cuándo sucedió eso?

 

Nancy recapacitó durante un momento y luego respondió:

 

-Por lo que me indicaba el vestido, no sé cuándo fue, pero me da la impresión de que era antes de Cristo,

 

aunque no sé cuándo. No me he dado cuenta del año.

 

Mientras Nancy iba contestando a esa pregunta, empecé a pensar en C atherine, la primera paciente mía

 

que experimentó una regresión y en la que se basa Muchas vidas, muchos Sabios. Catherine también había

 

dicho, para explicar una fecha, que tenía la impresión de que era antes de Cristo. Hace años que los críticos

 

se han la nzado sobre esa frase para decir que era una especie de contradicción absoluta: «¿Cómo podía

 

saber que era antes de Cristo si Cristo no había nacido aún?», preguntan con regocijo. Y de repente Nancy

 

decía exactamente lo mismo.

 

Naturalmente, la respuesta es sencilla cuando se comprende el proceso de la hipnosis y la regresión de

 

edad. En la hipnosis, la persona es una observadora, además del individuo observado. En realidad, mucha

 

gente en estado de trance contempla el pasado como quien ve una película. La m ente consciente funciona

 

siempre y observa lo que se experimenta mientras se está hipnotizado. A pesar del profundo contacto

 

subconsciente, la mente puede hacer observaciones y críticas y censurar. Por eso la gente que se halla en

 

estado hipnótico y se inv olucra activamente en una secuencia de recuerdos de la infancia o de una vida

 

anterior puede responder a las preguntas del terapeuta, hablar como en su vida actual, conocer los lugares

 

geográficos que ve e incluso saber el año, que a menudo aparece en el i nterior de los ojos como un destello o

 

simplemente se presenta en la mente. Así pues, la mente hipnotizada, que siempre conserva una conciencia y

 

un conocimiento del presente, pone los recuerdos de la infancia o de una vida anterior dentro de su Contexto.

 

Por ejemplo, si aparece un destello del año 1900 y uno se ve vestido con ropas antiguas construyendo una

 

pirámide en el antiguo Egipto, sabe que el año es anterior a la era cristiana, aunque no lo vea escrito así.

 

La gente puede recordar sucesos de los pri meros días de su infancia, como ya hemos visto, y sin embargo

 

hablar un inglés perfecto. ¿Por qué? Porque está recordando. No es que la persona se convierta en niño de

 

verdad y pierda toda su capacidad física y mental.

 

Volví a prestar atención a Nancy y al público. Están haciéndole otra pregunta.

 

-Nancy, ¿tiene alguna sensación que le indique por qué ha elegido esa vida en concreto, y no otra

 

cualquiera, para experimentada ahora? ¿O es que le ha venido y ya está?

 

-No tengo ni idea de por qué ha salido ésa -respondió Nancy-. Creo que la última parte, lo que tengo que

 

hacer con mi vida en la actualidad, es probablemente una lección valiosa que he de aprender y contemplar.

 

Creo que quizá por eso tengo que escuchar y comprender de verdad lo de la soledad.

 

Tras algunas preguntas más sobre la técnica, di por finalizada la sesión. Unos días después Nancy me

 

escribió:

 

Su trabajo está ayudando a mucha gente. Personalmente he experimentado un crecimiento fortalecedor

 

 

 

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desde que he leído [...] sus libros. Aún no he empez ado a absorber la experiencia de este fin de semana, pero

 

comprendo el mensaje que he recibido y veo su importancia en esta vida. Sé que va a tener enormes

 

consecuencias en mi vida y en las de los me rodena,

 

¡Gracias por la libertad que me ha dado experimentar y reconocer mi alma eterna!

 

Nancy había captado la esencia de su vida sagrada.

 

Sentir alegría y felicidad todos los días:

 

lecciones para el corazón

 

 No pierda nunca el valor de correr riesgo., Usted es inmoral, Nunca puede sufrir daño .

 

A veces las lecciones que aprendemos parecen sencillas o evidentes, pero lo cierto es que tiene que

 

aprenderlas el corazón, a los niveles más profundos, no sólo el intelecto. La experiencia directa, a menudo a

 

través de regresiones, puede servir de camino para llegar al corazón.

 

Barbara estaba situada en una vida anterior, detallada y muy sentida, en el Sur de Estados Unidos durante

 

la segunda mitad del siglo XIX.

 

Se acordó de una gran casa blanca en la que había vivido con su madre tras la guerra de Secesión y de las

 

privaciones que sufrieron en ella. Se acordó de un período más feliz: vivía en otra casa con su marido y con

 

dos hijos pequeños. Le pedí que fuera hasta el último día de esa vida.

 

-Soy vieja… Tengo manchas en las manos… Manchas marrones en las manos. Y la piel está muy flácida.

 

-¿Hay alguien alrededor? -le pregunté.

 

-Mi hijo está conmigo… Mi hija también está… Está junto a la puerta, mirándome. Está triste -se lamentó

 

Barbara en un susurro-. No quiero que esté triste.

 

Entonces murió y se quedó flotando por encima del cuerpo que acababa de abandonar.

 

-¿Cómo te sientes ahora? -pregunté.

 

-Mejor -contestó con más fuerza -. Les veo en la habitación. La mujer que está en la cama. Tiene el pelo

 

blanco y está arrugada… Parezco muy tranquila… Me siento co mo si estuviera flotando… Flotando.

 

Estaba disfrutando de ese lugar tan tranquilo. Antes de despertarla, le pedí que mirara con detenimiento a

 

sus hijos para ver si reconocía en ellos a alguien de su vida actual como Barbara.

 

-Tengo la impresión de que l a hija es una sobrina de ahora que se llama Rebecca. Es curioso… Siento una

 

conexión, como que esa hija es ahora ella.

 

Le recordé a Barbara que a menudo regresamos una y otra vez con la misma gente, aunque nuestras

 

relaciones cambien. Es una forma de aprender aquí en el estado físico.

 

Tras flotar sobre su cuerpo marchito, pudo repasar esa vida, sus inicios acomodados, la devastación de la

 

guerra de Secesión y la feliz vida familiar que le siguió. Una lección destacaba entre las demás.

 

- Tomarme las cosas con calma y apreciar lo que tengo alrededor -dijo Barbara con énfasis.

 

Una vez más, aunque sea una lección concreta para ella, puede aplicarse a todos nosotros.

 

Hay mucha belleza, mucha verdad y amor a nuestro alrededor, pero muy pocas veces nos tomamos la s

 

cosas con la suficiente calma como para apreciada, como para damos cuenta. A veces hace falta que haya

 

una tragedia o una gran pérdida que nos lo recuerde, pero enseguida parece que volvemos a caer en la misma

 

rutina de siempre.

 

Tomarse las cosas con cal ma. Hay que gozar de los frutos de este magnífico jardín. No basta con que el

 

intelecto, la cabeza, lo comprenda. También ha de entenderlo el corazón, y los pensamientos y las acciones de

 

cada día tienen que demostrar que el corazón lo sabe de verdad.

 

Siéntese o túmbese cómodamente y cierre los ojos.

 

Haga varias respiraciones relajantes y deje que todas las tensiones y las incomodidades abandonen su

 

cuerpo.

 

Recuerde esos momentos en los que sus ojos se empañaban de lágrimas de felicidad y alegría. Puede qu e

 

ayudara a otro ser humano sin esperar nada a cambio. Quizás alguien, de improviso y sin que se lo pidiera, le

 

tendió una mano y le ayudo. A lo mejor estaba leyendo un libro o viendo una película o era testigo de una

 

escena en que el amor entraba en la vida de alguien.

 

No se dé prisa. Su corazón está abriéndose.

 

Cuando se le llenen los ojos de lágrimas de alegría, deténgase a observar la situación atentamente. ¿De qué

 

está siendo testigo? ¿Cómo le afecta eso? ¿Qué falta en su vida?

 

Ahora ya tiene una pista importante sobre qué modificaciones son necesarias para aportar más alegría, más

 

felicidad, más paz a su vida.

 

Es bien sabido que la felicidad surge de dentro. La felicidad es un estado interno. No se va a poner contento

 

milagrosamente si otra persona ca mbia o si se altera el mundo exterior, sólo si cambia usted. Tiene que verlo

 

todo con perspectiva. Tal vez otra persona le señale el camino, le enseñe técnicas, pero eso es todo lo que

 

pueden hacer los demás. El resto depende de usted.

 

Ser feliz y divertir se no es malo, ni un pecado, ni algo poco espiritual. No avanzará hasta que aprenda a

 

 

 

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estar alegre.

 

La madre Teresa escribió: «Estoy segura de que si todos comprendemos la regla de oro (que Dios es el

 

amor y que nos ha creado para cosas muy importantes, pa ra amar y ser amados) nos amaremos unos a otros

 

como él nos ha amado a todos y a cada uno de nosotros. El amor verdadero es dar hasta sentir dolor. No

 

importa cuánto se da, sino cuánto amor se pone en el hecho de dar.

 

»Por consiguiente, hace falta rezar. E l fruto de la oración es la profundización de la fe. El fruto de la fe es el

 

amor. El amor en acción es servicio. Por consiguiente los actos de amor son actos de paz. Y así se vive de

 

acuerdo con la regla de oro.

 

»Amaos los unos a los otros como Dios nos a ma a todos y cada uno de nosotros

 

No estoy de acuerdo en lo de que el amor verdadero es dar hasta sentir dolor, porque ese acto comporta

 

muchísima alegría. Cualquier dolor quedaría aliviado de inmediato. Sin embargo, lo demás es una

 

demostración de sabidur ía pura. Si todo el mundo siguiera la sencilla receta de la madre Teresa, la violencia y

 

la guerra desaparecerían y la paz reinaría en todo el mundo.

 

En un nivel interno, psicológico, la gente sentiría también esa paz. Los miedos disminuirían y

 

desaparecerían, ya que el amor disuelve el miedo. Sin miedo, podríamos lograr lo que hemos venido a

 

conseguir. También seríamos más felices. Los muros tras los que nos ocultamos se evaporarían porque no

 

necesitaríamos aislarnos emocionalmente si no tuviéramos miedo. Nos abriríamos a la energía del amor.

 

Una vez traté a un golfista profesional que estaba excesivamente preocupado por sus resultados. Cuanto

 

más nervioso se ponía, más pelotas mandaba fuera.

 

Durante una sesión de meditación especialmente profunda en mi de spacho, dejó a un lado su ego y «se

 

fundió» con el campo de golf. Empezó a comprender el golf como una metáfora de la vida. El campo hervía de

 

vida; se convirtió en algo animado.

 

-¿Qué has aprendido? -le pregunté.

 

-Que al campo no le importa qué puntuación tengo o cómo juego. Sólo quiere que disfrute de él, que sienta

 

su belleza y sus dones. Su mayor deseo es ofrecer placer y diversión.

 

Aquel hombre había hecho un progreso espiritual considerable. No es de sorprender que cuando da

 

lecciones de golf también dé lecciones sobre la vida. Sus alumnos aprenden el doble y sus puntuaciones han

 

mejorado muchísimo.

 

Un día, mientras meditaba, me llegó un mensaje en respuesta a una pregunta que se iba formando en mi

 

mente pero que no acababa de formular. Estaba trabaja ndo mucho, tratando pacientes en la consulta, dando

 

conferencias, participando en congresos, con una montaña de correspondencia. ¿Qué pasaba con las

 

vacaciones, con la lectura por placer, con jugar al golf sin anotar la puntuación (que es como me gusta)?

 

¿Debería dedicar más tiempo a mí mismo, a mi familia y a mis amigos?

 

¿Disfrutar más de los placeres sencillos de la vida? ¿O es el trabajo demasiado importante?

 

El mensaje tenía un tono enfático:

 

«Este mundo se te entrega como un jardín de gran hermosura. S i no gozas de sus frutos reduces su

 

belleza«.

 

La toma de conciencia

 

 Antes de llegar a este punto es conveniente que reconsidere sus vicios. En caso contrario, se los llevará consigo a otra vida. Sólo nosotros podemos deshacemos de los malos hábitos que a cumulamos cuando

 

estamos en un estado físico. Los Sabios no pueden hacerlo por nosotros. Si elige luchar y no quitárselos de

 

encima, se los llevará a otra vida. Y sólo cuando decida que es lo bastante fuerte como para solucionar los

 

problemas externos deja rá de tenerlos en su próxima vida.

 

El jesuita y psicólogo Tony de Mello cuenta una historia sobre el despertar, sobre el darnos cuenta que

 

estamos dormidos en nuestras rutinas diarias.

 

Un padre se da cuenta de que su hijo ha vuelto a dormirse y va a llega r tarde al colegio. Llama con

 

insistencia a la puerta de su habitación.

 

-¡Despierta, despierta, vas a llegar tarde al colegio!

 

-le grita.

 

-No quiero ir -responde el hijo.

 

-¿Por qué no? -pregunta el padre.

 

-Por tres razones. Una, porque el colegio es un abu rrimiento. Dos, porque los niños se burlan de mí todo el

 

rato. Y tres, porque no lo soporto.

 

-Pues yo voy a darte tres razones por las que tienes que ir. Una, porque es tu deber. Dos, porque tienes

 

cuarenta y cinco años. Y tres, porque eres el director.

 

La moraleja es que hay que despertar y salir de la rutina. Si sigue dormido, se hará viejo estando dormido y

 

las posibilidades de su vida le pasarán de largo.

 

Viva en el presente, no el pasado ni el futuro. El pasado, pasado está; aprenda de él y olvídelo. E l futuro no

 

ha llegado aún. Prográmelo, pero no deje que le preocupe. Las preocupaciones sólo sirven para derrochar

 

 

 

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tiempo y energía.

 

El monje budista vietnamita Thich Nhat Nanh explica cómo disfrutar de una taza de té. Hay que estar en el

 

presente, consci ente y atento, para disfrutar del té, para saborear su dulce aroma, para degustar su sabor,

 

para sentir el calor de la taza. Si está rumiando hechos pasados o preocupándose por los del futuro, bajará la

 

vista y la taza de té habrá desaparecido. Se la habrá bebido, pero no se acordará, porque no estaba atento.

 

La vida es como esa taza de té.

 

 Cuando no vive el presente, cuando está absorto en el pasado o preocupado por el futuro, se ocasiona

 

mucho dolor y sufrimiento.

 

Durante la experiencia de regresión pue de abrirse un portal a una conciencia más desarrollada. Si el

 

terapeuta está preparado y es flexible, si permite que la mente superior de la otra persona guíe el proceso con

 

calma, en lugar de perseguir sus propios objetivos como terapeuta, puede que se dé una experiencia de las

 

que cambian toda una vida. Ése fue el caso de John.

 

Mientras hipnotizaba a John, un hombre culto de mediana edad, ante varios cientos de personas que

 

asistían a un taller en Boston, me di cuenta de que el público estaba muy callado, totalmente pendiente de

 

cada una de nuestras palabras.

 

De forma suave y progresiva, le hice retroceder en el tiempo. Su primera imagen fue de una fiesta navideña

 

cuando tenía cinco años. Sonrió con orgullo infantil al recordar la escena vívidamente.

 

-Están mis tías. Las veo bien. Llevo mi primer traje… ¡De franela gris!

 

Se sentía muy adulto por llevar traje.

 

-Veo el abeto, lleno de luces -añadió.

 

Me quedé un momento en silencio y dejé que disfrutara de aquella experiencia lejana, que sintiera el orgullo

 

y la felicidad. Después le hice retroceder aún más, hasta antes de nacer, hasta cuando estaba en el útero, en

 

el vientre de su madre.

 

-¡Esto es muy estrecho! -dijo de inmediato-.

 

Quiero estirarme.

 

John empezó a mover la cabeza, a estirar las piernas, a mov er los brazos con cuidado. Después descubrió

 

una «luz centelleante» que circulaba por el cordón umbilical yeso le relajó.

 

Le hice pasar por su nacimiento y, aunque no experimentó una incomodidad física, el ruido le molestó.

 

-Hay demasiada gente hablando -explicó.

 

Le pedí que se alejara de la escena de su nacimiento, sin salir del estado de hipnosis profunda, y que

 

visualizara una puerta muy especial y la cruzara. Esperaba que le sirviera para recuperar un recuerdo de una

 

vida anterior, pero no fue así. Su experiencia fue, en cambio, espiritual.

 

John se encontró en un hermoso jardín. Describió una luz maravillosa y difusa que inundaba el jardín, una

 

luz que le infundía una sensación de paz profunda. Vio que había niños, muchos niños. Explicó que era mayor

 

y que enseñaba a los niños.

 

Al observar un caballo blanco allí cerca, le vino a la mente la palabra «pureza». A su derecha había un árbol

 

solitario. John habló muy despacio, con parsimonia. Las palabras no podían describir adecuadamente la

 

escena que se desar rollaba ante sus ojos. Sólo servían para describir las cualidades de la luz y del jardín. Me

 

di cuenta de que sabía mucho más de lo que podía compartir con nosotros.

 

-¿Qué les enseñas a los niños? -le pregunté. Al principio su respuesta resultó enigmática.

 

-Les enseño a jugar -respondió lentamente y en voz baja.

 

Después su voz se volvió mucho más firme, como si los que estábamos allí hubiéramos pasado a ser los

 

niños y él fuera nuestro profesor.

 

-¡Podemos estar siempre allí! -exclamó-. ¡Podemos estar siempre allí!

 

Su voz fue apagándose y se quedó callado. Después empezó a hablar en tono muy bajo, susurrando como

 

si quisiera que yo le oyera, más incluso que los demás.

 

-Esta alegría, esta belleza… Esta conciencia, este jardín terrenal podrían existir siempre , siempre que

 

quisiéramos. Puede existir ahora, en el presente, si queremos. Si nos acordamos.

 

Volvió a quedarse en silencio mientras le caían lágrimas de alegría por las mejillas. John no quería irse de

 

allí, así que le dejé que se quedara.

 

Y esto es lo q ue John les enseñó a los niños: el paraíso terrenal es posible si lo queremos. El mensaje de

 

John tiene mucha fuerza. Podemos ser conscientes de la «otra» realidad ahora, incluso en nuestro estado

 

presente, incluso en la forma física. Podemos sentir esa al egría en estado puro, ese éxtasis, esa paz y esa

 

belleza ahora mismo. y cuando superamos el estado físico nos damos Cuenta de lo mismo, pasamos por lo

 

mismo, somos de verdad lo mismo. Nuestro olvido, nuestro estado de «inconsciencia», es reversible. Para

 

recordar, para volver a experimentar no tenemos por qué morir o tener una experiencia cercana a la muerte.

 

De los ojos de John seguían cayendo lágrimas de alegría.

 

Se dio cuenta, lo mismo que yo, de que su vida estaba cambiando, de que estaba pasando de lo

 

excesivamente Intelectual a la experiencia. Se había abierto algo que ya no iba a cerrarse, porque la

 

experiencia era muy positiva y muy fuerte.

 

John me escribió dos semanas después y me contó hechos sincrónicos que aún confirmaban más su

 

experiencia. Por todas partes estaban apareciendo símbolos de jardines. Entró en una tienda de discos e

 

 

 

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inmediatamente le atrajo un compacto titulado El jardín secreto. Leyó el texto de la carátula: «Catorce nuevas

 

melodías celtas y noruegas que le ayudarán a descubrir su propio jardín secreto”.

 

Más tarde, al entrar en una librería para comprar un libro concreto, algo le llevó «hacia otro, Más allá de la

 

puerta del jardín, que tenía preciosas ilustraciones de jardines y poemas».

 

Varios días después entró en un ascensor y se encontró una poesía del siglo I o II pegada con cinta

 

adhesiva a la pared:

 

Todos los que te aman son hermosos.

 

Rebosan de tu presencia.

 

No pueden hacer más que el bien.

 

En tu jardín hay sitio.

 

Todos somos bien recibidos en él.

 

 Sólo tenemos que entrar.

 

John añadió: «Vaya donde vaya, siguen apareciendo jardines. [...] Llego al jardín a través del corazón y

 

entro en contacto con el jardín del alma”.

 

Durante la experiencia de John en Boston también empezó a cambiar mi conciencia.

 

«Puede existir, en el pre sente, si queremos», había dicho. No tenemos por qué olvidar. Podemos mantener

 

la conciencia de ser seres divinos que pueden disfrutar directamente de la alegría, del amor, de la compasión

 

infinita, de profundas sensaciones de seguridad y paz. Y todo eso ahora mismo.

 

Los cientos de personas que formaban parte del público en Boston, sólo por ser testigos, por observar y

 

compartir, también experimentaron una apertura de sus conciencias. En toda la sala había un ambiente de

 

alegría, de paz, de seguridad, como si un hálito de verdad superior nos estuviera llenando con el mensaje de

 

que somos inmortales y siempre amados. Somos el amor. El amor es la energía que llena todos los átomos de

 

nuestro ser y no hay nada que temer.

 

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EL AMOR Y LA COMPASIÓN EL AMOR Y LA COMPASIÓN

 

 El amor es la respuesta a todo. El amor no es una abstracción, sino una energía de verdad, o un espectro

 

de energías, que puede «crear» y mantener en su ser. Sólo con expresarlo. Empiece a entrar en contacto

 

con Dios en su interior. Sienta el amor. Exprese su amor.

 

El amor disuelve el miedo. Cuando se siente amor no puede temerse nada. Como todo es energía, y el amor abarca todas las energías, todo es amor.

 

La mayoría de nosotros no vivimos la vida como si fuéramos conscientes de nuestra naturaleza espiritual.

 

Nos comportamos como si fuéramos simples objetos físicos, sin almas y sin espíritu. Si no fuera así, jamás

 

haríamos las locuras que seguimos haciendo. Más del 90% de nosotros cree que Dios existe, que el cielo es

 

real y que al morir nos vamos a otro lugar, pero nu estra conducta contradice esas creencias. Nos tratamos

 

mutuamente con grosería y violencia. Seguimos cometiendo actos genocidas e incesantemente

 

Posted by elgranmayaa in 14:44:47 | Permalink | Comments Off